Domingo 23 de Diciembre de 2012
A la señora intendenta de Funes, Jardín de la provincia: soy vecino de Funes desde hace 17 años.Elegí este lugar, como tanta gente, enamorado del paisaje, del aire y del silencio. Mi casa esta ubicada en el llamado Country Profesional, lindero al canal Salvat. Desde hace 10 años venimos reclamando a los distintos gobiernos municipales y provinciales la realización de las obras imprescindibles para el saneamiento de la cuenca hídrica.
Somos los eternos olvidados.Aparecemos en escena cuando nuestras casas se inundan. Casi un metro de agua que ingresa sin aviso y destruye todo nos transforma en protagonistas involuntarios y víctimas de la impericia y el desdén de los que gobiernan. Es por eso que quiero hacer algunos aportes.No hace falta ser ingeniero en hidráulica para saber que el agua busca su cauce de salida hacia los bajos. De otro modo estaríamos en la casa de Casper de Córdoba, donde el agua de la canilla sube. En su oportunidad elevamos al señor intendente Rimini un estudio sobre los planos de la región donde quedaba demostrado que parte de la extensión del canal Salvat fue loteada y las posteriores construcciones taparon el escurrimiento natural. Fue un pequeño aporte para advertir el desastre general que se gestaba, pero el dirigente, timorato e irresoluto, no escuchó.
Hay muchos otros motivos para que se produzcan las inundaciones que azotan a Funes y todos tienen un denominador comun: la incapacidad de las gestiones gubernamentales.Tanto usted señora Mónica Tomei, como el ex intendente Juvenal Rimini y los gobernadores Hermes Binner y Antonio Bonfatti son médicos. Seguramente llenos de buenas intenciones, pero sin las capacidades ni los conocimientos necesarios para ejercer estos cargos. Un somero análisis de los resultados conseguidos demuestran que no fueron preparados para otra cosa que para el sacrosanto ejercicio de la medicina. En reiteradas oportunidades solicité ser recibido por usted para proponerle distintas soluciones para el problema.Jamás fui atendido. Nunca me respondieron. Hay un problema que tiene solución: las inundaciones. Hay otros que no la tienen: la soberbia y la ignorancia.Seguramente la justicia civil y penal nos reunirá. Los vecinos del Country Profesional agotamos la paciencia.
¿Qué proyecto de país?
Cuando veo y escucho que los delitos son cada vez más en mi país pienso en el futuro de varias generaciones sumidas en el temor de ser víctimas de los cuantiosos delincuentes que deambulan por todos lados. ¿Qué país estamos forjando? ¿De qué porvenir hablamos? ¿Cuál es el modelo de país que quieren aquellos que se ponen de espaldas al pueblo? El sistema está armado a sabiendas del daño que ocasionan a los habitantes. No hay dudas, la receta es menos educación, más ignorancia, menos gente reflexiva, más marginalidad. Asistimos cotidianamente a escenas de violencia, asaltos, arrebatos, de muertes a manos de malvivientes que están bajo los efectos de las drogas ilegales y que gozan de impunidad tras cometer episodios lamentables a cualquier hora del día. Así es muy difícil empezar, al menos, a disminuir el accionar de bandas organizadas o sujetos que circulan muchas veces en motos de alta cilindrada para luego darse velozmente a la fuga sin que exista personal policial a la vista. Por eso, ¿de qué sirve el crecimiento de la economía en medio de tantas dificultades sociales que no encuentran soluciones urgentes? ¿ Hay algo más preciado en el mundo que la vida? Parece que no interesa tanto proteger a quienes tenemos miedo de ser el blanco perfecto de la delincuencia en la Argentina. Frente a esta realidad, ¿cuál es el proyecto de país ? A ver, que alguien lo explique, por favor. No veo un país próspero, ni siquiera a mediano plazo.
Diciembre y la Nochebuena
Ahí anda el sol de diciembre navegando en los trigales, y con antiguas antorchas madura las navidades. Y así es, la Navidad va madurando y en pocos días más estará en sazón. Sí, estamos en diciembre: el que nos trae un clima de trilla, de tarjetas de felicidades, de encuentros y nostalgias. El que le pone a la vida rutinaria un matiz diferente; el que nos lleva por un camino de treinta y unas ansiedades, al portal de la Navidad. Así es diciembre: calor, luz y trigal, primavera y verano, Navidad y fin de año; final y despedida. Diciembre, en la escalera final del año va acercándonos, a través de sus 24 escalones, hasta el piso superior de los buenos sentimientos. Esos que inspira la milenaria celebración navideña y que debieran estar presentes siempre. Sin embargo, esta elemental condición existencial que resurge todos los 25 de diciembre, salvo felices excepciones, sólo queda en una hermosa manifestación temporal que va extinguiéndose como la sidra y el pan dulce de la tradicional festividad. Qué bueno sería si la benéfica influencia de la Navidad se prolongara eternamente, y fuera la brújula mágica para guiar la conducta de la gente. ¡Qué lindo si la brillante luz que nombran los villancicos, nos alumbrara el alma no sólo en los especiales días que rondan a los 24 y 25 de diciembre! Es verdad que algunos construyen una permanente noche buena en sus vidas; y la mantienen con las herramientas de una diáfana gracia navideña; pero esos "algunos", no alcanzan. Dice la canción de Sergio Villar que una estrella se ha perdido para Navidad, y que se debe haber refugiado en la Capilla de la Quebrada. Esperemos que todos encontremos nuestra estrella más brillante e inspiradora, alumbrando en la capilla del corazón.
Derrumbe neoliberal
El 20 de diciembre de 2001 no sólo cayó el gobierno de Fernando de la Rúa sino también el modelo neoliberal impuesto sin anestesia por Carlos Menem en 1989. La "economía popular de mercado" creó la ilusión de que el peso argentino valía lo mismo que el dólar norteamericano, de que la inflación había dejado de existir; de que, en definitiva, la Argentina había ingresado al primer mundo. Todo fue un espejismo. El modelo neoliberal duró mientras el primer mundo le prestó a Carlos Menem miles de millones de dólares, cuyo destino final jamás lo conoceremos. Durante la década y media menemista vivimos de prestado, lo que explica el incremento geométrico de la deuda externa. Cuando Menem le entregó el poder a Fernando de la Rúa el país estaba devastado económica, social y moralmente. Estábamos en recesión y millones de argentinos habían quedado sin empleo. La pobreza era tremenda al igual que el nivel de corrupción. De la Rúa empeoró la situación. Pero mientras Menem gozó de la confianza externa, De la Rúa jamás logró convencer al FMI y al BM de que era un presidente "sustentable". Cuando en marzo de 2001 incorporó al gabinete a Cavallo, el derrumbe del neoliberalismo se hizo inevitable. Acosado por la crisis interna y la desconfianza del poder financiero transnacional, De la Rúa impuso, por recomendación de Cavallo, un corralito que significó en la práctica la confiscación del dinero que los pequeños ahorristas tenían depositado en los bancos. La reacción popular estalló en la noche del 19 de diciembre y se prolongó durante todo el día siguiente. Hubo corridas, carros hidrantes, fuego, represión y, lamentablemente, muertes absurdas. Cuando De la Rúa se trepó al helicóptero se llevó con él su gobierno y el modelo neoliberal menemista. Después vino Duhalde, quien se limitó a firmar su certificado de defunción. Parece mentira que hoy, a once años de aquella tragedia, todavía haya dirigentes políticos, empresarios, intelectuales y periodistas que sigan reivindicando el neoliberalismo, que añoren aquellos años donde la Argentina se había transformado en un gigantesco mercado persa donde todo se vendía y se compraba, donde daba lo mismo ser decente que traidor.
Navidad es tiempo de perdón
El gobierno y sus seguidores, se sienten iluminados, y creen que si no pensamos como ellos, estamos condenados a la ignorancia. Tal como la Iglesia, en la edad media, el oficialismo y sus oficiales, llevan adelante una caza de brujas, y nos obligan, a reconocernos pecadores, por pensar distinto. A diferencia de aquel sistema inquisitivo, donde la persecución a los herejes, buscaba la consolidación del poder, hoy los K solo buscan venganza. Venganza, contra aquellos que producen, contra quienes rechazan la ayuda ajena, contra quienes creen en el trabajo, como motor del éxito, contra quienes prefieren equivocarse librem ente, contra quienes, no creen en la suerte, o simplemente, contra quienes, les provocamos envidia. Algún día, esta etapa terminará, y como el perdón, es opuesto a la venganza, ahí estaremos nosotros perdonando.
La plata lo puede todo
Los mayores sabemos que nuestro futuro será corto comparado con lo ya vivido. Mas aún, ese futuro exaltará la pérdida de sueños juveniles, el desinterés que estamos sintiendo hacia conceptos rectores de nuestras vidas, la renuncia a los principios que siempre nos motivaran. No nos convencerán con los spots televisivos donde aparece un grupo de mayores bailando, practicando gimnasia, realizando un viaje. Son pura charamusca. No nos convencerán porque nuestra única realidad consiste en calcular cuántos días faltan para cobrar esa jubilación que inevitablemente será inferior en valor real a la del mes pasado. No queremos ser una carga insoportable para nuestros descendientes ni parientes. No hemos sido esclavos del trabajo para merecer este final. No tenemos fuerzas para oponernos a los manejos de quienes mandan. No tenemos ganas de juntarnos porque ya conocemos el final de estas juntas: cuando arrojen un par de pesos como premio consuelo por única vez se desintegra la unión entre mayores. Ahora es justamente cuando nos damos cuenta que la plata lo puede todo. Es poquita plata pero significaría para nosotros una digna atención médica nos permitiría vestir con ropa propia, deleitaríamos nuestro paladar ávido de una buena comida. No necesitamos viajes, espectáculos, ni cosa que se le parezca. La única ambición que mantenemos es que nuestra descendencia viva sana, feliz y que durante su vida de trabajo puedan contar con lo necesario para no tener que pasar lo que nosotros estamos pasando. Vaya el contenido de esta nota a todos los irresponsables responsables de estas situaciones: desvío de nuestros fondos hacia actividades desconocidas y no redituables, robo del tres por ciento en el último aumento, trabas al avance de los juicios contra el Estado y la Ansés; negar bajo ridículas excusas el incremento móvil que nos corresponde por ley. Ya habrá alguien que se acuerde de todos ellos.