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Microbiología: una historia de pioneros nacionales en la frontera de la ciencia

La compañía de Pergamino apostó al negocio de la ciencia. Aquí, un extracto del libro que publicó para conmemorar su aniversario.

Miércoles 19 de Noviembre de 2014

Desde el siglo XX, la Argentina se convirtió en uno de los más importantes proveedores de alimentos para el planeta. Antaño, fue el granero del mundo. Pero supo reconvertirse. Hoy, la región donde se desarrolló la siembra directa intensamente produce también la tecnología para el cambio: semillas excepcionales que encierran genética, investigación y ciencia.

El desarrollo de un cultivo como la soja evidencia el nivel de adopción de tecnología y de excelencia de los productores de nuestro país. Porque gracias a esa vena de empresarios que ha demostrado poseer la gente del campo argentino durante los últimos 30 años, fue posible el vertiginoso crecimiento de este cultivo, convertido en la niña bonita de la economía local. La soja brotó con potencia a partir del año 1996, luego de la aprobación de las variedades transgénicas, permitiendo que en poco más de una década la superficie sembrada de la oleaginosa creciera un 122 por ciento, y su producción un 152 por ciento.

El fuerte dinamismo se explica por la simplicidad que ofreció a los productores el nuevo paquete tecnólogico “soja RR + Glifosato + Siembra directa”. A partir de ese hito productivo, la soja ha tenido una creciente participación en el total del área sembrada del país, cubriendo actualmente el 50 por ciento de lo que se implanta.

Otro dato llamativo: el 90 por ciento de esa soja se inocula. Sabemos que la soja es nitrógeno dependiente y también que la Fijación Biológica del Nitrógeno (FBN) que se logra con la inoculación implica un considerable ahorro de dinero y una enorme preservación del ambiente, pues se reduce notoriamente la necesidad de aplicación de nitrógeno químico.

En la actualidad, a ningún productor se le ocurre cuestionarse la siembra de semilla sin inocular, o sea utilizar la FBN mediante el uso de inoculantes. Esta es una de las particularidades de la soja vernácula, que se inocula casi desde su adopción masiva, al tiempo que en otros países donde la oleaginosa también es dominante la inoculación comienza a tornarse igualmente indispensable.

En Brasil, por caso, ya se aplica esta práctica en la mitad de la soja que se siembra. Porque los ojos de los consumidores de los países desarrollados están posados en cuidar el planeta, comer sano y asegurar comida para un mundo en crecimiento.

En este contexto surge y se hace fuerte Rizobacter, una compañía alineada con los grandes temas de debate del futuro, que apuesta a proveer soluciones integrales para los agricultores a través de la microbiología, con la convicción de que la agricultura seguirá aportando aportando mucho más, a este país y al mundo.

Durante 2014, la Argentina obtendrá una cosecha récord de casi 55 millones de toneladas, lo que significa divisas para la economía nacional entre 23.000 y 25.000 millones de dólares.
La Argentina, que produce alimentos para 400 millones de personas, tendrá un papel central en el contexto regional y global. Y mucho del crecimiento se podrá dar si se hace aún más eficiente el uso de la tecnología, además de efectuar mejoras en la biotecnología aplicada a las semillas.

Eso, claro está, traspasa el universo sojero: hay que prepararse también para producir el mejor trigo, el mejor maíz, los mejores cultivos del mundo. En todo este proyecto bucea Rizobacter, que desde Pergamino ya juega de local en los grandes mercados del mundo.

La historia. Fue el 20 de noviembre de 1977 el día que el ingeniero agrónomo Miguel Harnan, con una visión que anticipaba el futuro, comenzó a producir inoculantes para leguminosas forrajeras -lotus, alfalfa y trébol- en una vieja casona alquilada de la esquina de Pueyrredón y Alberdi de la ciudad de Pergamino.

Seis años más tarde, logró convencer a otros tres emprendedores, vecinos de Pergamino, para que lo acompañaran en la aventura. El también ingeniero agrónomo Ricardo Yapur, el contador Jorge Mac Mullen y Enrique Ripoll, junto a Harnan, fundaron la sociedad anónima Rizobacter Argentina el 23 de agosto de 1983. El 7 de diciembre de ese mismo año, los titulares firmaron la escritura donde se construiría la planta y las oficinas, en el Parque Industrial de Pergamino. En ese predio se levanta la sede de Rizobacter, cuatro edificaciones que suman 40.000 metros todo es futuro cuadrados y albergan a más de 350 empleados.

La biofábrica de Rizobacter cerró el ejercicio económico 2013/14 con una facturación de 88,6 millones de dólares, 11,1 millones de dólares más que el año anterior. Al ritmo que continúa su desarrollo, se estima que en los próximos dos ejercicios cerrará muy cerca de los 150 millones de dólares de facturación. En la actualidad, la empresa llega a toda Sudamérica, Estados Unidos, China, Alemania, Inglaterra, Italia y Francia y a mercados menos tradicionales, como el continente africano.

Rizobacter desembarcó en Brasil hace quince años, y desde entonces no para de crecer en esa región, impulsado por el sorprendente desarrollo de la soja. El 30 por ciento del mercado de inoculantes del vecino país es abastecido por la firma de Pergamino.

Un mundo por descubrir en el suelo. La microbiología es la encargada del estudio de los microorganismos, seres vivos pequeños no visibles al ojo humano y que sólo pueden ser apreciados mediante el microscopio. Dicha disciplina busca identificar a esos organismos y analizar cómo se comportan. El mundo de los microorganismos que viven en el suelo es todavía un gran misterio; apenas conocemos una fracción minúscula de ellos, de sus cualidades y propiedades. En un solo gramo de tierra, podemos encontrar millones de microorganismos beneficiosos para los cultivos.

De las 20 millones de hectáreas de soja que fueron sembradas en 2014, más del 90 por ciento fue inoculada. La cifra demuestra la importancia que cobró la actividad de la microbiología. Ricardo Yapur, CEO de Rizobacter, explicó: “Trabajamos aceptando que no existe una microbiología básica y una microbiología aplicada, sino que existe ciencia y aplicaciones de la ciencia. En consecuencia, destinamos la mayor parte de nuestros recursos a la investigación y buscamos en los microorganismos del suelo la respuesta para desarrollar nuestros productos, porque creemos que en su modo de funcionamiento, que les ha permitido sobrevivir por más de 3 mil millones de años y bajo los más diversos ambientes, se encuentra la llave de las puertas hacia una nueva agricultura, más sustentable y con rendimientos superiores”.

En un gramo de suelo hay 80 veces más información de ADN que en un cuerpo humano. La microbiología está lejos de haber llegado a su potencial.

Las bacterias constituyen el grupo más numeroso y más importante de los microorganismos del suelo, pero se conoce sólo una milésima parte de ellos. Se estima que existen unas 30.000 especies de bacterias y 1.500.000 de hongos, aunque sólo se han descripto una pequeña parte de ellos. Con la creación de tecnologías microbiológicas se podrían generar productos que reemplacen a los formulados a partir de síntesis químicas.

►El rol de los biológicos. (Por Gustavo González Anta / Departamento de Investigación y Desarrollo)

Uno no sabe cómo va a ser el futuro. Pero conceptualmente Rizobacter ya es una empresa del futuro, porque a través de los microorganismos tenemos una aproximación completamente distinta para resolver problemas agronómicos.

Tenemos ventajas de impacto ambiental reducido, una eficiencia de control más amplia que los productos químicos, además de que los biológicos tienen múltiples estrategias de control al actuar en varios frentes.

Como si todo eso fuera poco, agregamos un tema no menor: el hecho de permitir evadir los problemas de resistencia que tanto preocupan con los productos químicos, puesto que es muy difícil que los patógenos adquieran resistencia a los benéficos.

En cuanto a nuestro trabajo en laboratorio para el mediano y largo plazo, estamos abocados a saber más acerca de “la comunicación entre los bichos y las plantas”, romance que se establece a nivel bioquímico-molecular, merced al reconocimiento de señales.

En la medida en que sepamos cómo funciona ese lenguaje, podremos ingresar “palabras” o “moléculas” que potencien esa comunicación bajo condiciones de estrés, como la falta de agua, de nutrientes, la salinidad o las temperaturas extremas.

Además queremos hacer crecer la frontera agrícola hacia zonas en donde estos problemas, a priori, se potencian. Así, gran parte de los desarrollos a futuro están destinados a mejorar la comunicación entre planta y microorganismo bajo condiciones de stress abiótico.

También pensamos en la modificación genética de organismos, de manera de trasladar secuencias de ADN de una bacteria a otra dadas sus características o adaptaciones.

La tercera ola de investigación en nuestro laboratorio es la de la metagenómica. A través de ella, buscamos eficientizar el uso del agua y de los nutrientes.

 

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