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Terápicos para "evitar sembrar enfermedades"

Más allá de la elección de un cultivar ajustado a cada ambiente productivo, los especialistas recomiendan usar terápicos de calidad para no "sembrar enfermedades" en la próxima campaña fina.

Sábado 12 de Mayo de 2018

Más allá de la elección de un cultivar ajustado a cada ambiente productivo, los especialistas recomiendan usar terápicos de calidad para no "sembrar enfermedades" en la próxima campaña fina.

Las lluvias de fines de abril con fuerte impacto en zona núcleo, la región que más sufrió la sequía pasada, reavivan la intención de siembra de los cultivos de fina. Las precipitaciones ayudan a prever una recarga importante del perfil de suelo, y dado que es de esperar que el productor quede algo desfinanciado por la magra cosecha gruesa, los analistas proyectan que en 2018 irá por la revancha con los cultivos de fina.

Otro punto a favor es que, gracias a las políticas oficiales de los dos últimos años, el cultivo de trigo está mucho más tentador. Sin retenciones, se ha convertido en una opción más que interesante. Y si eso fuera poco, las cotizaciones internacionales altas y firmes —superando los u$s200 por tonelada—, son un factor que inclina la balanza al momento de implantar.

El cambio se viene dando desde los últimos dos años. A fines del gobierno anterior se implantaban aproximadamente 2 millones de hectáreas de trigo, al tiempo que en 2017 se superaron los 5,5 millones de hectáreas. Y si se cumplen los pronósticos de agua, la superficie incluso mejoraría a 5,9 millones de hectáreas según las últimas proyecciones.

Por otra parte, habrá posibilidades de financiamiento de empresas y bancos. Finalmente, el agricultor tiene la cabeza programada en producir, lo que permite anticipar que tanto arrendatario como dueño, si tiene 150 o 200 milímetros en el perfil de suelo, no se va a quedar con las ganas de hacer trigo.

Ahora bien, con la decisión de siembra tomada, el primer paso que ya no se discute para tener una buena implantación del cultivo es contar con semilla de calidad y que esté tratada.

"En el caso de cultivos como el trigo y la cebada que son más sensibles, llevan enfermedades desde la semilla. Esto obliga a incluir entre los costos un buen programa de sanidad con terápicos de semilla y sanidad foliar, ya para cuando el cultivo está implantado", explicó el ingeniero agrónomo Emiliano Meroi, gerente de fungicidas y tratamiento de semillas de FMC.

Para el especialista, "enfermedades como las royas pueden ocasionar una pérdida del 50 por ciento del rendimiento o más en el cereal, y hay que prestarles mucha atención porque no sólo dependen de ellas sino de la variedad del cultivar, así como también predispone el ambiente para que se desarrolle la enfermedad", acotó el especialista de FMC. Meroi recalcó que "dado que muchas de las enfermedades del trigo se propagan por la semilla — entre ellas fusarium, las manchas y los carbones (volador y hediondo); al igual que la mancha en red de la cebada, se aconseja realizar un análisis de patógenos en semilla, o bien recurrir a un muy buen terápico para controlar los escapes de enfermedades".

Empezar con el pie derecho implica lograr la cantidad de plantas deseada por hectárea y libre de enfermedades como manchas, septoriosis o carbones. "Si se siembran lotes de semilla con alta incidencia de enfermedades, se siembran enfermedades", alertó Meroi, y remarcó que FMC ofrece productos de alta efectividad para combatir esos flagelos.

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