Lunes 28 de Julio de 2008
El golpe de estado encabezado por el general Juan Carlos Onganía, secundado por dirigentes empresariales, la jerarquía eclesial y dirigentes sindicales de la CGT tuvo carácter fundacional. Su efecto residual es detectable en múltiples aspecto de la vida económica, social, cultural y económica del país. La llamada "Noche de los bastones largos", es decir la brutal intervención estatal en las universidades públicas, marca un hito nefasto. A las proscripciones ya existentes desde una década atrás se sumó la persecución a profesores, estudiantes e investigadores. Las universidades nacionales iniciaron una etapa de decadencia que nunca cesó. Vaya como ejemplo de lo dicho las exiguas partidas que el gobierno destina a la educación superior. Es también llamativo el hecho que aún transcurridos veinticinco años de la normalización institucional, la mayor parte de la planta docente no esté concursada y persistan las designaciones ad honorem, lo cual es una muestra palmaria de las políticas aplicadas. Sumado a todo esto existen múltiples mecanismos de privatización de los posgrados lo que restringe notablemente el acceso a la formación de los trabajadores de la educación superior. Onganía ya no está, sus cruzados cursillistas hicieron su labor destructora. El 29 de julio de 1966 no debe ser olvidado, nuestros jóvenes alumnos deben conocer la genealogía del actual estado de cosas en las aulas universitarias. De aquellos vientos estas tempestades. Nuestro desafío será persistir en la brega, construyendo conocimientos en instituciones laicas y gratuitas.
Carlos A. Solero