A imagen y semejanza
La destacada. Mi imaginación me hace ver al dios de los judíos sentado sobre Palestina, aspirando con deleite el humo de la carne quemada, arrullado en su descanso por gritos de agonía y dolor.

Lunes 04 de Agosto de 2014

Mi imaginación me hace ver al dios de los judíos sentado sobre Palestina, aspirando con deleite el humo de la carne quemada, arrullado en su descanso por gritos de agonía y dolor, excitado con el holocausto y llegando a múltiples orgasmos con la vibración de las explosiones. Este dios, secuestrado por una nación para creer pero no para razonar, muestra cómo se engendra la callada sumisión que disimulará el rencor. Mientras tanto, se prepara la venganza que es engranaje de la violencia, pero no construirá justicia. El opresor, víctima de ayer es hoy el aprovechador. Recuerdo la nefasta sentencia de un déspota: "Tenemos una solución total para los judíos: el exterminio". ¿Qué pasó después? ¿Qué aprendimos? Para conocer la naturaleza de Dios, primero hay que conocer al hombre, ya que fue hecho a su imagen y semejanza. Albert Einstein, en el año 1950, dejó esta reflexión referida a Dios en su libro Fuera de mis últimos años (Out of My Later Years): "Si ese ser es omnipotente, entonces cada ocurrencia, incluyendo cada acción humana, cada pensamiento humano y cada sentimiento y aspiración humana también es su obra; por lo tanto: ¿cómo es posible pensar en hacer responsable al hombre por sus actos y pensamientos ante tal ser todopoderoso? Al dar castigo y recompensas, hasta cierto punto estaría juzgándose a sí mismo. ¿Cómo puede combinarse esto con la bondad y justicia que le adjudicaron?". Es preocupante que palestinos e israelíes se justifiquen a través de la violencia. ¿Quién miente? ¿De quién son rehenes? En el disco rígido de nuestra conciencia hay daños heredados que aún no hemos reparado, y mientras andamos sonrientes e irresponsables, arrastramos torpezas como otras tantas cuentas no arregladas. Es posible que ignoremos el mecanismo de la violencia y al igual que un tronco húmedo, antes de arder, ha de ser liberado de la humedad por el fuego. Todo el mal enterrado en nuestra conciencia deberá ser sacado a la luz antes de que entremos a la verdad. Mientras el dios holocausto esté sediento de sangre, la violencia no cesará. El gran enemigo de la humanidad es el miedo. El miedo es un engaño y nuestra especie porta un ADN primitivo que no logra controlarlo.