Campo

La nueva revolución de la agricultura

• Las compañías líderes en investigación de cultivos avanzan en nuevos desarrollos. La experiencia de Monsanto, la empresa madre de la soja RR.

Domingo 25 de Septiembre de 2011

La revolución genética en el mundo agropecuario ya arrancó, pero está a punto de comenzar lo que será uno de sus capítulos más importantes. La creciente demanda mundial de alimentos es un tema de agenda global y la posibilidad de lograr un avance decisivo radica en aumentar la oferta, un tema que involucra no sólo aspectos geopolíticos sino que por estos días parece estar mucho más en manos de la ciencia y la tecnología, en cuyas manos está el mandato casi unívoco de avanzar en la mayor cantidad de desarrollos que permitan amplicar y mejorar la productividad, en función de los límites que presenta en el mundo la expansión de las fronteras agrícolas.

Actualmente la población mundial llega a 6.500 millones de personas pero en 30 años la cifra ascenderá a 9 mil millones y se prevé que se afianzará la consolidación de una clase media que aspirará a mayores niveles de consumo que le permitian cambiar su dieta alimenticia. En ese marco, la creciente demanda de granos para producir alimentos, es inevitable.

Países tradicionalmente agrícolas como la Argentina -aunque también Brasil, Paraguay y Uruguay- no quieren dejar pasar la oportunidad de sumarse a los nuevos modos de producción que se vienen.

Como una muestra de esta decisión a nivel nacional, el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, aseguró que la biotecnología es el único camino para aumentar la producción agroalimentaria y contribuir así a disminuir la altísima volatilidad de los precios de los commodities. "Estamos convencidos de que sólo la biotecnología nos permitirá dar respuesta al hambre en el mundo, disminuir la pobreza, y estaremos contribuyendo a disminuir el riesgo de la volatilidad de los precios de los commodities", afirmó el ministro al intervenir en la conferencia del Grupo de los 20 (G-20) que se realizó hace unos días en Estambul para avanzar sobre esta problemática.

Sobre el aumento de la producción, Domínguez subrayó que "los gobiernos de los países más desarrollados tendrán que sincerarse, porque no se puede combatir el hambre si no se incrementa la productividad a través de la biotecnología, ya que la incorporación de tierras es limitada".

En ese contexto y con una premisa que parece insoslayable, las compañías líderes en investigación apuntan sus esfuerzos en mejorar la productividad de los cultivos, pero la revolución agrícola llegará a los campos no sólo con semillas mejoradas sino con un nuevo sistema de control de los cultivos que va más allá de la hoy conocida agricultura de precisión y tiene que ver con un sistema satelital integrado para la siembra y seguimiento de los campos. Es lo que hoy denominan como la puesta a punto de todo un paquete agronómico. (ver aparte)

Monsanto es una de las firmas que trabaja en sus laboratorios centrales de Estados Unidos en mejoramiento genético tradicional y en nuevos eventos biotecnológicos para lograr cultivos con tolerancia a sequía, mayor rendimiento, resistencia a enfermedades, mejor absorción del nitrógeno, resistencia a nematodos, manejo de maleza con otros herbicidas como el dicamba y una nueva generación de control de insectos.

El centro de investigación de Monsanto en la ciudad estadounidense de Chesterfield es donde nacen las investigaciones en biotecnología de la multinacional madre de la soja RR y donde más de mil científicos trabajan en los diferentes edificios que se distribuyen en unas 80 hectáreas al borde de la cuenca del Missouri produciendo plantas de caña de azúcar, maíz, alfalfa y soja desde hace 25 años.

En el más grande de los 12 centros de investigación en biotecnología que Monsanto tiene en el mundo gasta entre 4 y 5 millones de dólares anualmente. Chesterfield es de donde sale la primera planta con las modificaciones genéticas buscadas para cubrir determinada necesidad. Jim Mieure, ex investigador y hoy ya jubilado guía de los recorridos por los laboratorios, explicó que la estrella del centro de investigación es la chipeadora de soja y maíz que permite sacar una muestra de cada semilla y plantar sólo las que tienen las mejores características, y así evitar -como ocurría antes- sembrar todas las semillas y recién encontrar las características buscadas cuando la planta ya evolucionó. En las 108 cámaras de crecimiento con que cuentan en Chesterfield se aceleran los procesos.

Bobb Fraley, jefe de Tecnología y vicepresidente de Monsanto, resumió el avance logrado con las chipeadoras. "Hace tan solo dos años se caminaban los campos en busca de las mejores plantas para llevar adelante las investigaciones, hoy los chepedores posibilitan que los investigadores estén más tiempo en el laboratorio que en el campo. Esta tecnología nos permitirá entender cómo es el desempeño de la semilla en diferentes condiciones", puntualizó.

Demanda y negocios. Durante una charla con un grupo de periodistas latinoamericanos del que partició LaCapital en los cuarteles centrales de Monsanto, ubicado en la localidad estadounidense de Creve Couer (Missouri) donde se hace mejoramiento tradicional, Jesús Madrazo, líder global de Negocios Internacionales de la compañía, presentó algunos números sobre en qué lugar está posicionada la agricultura hoy, teniendo en cuenta que actualmente la demanda mundial de alimentos y el crecimiento de la población. "En este contexto se requerirá más soja y maíz", detalló.

En la encrucijada de alimentar al mundo, los rendimientos de los cultivos deberán aumentar y -según Madrazo- esto llegará por vía del mejoramiento genético tanto tradicional (breeding) como biotecnológico y también por el incremento de la tierra cultivable "que va a venir de todas partes pero especialmente de Brasil, el este de Europa y Africa". En Monsanto advierten que existe una gran oportunidad para las empresas que intervengan en este negocio y por eso redefinieron sus objetivos y se transformaron en una compañía netamente dedicada a los cultivos. Atrás quedó el capítulo de productora de químicos y hoy Monsanto invierte 3 mil millones de dólares diarios para obtener nuevas tecnologías para la agricultura.

En uno de los auditorios del campus que reúne a gigantescos edificios que van de la A a la Z en el predio de 100 hectáreas que cuenta con 3.800 empleados, Madrazo explicó que la investigación de la compañía se apuntala en la biotecnología, las semillas y las prácticas agronómicas. Es por eso que para amplificar el potencial de negocios futuros en la región Monsanto tiene en carpeta la adquisición de compañías semilleras, dejó traslucir Madrazo aunque aclaró: “Donde nos gustaría comprar nos dicen que no”.

En la Argentina se especula con que la firma estadounidense está interesada en las semilleras líderes en soja para volver a comercializar el poroto en el país cuando se apruebe el evento RR2. La fuerza puesta en estas latitudes tiene mucho que ver con que la compañía cerrará “un año espectacular en el Cono Sur”, adelantó Madrazo en la previa al cierre del balance del año fiscal 2011. Durante 2008 la compañía registró ingresos globales por 1.300 millones de dólares, números que luego cayeron cuando explotó la burbuja de los agroquímicos y es por eso que Monsanto toma como años de transición a 2009 y 2010, período que sirvió de tranpolín para el excelente 2011. Anteriormente el negocio de Monsanto dependía mucho de los productores estadounidenses pero ahora cada vez ganan más participación Brasil, Argentina, China e India.

Entre los cambios también se destaca la mayor participación que irá logrando la soja, frente al maíz. Se proyecta que los próximos 5 años “serán los años dorados de la soja”. Madrazo advirtió que en el cultivo de esta oleaginosa Sudamérica competirá fuertemente con Estados Unidos.

Monsanto tiene previsto lanzar Intacta —su nueva soja RR2 y BT con resistencia a herbicidas, insectos y plus de rendimiento— en Brasil el año que viene y en 2014 en Argentina, y posiblemente en forma simultánea en Paraguay y Uruguay.

Michael Daove, líder del área de Sustentabilidad de Monsanto, dijo que “en los próximos 50 años se va a consumir más alimentos que en los últimos 10 años de la humanidad” y subrayó que “el segmento agrícola es el más importante para hacer frente a este desafío”. Ante este escenario, la propuesta del sector privado es duplicar los rendimientos en maíz, soja y algodón en los próximos 30 años. Es ahí donde entra a jugar la nueva tecnología para aumentar productividad. “Es una decisión del productor optar por la tecnología pero es necesario que esté disponible”, señaló Daove.

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