Campo

Los nuevos horizontes de la fertilización

En el encuentro realizado en Rosario, los investigadores instaron a replicar en soja la experiencia de nutrición con el trigo

Sábado 18 de Mayo de 2019

El sector agropecuario está atravesando una hora decisiva en materia de fertilización. La intensificación de la agricultura, que no siempre fue acompañada de un manejo sustentable, generó un cambio vertiginoso en la salud de los suelos, especialmente de la zona núcleo y hoy obliga al productor a poner un ojo en el negocio y otro en el ambiente si quiere sostener e incluso sumar mayor productividad y rentabilidad.

"El fertilizante es el mejor indicador de la tecnología que estamos aplicando en el campo", aseveró el presidente de la Asociación Civil Fertilizar, Jorge Bassi, en el marco del Simposio Fertilidad 2019 que la entidad organizó en Rosario, donde el eje central fue analizar cuál es el estado actual de la fertilidad de los suelos argentinos.

Con una experiencia exitosa en el cultivo de trigo, que en los últimos tres años fue recuperando productividad y proteína de la mano de una estrategia de fertilización acertada, los especialistas hicieron hincapié en que ahora el productor debe reparar en los beneficios económicos y productivos que genera el aporte de nutrientes en forma "precisa" y en base a "diagnósticos certeros", según detalló Bassi.

Pero, además, debe ampliar el horizonte más allá del trigo o el maíz y enfocarse en la soja, un cultivo que quedó rezagado porque "tiene rendimientos confortables", agregó el especialista en el sector. "En Fertilizar pusimos en números el potencial de cambio que tendría el cultivo de soja si aplicábamos los nuevos diagnósticos de suelo y nos dimos cuenta que había 9 millones de hectáreas que se estaban subfertilizando, donde podríamos lograr 600 kilos más de rendimiento, lo que representan 5 millones de toneladas más de producción", dijo Bassi.

Esta demostración de la rentabilidad potencial que el productor se pierde si no considera a la fertilización como un elemento esencial de su planteo agrícola fue uno de los temas recurrentes en el Simposio Fertilidad, que se lució por la calidad de los expositores nacionales e internacionales y la masiva concurrencia. Pero no hubo concesiones para los asistentes que, aunque fueron en busca de nuevas tendencias, también argumentaron los límites que les impone la crisis financiera a la hora de invertir. "El productor siempre tiene incertidumbre y es algo común aquí y en todo el mundo, pero siempre enfatizamos mucho que cuando tenemos precios bajos tiene que ser el mejor momento para pensar en la fertilización, porque en situaciones de economía apretada tenemos que sacar el mejor provecho a través del manejo", dijo el especialista de la Universidad del estado de Kansas (EEUU), Dorivar Ruiz Díaz.

El profesor de la universidad estadounidense trabaja sobre la experiencia desarrollada en campos de Kansas con alta variabilidad climática, especialmente de lluvias, y donde la fertilidad de los suelos es muy diferente a los campos de alta productividad de Iowa o Illinois.

Por eso, insistió en la necesidad de "ser específicos respecto del tipo de suelo y la capacidad de producción" a la hora de plantear un diagnóstico de fertilización (ver aparte).

El mercado argentino. En la Argentina, la incorporación de la fertilización en el planteo agrícola es más lábil. "El mercado nos muestra que el productor cuando tiene buenas condiciones, apuesta al fertilizante, cuando los tiempos son malos, la tecnología se estanca y se utilizan las que son probadas y seguras", recordó Bassi.

De todos modos, destacó que el consumo de fertilizantes en el país tuvo buena tasa de crecimiento en los últimos 20 años, por arriba del 5 por ciento, superior a otros lugares del mundo. Pero el proceso "no fue lineal" sino con vaivenes. Mientras en los 90, con la liberación del precio de los granos se potencia, luego baja cuando comienza a agotarse el modelo de la convertibilidad. Hay otro pico cuando se sale de este esquema del 1 a 1 y se estanca con la crisis de 2008, para alcanzar niveles muy bajos en 2015 y volver a repuntar con el cambio de gobierno a fines de ese año. En esos veinte años, "se pasó de menos de 500 mil toneladas a los 4,3 millones de toneladas en 2018", agregó el titular de Fertilizar, quien consideró que si se mantiene la tasa actual de crecimiento se podría rápidamente llegar a las 5 millones de toneladas. "Las incertidumbres económicas y políticas son enormes y no es fácil proyectarlo", aclaró Bassi.

En este aspecto, destacó el viraje que dio el productor argentino. "Hay que remarcar que el año pasado se creció un 14 por ciento en un contexto muy difícil, ya que se venía de sequía, en septiembre se pusieron retenciones, a partir de mayo se complicaron las financiaciones y prácticamente desaparecieron en el último trimestre", dijo Bassi. Aun así, "ejos de bajar los brazos el productor apostó y el consumo creció, porque se entendió que aplicando fertilizante tenía buena rentabilidad en el año y eso era lo que necesitaba para salir de la mala campaña".

El punto de partida. Así como en otros simposios de Fertilidad los especialistas enfatizaban sobre la importancia del uso de los nutrientes como una forma de sumar productividad, en el encuentro de este año la foto sobre el estado de los suelos argentinos no dejó espacio para las dudas. Un estudio realizado por Hernán Sainz Rozas, de la Unidad Integrada de Inta Balcarce, en conjunto con fertilizar, realizó 570 muestras georeferenciadas en la región pampeana y comparó la situación entre 2011 y 2018, pero también tomando como referencia los suelos pristinos (originales).

"Las conclusiones a las que llegamos es que en materia orgánica (MO) los valores están muy por debajo de la condición original, con lo cual debemos mejorar el ingreso de carbono ( C ) al suelo", dijo Sainz Rozas.

Por otra parte, precisó que "la mayor parte de los suelos de la región pampeana presentan bajos niveles de fósforo (P), pero esto no quiere decir que haya que aplicarlo en todos los lugares sino que tenemos que mejorar el diagnóstico, ver qué tenemos en el lote para tomar una decisión", agregó.

Además, los resultados del análisis muestran "una creciente acidificación de los suelos", de modo que "algunas de sus funciones en el ecosistema podrían empezar a disminuir o no funcionar del todo bien".

El especialista del Inta Balcarce señaló además que "hay que ver qué está pasando con el PH de los suelos ya que la agricultura redujo también la disponibilidad de cationes básicos, y en algunas zonas, particularmente norte y este de la región pampeana esto podría ser limitante en el corto y mediano plazo".

Por otra parte, Sainz Rozas aseguró que en materia de micronutrientes el zinc (Zn), "aparece como el más deficiente" (ver aparte).

Estos datos son, para el especialista "el insumo básico para la mesa de discusión política" y para dar "un marco legal a un debate que tienda al uso racional de los suelos", dijo y objetó que en el país aún esté pendiente una legislación al respecto y otras como la ley de arrendamientos, la de consumo racional de fertilizantes.

Poner el foco en el balance de nutrientes _es decir la diferencia entre lo que extraen las cosechas y lo que se aplica vía fertilizante al suelo_ fue el punto a partir del cual los especialistas del simposio se pararon para dar la discusión sobre las estrategias a futuro. "En fósforo (P) estamos en el 50 por ciento, quiere decir que de todo lo que en estos años se llevó la producción sólo fue repuesto en ese nivel", acotó Bassi, cuando hace una década se estaba en niveles del 65 por ciento. "Eso no se corrigió y quiere decir que todavía seguimos sacando renta al campo con un empobrecimiento del suelo, es algo poco sustentable y debemos mejorar porque se convirtió en una luz amarilla", agregó el titular de Fertilizar y señaló que tampoco mejoró le balance en azufre (S). Aunque sí en nitrógeno (N) donde el consumo "fue muy concentrado", agregó.

Extracción vs reposición. "Fueron años de malos balances de nutrientes", dijo Bassi y lo puso en números: "En estos años le sacamos al suelo 28 millones de toneladas de fertilizantes, sólo contando el fósforo y el azufre", dijo, ya que "casi siempre estuvimos en balances por abajo del 50 por ciento, es decir que sacamos más de lo que aplicamos".

Si a ese número se le computa la extracción y no reposición de potasio (K) "son 15 millones de toneladas más de fertilizante", agregó.

Por eso, los especialistas destacaron que ante un crecimiento desparejo en la incorporación de nutrientes al suelo, los nuevos tiempos plantean el desafío de una sintonía más fina, que en definitiva pasa por "ajustar las dosis".

Así lo explicó el especialista y miembro de Fertilizar, Andrés Grasso. "En general, la fertilización está incorporada en el manejo de producción de los cultivos de granos", dijo y señaló que sobre el total de las hectáreas que se siembran en los últimos diez años el 80 por ciento se fertiliza. Pero, en la Argentina, hay que hacer foco "en la dosis, en la cantidad y tipo de nutrientes que incorporamos", agregó.

Según detalló Grasso, "hace 10 años la dosis para cultivos de veranos viene estandarizada. Hubo una leve tendencia a la baja a fines de 2014 y luego se corrigió algo". De todos modos, "para hacer un cultivo como el trigo, que produce en promedio entre 4.000 ó 5.000 kilos de materia seca estamos usando alrededor de 210 kilos (kg) de fertilizante y es lo mismo que utilizamos para el maíz, que produce el doble de materia seca. Eso nos indica que algún desajuste tenemos", alertó.

También recordó que en soja y girasol, las dosis de fertilización es bastante baja. De hecho, "la soja de segunda no se fertiliza", dijo.

Como el resto de los expositores, Grasso presentó informes a campo para justificar las ventajas de una fertilización con dosis y diagnósticos certeros. Un trabajo realizado en una red de experimentación en 7 u 8 localidades de la región pampeana comparó cuatro estrategias diferentes de manejo y sus diferencias. La primera, parcelas sin ningún tipo de fertilización; la segunda, con la fertilización media actual del productor; la tercera donde se hizo un análisis de suelo poco sofisticado; y la cuarta, con alta fertilización.

"Observamos que a medida que se aumenta la intensificación de la fertilización, la frecuencia de aumento de rendimiento se hace más certera", dijo Grasso y lo cuantificó: "Para toda la secuencia de cultivos en los 10 sitios analizados, en dos campañas, vemos que el productor está perdiendo en términos de rendimiento alrededor del 15 por ciento al 20 por ciento, entre lo que hace y lo que podría hacer y sólo ajustando su estrategia de fertilización y un simple análisis de suelo, puede recuperar rápidamente el 50 por ciento", indicó.

Con la salud del suelo en el centro de la escena, el productor ya no puede esquivar la problemática. Por eso, Nahuel Reussi Calvo y Nicolás Wyngaard, especialistas de Conicet y de la Unidad Integrada de Inta Balcarce aconsejaron abordar en forma profesional esta tarea. "La primera etapa clave es el muestreo del suelo, luego viene el análisis y por último, la interpretación de esos datos y la recomendación de fertilización", dijo Reussi Calvo, quien señaló que se trata de la tecnología de proceso más barata.

"Hoy el muestreo de suelo más el análisis tiene un costo de 2 a 3 dólares por hectárea, cuando habitualmente invertimos más de 100 dólares por hectárea en fertilización, de modo que no tiene punto de comparación y representa un gasto por hectárea equivalente a 10 kilos de maíz o 5 kg de soja", dijeron.

Allí, el enfoque lo dará el propio productor y su necesidad. "Hay distintos esquemas de muestreo y dependerán del objetivo a perseguir, que pueden ser nutrición, o evaluar una propiedad de suelo en el tiempo, o el mapa de un nutriente en particular", dijeron Reussi Calvo y Wyngaard.

"El consumo de fertilizantes en los últimos tres años evolucionó de manera positiva y es algo que celebramos", dijo la directora ejecutiva de Fertilizar, Fernanda Gonzalez Sanjuan, quien coordinó todo el simposio.

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