Cartas de lectores

¿Abandono de persona?

Señora intendenta: desde hace aproximadamente una semana en el cantero central de bulevar Seguí entre San Martín y Sarmiento se encuentra un joven indigente en condiciones inhumanas.

Viernes 11 de Octubre de 2019

Señora intendenta: desde hace aproximadamente una semana en el cantero central de bulevar Seguí entre San Martín y Sarmiento se encuentra un joven indigente en condiciones inhumanas. Con poca o nula movilidad, a la intemperie, hambriento y sucio, soportando las condiciones de hasta una cruda primavera y empapado por las recientes lluvias. Sobrevive gracias a la solidaridad de los vecinos que le acercaron un colchón, agua y comida. Ante los llamados telefónicos de los vecinos acudieron rápidamente y en un par de ocasiones tanto el Comando Radioeléctrico como la GUM y también el Sies, pero las respuestas fueron siempre las mismas: "Si la persona no quiere trasladarse no se lo puede llevar a la fuerza". Creemos sinceramente que en la situación que está esta persona a la que se deben agregar también deficiencias psiquiátricas, no está en condiciones de decidir su destino. Alegan quienes acudieron a nuestros llamados que fue remitido en alguna oportunidad al Agudo Avila, pero que se escapa y rechaza ser ubicado en algún refugio municipal. Desconozco qué indican los protocolos para estos casos, pero desde el aspecto humanitario y el sentido común algo hay que hacer. Porque más allá de las normas, la situación orilla el abandono de persona por parte del Estado, tanto municipal como provincial. Esperamos que las autoridades actúen prontamente, en particular en estos momentos de catástrofe y emergencia social donde este caso seguramente se suma a tantos otros. Muchas gracias.

DNI 5.395.025

Más insensatez en este país

La primera "medida" de Alberto Fernández no sólo es decepcionante, insensata y absurda. Cabría esperar del ganador de las Paso proyectos enérgicos, brillantes, que permitan subsanar la grave crisis que las décadas de irresponsabilidad de quienes han detentado el poder han provocado. Pero no. Ni un proyecto para incorporar a los millones que perciben planes y constituyen una onerosa carga para la economía del país, no un esfuerzo por mejorar la eficiencia del Estado o las empresas privadas, y menos aún un proyecto que logre, por una vez en nuestra historia, que los tres poderes del Estado cesen en su despilfarro de sueldos altísimos y gastos reservados y secretos de los que disponen arbitrariamente sin rendir cuentas a la ciudadanía. No. La brillante idea de Alberto Fernández es irse a pasear por todo el país con los recursos del Estado, con sus ministros, y lo que inevitablemente será una nutrida comitiva (asesores, secretarios, edecanes, personal de servicio y quién sabe cuántos más), con la ridícula excusa de que de ese modo estará en contacto con la realidad de las provincias. Si quiere ver la realidad, le basta con recorrer unos pocos kilómetros (para mejorar su percepción le recomiendo que use el transporte público en horas pico) a alguno de los muchos asentamientos que quienes han regido nuestros destinos han hecho florecer en los alrededores de Buenos Aires. Con eso y unas estadísticas (no distorsionadas, como las del gobierno que formó parte) podrá saber qué hacer con los recursos que pretende dilapidar en gestos vanos. Si esto es lo que podemos esperar de ganar usted las próximas elecciones, los resultados de su gestión serán incluso peores de lo que ya anticipaba, que ya era extremadamente malo.

Juan Pablo Zucco

La República añorada

Nunca se termina de consolidar. Cuando parece que el castigo a varios entuertos que parecen vitalicios, que siempre han atentado desprestigiando a la honestidad, por fin parecen tenerse en cuenta, se produce una nueva elección de autoridades. Muchas veces sin valor alguno, que pasan a ser una simple encuesta de opinión (las Paso). Y como votan todos, a saber: lúcidos, mediocres y analfabetos crónicos, entonces pasa lo de siempre, todo se cae como un castillo de naipes y, lógicamente, se vuelve a foja cero. Parece ser que existe algo así como una maldición, o un destino inexorable el de nuestra República Argentina. Generaciones y generaciones de compatriotas que cada vez se encuentran más empobrecidos, y aquella nación pujante del primer centenario se ha convertido en esto que apreciamos cada día, convertido en un conventillo de idiotas que han pervertido su cultura de otrora, sus recursos naturales, los más importantes del planeta, y su afinidad por asociarse con lo peor de la raza humana. Ojalá esta vez Dios nos vuelva a salvar, pero creo que ya es muy tarde para creer que la fe mueve montañas.

Felipe Demauro

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