Sábado 19 de Agosto de 2017
Las presiones por producir conservando el ambiente y aumentando la productividad chocaron de frente con el esquema de negocio agrícola que muchos productores de la Argentina venían desplegando en los últimos años _basado en la intensificación, el incremento de los insumos y la escasa rotación_ y los obligaron a repensar una nueva forma de encararlo. La primera señal de alarma más visible fueron las malezas que no solo amenazan el rendimiento sino además carcomen la estructura de costos.
En ese camino, los especialistas instan a pensar la actividad agropecuaria como un "servicio ecosistémico" y usar a los conceptos ecológicos sin miedo y a favor de una producción sustentable.
" Los ecosistemas no sólo producen maíz, soja, carne, sino muchas cosas más", dijo el especialista de la Universidad de Buenos Aires y del Conicet, Gervasio Piñeiro, en el marco del congreso de Aapresid.
"Lo que ustedes producen _o no_ es generador de materia orgánica, gases de efecto invernadero, malezas resistentes, de modo que pueden productir muchas cosas más de lo que realmente terminan vendiendo", dijo a modo de arenga a los productores presentes.
Dentro del concepto de servicios ecosistémicos, Piñeiro señaló que se incluyen muchos aspectos como: nutrientes, formación de materia orgánica del suelo, polinizadores naturales. Todas esas cosas derivadas de la actividad agropecuaria no se comercializan "pero son servicios que los están afectando", dijo.
Entonces, "tenemos que cambiar esa forma de ver el sistema, donde lo que cosechamos son solo granos o carne a pensar de que en rigor estamos cosechando ecosistemas enteros", indicó.
El investigador destacó que a lo largo de la historia de las últimas décadas estas cuestiones produjeron distintos efectos. "Por ejemplo, la revolución verde produjo mucho rendimiento del cultivo pero también un deterioro del ecosistema y una disminución en la provisión de servicios ecosistemicos, un deterioro de la materia orgánica del suelo, la erosión, entre otros", señaló.
Piñeiro indicó que la forma para lograr revertir estos efectos es "tratar de generar ecosistemas que tengan todos esos servicios" y no sólo pensar en lo que se vende.
"Cuando nos concentramos en otros productos hacemos que el ecosistema no brinde ese servicio y se empieza a producir menos, frente a lo cual se agregan más productos y finalmente se mantiene la producción en base a meter más insumos", reflexionó.
De ese modo, "cuando hace diez años gastaban 20 o 30 pesos en malezas y ahora gastan 100; o fertilizaban con 20 pesos y ahora tienen que poner 100 pesos", ejemplificó.
"Una de las cosas que pasa es que se va deteriorando el sistema pero la produccion se mantiene, pero es a base de cada vez más insumos y no tanto proceso", dijo.
Ese ejemplo en la escala local también se traspola a lo regional. "También con lo que producen pueden contaminar las napas con nitratos y no van poder tomar agua ustedes ni el pueblo que está al lado; ocurre algo parecido con el manejo del agua y las inundaciones", dijo y arengó: "Ese es un servicio más que ustedes están dando o no", agregó.
"Tienen que empezar a mirar que esos servicios locales que los afectan a ustedes mismos, también los regionales que afectan a la comunidad que ahora está empezando a reclamarles por eso y también a la comunidad global, ya que pueden aparecer trabas en función de si ofrecen o no servicios ecosistémicos", agregó Piñeiro.
Cultivos de servicio. En ese marco, reconoció que el retorno económico no se puede desconocer. "No se puede dejar de sembrar soja u otros cultivos porque nadie paga eso,pero hay muchos modelos dentro del sistema", indicó y a modo de propuesta dijo que un sistema de soja sola y gran parte del año el suelo sin nada no es conveniente. "No hay que dejar descansar a los suelos, porque no están descansando", dijo Piñeiro.
Aconsejó la utilización de las pasturas para aprovechar la energía que luego se puede aportar al cultivo que siga. Los denominó "cultivos de servicio" o "service crops", que son de cobertrua, puentes verdes, bonos verdes y cultivos que descompactan y permiten controlar malezas. "No son todos iguales, algunos son buenos para determinadas superficies, pero debemos investigar bien y conocerlos para saber qué nos aportan", dijo.
Los costos. ¿Quién lo paga? a este cambio de paradigma, se preguntó Piñeiro. Y puso el ejemplo de una prueba piloto realizada entre productores y asesores sobre el manejo de malezas en 31 lotes con cultivos de servicio y 31 sin ellos.
El resultado obtenido fue de 87 dólares contra 114 dólares, una diferencia de 26,5 dólares, que sumado al aporte de nitrógeno que puede, por ejemplo, aportar una cultivo de vicia al sistema similar a 100 y 240 kilos de urea, "hay un ahorro de 40 dólares en fertilización", dijo Piñeiro, que sumados al ahorro anterior suman 66 dólares. "Con estos precios, sólo con dos servicios se van pagando los cultivos de cobertura que se hicieron. Y a escala regional hay más cosas como ahorro de resistencias, menos inundaciones, menos lixiviación", concluyó el especialista.