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Trigo: la siembra arranca con poco ánimo y área reducida

 Precios bajos, suba de costos y dudas sobre la comercialización desalientan al productor en este ciclo. Estiman que caerá entre 7 y 25% la superficie, según las zonas.

Domingo 10 de Mayo de 2015

El trigo arranca la campaña 2015/16 a los tropiezos. A poco de comenzar el implante del cereal de invierno ya se da por descontada una caída de la intención de siembra, con una reducción del área que va desde el 7% al 25% según las zonas. La incertidumbre sobre las condiciones de comercialización, el aumento de los costos de insumos y las altas tasas de financiación para adquirirlos, se conjugan con un escenario de precios deprimidos que agudizan la tendencia y colocan al cultivo a la cola de las opciones del planteo agropecuario, con el impacto que esto representa para la sustentabilidad y la sanidad de los lotes.
 
“En la región núcleo hay zonas donde expresan que no habría cambios en la siembra respecto del año pasado y localidades donde reducirían la cobertura en un 50%”, reveló un informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) para el área que releva. Esta zona es la región núcleo sojera. El núcleo triguero es el sudeste bonaerense.
 
Los técnicos del GEA explicaron que la necesidad de bajar el nivel de las napas en las zonas afectadas por excesos hídricos en Córdoba lidera la intención de siembra de trigo, mientras que “donde los números ajustan con mayor crudeza advierten que la proyección de resultados económicos son los peores de los últimos diez años”.
 
El Panorma Agrícola Semanal (PAS) de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, indica que “un marco de incertidumbre es el factor común que caracteriza al relevamiento realizado en toda el área agrícola nacional” y anticipa una “reducción del área destinada al trigo de la nueva campaña”, que estimaron en unas 300 mil hectáreas respecto delciclo 2014/15, lo que mostraría una retracción del 7%.
 
Los factores, básicamente económicos y financieros, que desalientan la siembra de trigo en la Argentina no son nuevos pero se profundizaron en las últimas campañas. Con algunos vaivenes, la producción final siguió, en líneas generales, el mismo ritmo que el implante. Esto demuestra que más allá del ajuste en los costos el productor incorporó tecnología y pudo mantener los niveles de productividad. Sin embargo, la retracción del trigo en el planteo agrícola atenta esencialmente contra la sustentabilidad del sistema agrícola general, ya que se trata de un cultivo clave en los esquemas de rotación. “Y demostró además ser una herramienta efectiva para el control de malezas”, indicó el PAS.
 
Cuánto invertir. En esta campaña que se avecina, el productor agropecuario deberá invertir 1.460 millones de dólares en el país para hacer trigo si se mantiene la misma superficie sembrada que en el ciclo anterior, según un cálculo que realizaron los economistas Julio Calzada y Sofía Corina del Departamento de Estudios Económicos de la BCR. Los especialistas también hicieron el cálculo en base a otro escenario: si el área se reduce un 10%, la inversión para sembrar trigo requeriría 1.304 millones de dólares y, con una caída del 15% en el área nacional implantada, la inversión de el trigo demandaría 1.232 millones de dólares.
 
Con esos números, las posibilidades se reducen, fundamentalmente, porque los rindes de indiferencia “son lo suficientemente elevados como para desmotivar la siembra”, indicó el PAS. al respecto, el GEA precisó que en la zona relevada los rendimientos de indiferencia para el trigo están entre los 35 y los 40 quintales por hectárea (qq/ha) para campo propio con planteos tecnológicos medios.
 
También atentan contra la siembra la negociación de alquileres , que aún se mantiene en un contexto de incertidumbre, así como las dificultades ligadas al financiamiento para poder encarar los proceso de la siembra.
 
El aporte del cereal. Sin embargo, en la balanza también resulta clave sopesar las ventajas de la incorporación del cultivo en la rotación agrícola que en definitiva, termina redundando en un mejor resultado final en el largo plazo. Tanto el PAS como el GEA reconocen que el cultivo resulta un buen aporte para las regiones que sufrieron excesos hídricos o presentan napas próximas a las superficie, ya que puede ayudar a controlar el nivel freático y transformar esto en aporte de materia orgánica al suelo. Así al menos lo entienden los productores en la zona de los departamentos Marcos Juárez y Unión en Córdoba. También por su aporte al control invernal de malezas.
 
Por otra parte, “en algunas regiones del área agrícola, la disponibilidad de semilla propia y de buena calidad para la siembra, disminuye los costos de implantación”, agregaron los especialistas a la hora de destacar las ventajas de sembrar trigo.
 
Durante el congreso A Todo Trigo, organizado por la Federación de Acopiadores, el especialista de Aacrea y de la Facultad de de la Universidad de Buenos Aires (Fauba), Emilio Satorre, propuso a los productores analizar el papel del trigo en tanto integrante de sistemas pensados a lo largo del tiempo. El razonamiento se relaciona con las decisiones de sembrar o no un cultivo. Desde 1997 hasta ahora el escenario de la distribución de área del trigo cayó notoriamente. “La superficie en las cuatro provincias más trigueras se redujo unas 280 mil hectáreas promedio por año; y en los últimos 15 años perdimos casi 3 millones de hectáreas”, recordó Satorre quien puntualizó que la mayor retracción se registró en la provincia de Buenos Aires.
 
“Unas 5,4 millones de hectáreas han sido el promedio de la producción de triguera, aunque en los últimos años sigue manteniéndose por debajo del promedio histórico”, recordó Satorre, para quien la superficie siguió cayendo pese a la dupla trigo-soja.
 
La pérdida de diversidad de los procesos exponen a las empresas a condiciones susceptibles. “Esto inicia procesos de deterioro, pérdida de la diversidad de los cultivos y recientemente el enmalezamiento. Desde el punto de vista ecológico el trigo genera cobertura y construye la salud física y química de nuestros suelos. Paralelamente, mejora la materia orgánica y tiene un efecto directo sobre la diversidad de la empresa”, completó.
 
Tecnología. Justamente sobre este aspecto advirtieron los técnicos de la empresa Yara. “Sin incrementos importantes en la inversión, la definición de un plan adecuado de fertilización que contemple los cuatro requisitos básicos (fuente, momento, dosis y forma de aplicación), es una de las prácticas con mayor impacto en el rendimiento y calidad del cultivo de trigo”, indicaron sus técnicos y precisaron que “las decisiones dependerán de la localidad, historia agrícola del lote y rendimiento objetivo”.
 
En ese punto señalaron que la fertilización balanceada en trigo es clave. “El nitrógeno y el fósforo son los principales nutrientes que el productor considerará en su esquema de fertilización. Sin embargo, la incorporación de zinc y azufre en el planteo productivo, es una de las estrategias a considerar para incrementar el rendimiento, sin afectar necesariamente la inversión”, puntualizaron.
 
También indicaron que las deficiencias en zinc comenzaron a observarse desde hace algunos años en la región Pampeana. “Condiciones ambientales como bajas temperaturas, bajos niveles de materia orgánica, altos niveles de fósforo o calcio y/o suelos compactados afectan la disponibilidad de este nutriente”, indicaron desde Yara y precisaron que una de las formas de aplicación de zinc en el cultivo es a través del tratamiento de semillas con fertilizantes altamente concentrados. “Además, la compatibilidad con un amplio espectro de fungicidas e insecticidas permite una aplicación fácil y rápida”, para el cual la compañía tiene un variado portfolio de productos como YaraVita Teprosyn Zn, formulado específicamente para el tratamiento de semillas.
 
“Menos trigo es menos cobertura, menos materia orgánica, peores estados nutricionales de los cultivos, más resistencias y más costos”, dijo el asesor de Aacrea, Jorge González Montaner, en A Todo Trigo 2015, al analizar los escenarios técnicos y económicos de la próxima campaña de trigo junto al asesor privado Gustavo Duarte. Ambos recomendaron analizar el sistema.
 
“El balance del trigo en la zona del Oeste arenoso no se debe analizar sólo desde lo económico”, reconoció Duarte. “Si analizamos la zona del primer cordón más cercano a puerto vemos un cultivo al que le cierran los números. Ya en el segundo cordón, a más de 150 kilómetros del puerto, podemos pelear el resultado si es campo propio, pero luego aparece un tercer cordón en las zonas como la pampa arenosa donde es totalmente inviable por una cuestión de costos”, puntualizó.
 
De hecho, el grado de representatividad que el cultivo tiene en la pampa arenosa es muy bajo, alcanzando sólo 10% entre trigo y cebada.
 
Sin embargo, esto está lejos de significar que no haya que incluir al trigo en las rotaciones. Para Duarte, la búsqueda es hacer del cultivo una oportunidad.
 
“La calidad es el nicho que aún no ha sido evaluado ni profundizado por los productores. De un estudio de 138 empresas agrícolas de la zona, los datos revelan que sólo el 3% hizo calidad y ninguno se volcó a la industrialización; y este es un tema muy importante porque en situación de mercados contraídos la calidad puede ser un excelente opción para capturar valor”, dijo.
 
En cuanto a la visión agronómica, “desde la sostenibilidad es un aliado que no hay que olvidar, salvo que encontremos otra forma de meter carbono en el sistema”, indicó y detalló todos los factores que intervienen en la generación de rendimiento como elección de los cultivares, disponibilidad de agua, nutrición del cultivo y sanidad. “En la pampa arenosa el agua disponible explica entre el 40% y el 60% de los rendimientos”, dijo.
 

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