Campo

La caída de la rentabilidad impacta en el arrendamiento

El 70% de la producción agrícola en el país se realiza bajo este sistema. Debates sobre la ley que los regula.

Sábado 08 de Agosto de 2015

El sistema de arrendamientos sobre el que está asentada entre el 70% y el 80% de la producción de la Argentina empezó a mostrar fisuras en un contexto de crisis de rentabilidad. El ajuste no sólo impactó sobre los productores que alquilan la tierra para producir, afectados por un aumento de costos y una reducción de las cotizaciones de los granos, sino además sobre los propios propietarios de los campos que debieron empezar a reajustar los precios a este nuevo contexto de mercado.
 
Esta nueva foto obligó a abrir el debate sobre la actual ley de arrendamientos, que rige desde 1948 en la Argentina y que no alcanza a contemplar y mucho menos abarcar al modelo agropecuario que rige hoy en el país.
 
De todos modos, los alcances de este nuevo marco jurídico y la demanda sobre una reforma no siempre es coincidente entre los distintos actores del sector agropecuario. Si bien hay consenso en que es clave abordar los cambios, los referentes de los productores de punta desde el punto de vista tecnológico reunidos en el XXIII Congreso de Aapresid, consideran que la ley es sólo un eslabón más en la cadena de modificaciones a abordar para alcanzar la sustentabilidad.
 
De hecho, si bien reconocen que un marco jurídico permite afianzar valores como la rotación de cultivos y el cuidado de los recursos (suelo y agua), la clave pasa por garantizar “la seguridad económica, política y jurídica”, entre las que incluyen apertura de los mercados, política cambiaria con dólar competitivo o reducción de la inflación.
 
“La ley impacta menos sobre la sustentabilidad de los recursos que las condiciones económicas, jurídicas y políticas en la Argentina. Estos factores afectan más al negocio agropecuario que la legislación”, dijo Edmundo Nolan, secretario de Aapresid y responsable zonal de la empresa Adecoagro.
 
Nolan dijo que “no es posible atribuirle a la ley de arrendamientos, aunque es vieja y para otros tiempos, el monocultivo de soja, aunque tampoco la legislación propicia la rotación de cultivos”. A su juicio, la clave pasa por empezar a pensar en un esquema de ordenamiento territorial al estilo del que rige en Uruguay, donde hay un plan integral para el cuidado del recurso suelo.
 
De todos modos, reconoció que con plazos cortos y esquemas de arrendamiento anuales o contratos accidentales, es poco viable pensar en rotaciones, aunque quede totalmente comprobado que, por caso, una soja sobre un maíz rinde entre 5 y 6 quintales más que sobre soja. Pero más allá de la defensa del recurso, los referentes del sector están convencidos de que el artículo 39 de esta ley de arrendamientos abrió un atajo que permitió hacer viable la agricultura en la Argentina de los últimos años. Ese artículo da vía libre a los contratos accidentales para una sola cosecha o dos cosechas como mínimo en el mismo año siempre por escrito.
 
“Esto le otorgó flexibilidad y factibilidad a la contratación en un país como la Argentina, sin esto la realidad sería otra” sentenció Rafael Aliaga, quien desde 1977 se dedica a ubicar y sembrar campos alquilados.
 
Aliaga cuestionó en duros términos la política oficial sobre el sector y aseguró que en el actual esquema “nuestro capital de riesgo se lo lleva antes que nadie el Estado”, dijo al referirse a un contexto de crisis en el que, dijo, tanto el arrendatario como el propietario de la tierra terminan perdiendo por caída de precios de los granos, presión fiscal, tipo de cambio e inflación de costos. Est combo deriva en renta fija menor para el dueño de la tierra y renta variable más ajustada o nula para el que la arrienda.
 
“El atraso cambiario es insoportable, desde el punto de vista omercial no hay mercado y todo lo rige el Estado en forma discrecional, y hay un abuso fiscal”, dijo Aliaga para quien en momentos de crisis el primero que pierde es el arrendatario, porque se deshace de su capital de giro “que siempre está en riesgo no sólo por los precios sino por el clima y los costos”. En ese esquema, el propietario también pierde, pero mantiene su capital (la tierra) y “el Estado siempre se lleva algo”. Sin embargo, aunque el foco del congreso de Aapresid, que se desarrolló bajo lema Biosapiens e hizo especial énfasis en el cuidado del suelo como recurso, fue analizar estrategias para el mediano y largo plazo, la coyuntura actúa como un corsé.
 
Para salir de esto “está claro que tiene que haber una combinación responsabilidad y compromiso del productor para ir hacia modelos donde no sólo se maximice la renta sino hacia la creación de valor”, dijo Sebastián Sinesi. El consultor de organismo públicos y empresas privados, fue el coordinador del panel “arrendamientos en crisis”, donde disertaron Aliaga y Nolan. Pero también reconoció que “hoy en esta situación de apremio y donde se está perdiendo plata, decirle al productor que tiene que hacer un contrato de largo plazo por el cuidado de suelo o el problema de las malezas, es difícil”.
 
Para Nolan, “hoy la situación mete al productor en un brete”. “Si hacés un programa de ordenamiento territorial tipo el uruguayo donde obligás a hacer rotación para evitar erosión por ahí terminamos fundidos”, dijo. Entonces, “de este esquema se sale con una batería integrales”, agregó.
 
Ganadores y perdedores. Y para Sinesi, no se trata sólo de un ajuste al interior del sector, puntualmente reduciendo los márgenes de renta del propietario de la tierra y una rebaja de los precios de los arrendamientos. “El ajuste de precios es una realidad como también las formas contractuales, dando paso de cobros de montos o quintales fijos a hacia esquemas de porcentajes”, dijo. Pero también “hay un nuevo planteo de quiénes son los ganadores y perdedores en este modelo”, agregó.
 
Al respecto explicó que hasta ahora “estaba claro de que uno de los perdedores claros era el productor, pero ahora pareciera que también lo es el dueño del campo” porque esto de bajar la renta fija o participar de otro formato “es claramente una adecuación que hace el productor para seguir teniendo un ingreso menor pero ingreso al fin”. De este modo, “hay un nuevo perdedor en el sistema, mientras el Estado sigue ganando”, agregó Sinesi.
 
De todos modos aclaró que también este último concepto es relativo ya que “si el nivel de actividad precio baja, el ingreso vía fiscal o por actividad económica, también” baja. De este “hay una pérdida total y del conjunto”.
 
Con ese criterio, para Sinesi “el mercado se va a adecuar, pero el problema no lo vamos a terminar de solucionar porque el tema va mas allá de lo económico”.
 
En la zona núcleo, el mercado ajustó a la baja el precio de los alquileres de los campos en niveles que los especialistas ubicaron entre 20% y 30% que se suma a rebajas que vienen de la campaña pasada. Eso estuvo acompañado de un cambio en el sistema contractual, esencialmente en las zonas marginales donde se está yendo a porcentaje, donde ambas partes asumen el riesgo de poner en producción, no sólo de precio sino también de clima y de costos.
 
Esta tendencia se ve menos en la zona núcleo donde, aún con rentas más ajustadas, los propietarios quieren sostener el valor de sus activos.
 
“En algunos casos, y como consecuencia del actual modelo donde hay niveles de infestación de maleza resistentes alta, el productor tuvo obligatoriamente que pasar a un esquema de porcentaje”, dijo Senesi. Pero en zonas de mayor fertilidad, “la tendencia es tene aún renta fija y hacer valer su activo a la hora de la negociación”.
 
De todos modos, Nolan señaló que también el propietario sintió el ajuste de precios de su activo por partida doble. “Primero, el quintal, que es nuestra moneda, pasó de valer 400 a 210 dólares. Es decir, cobrando lo mismo en quintales, el dueño del campo ya cobra la mitad”, dijo. Pero, además, a eso hay que sumarle “la suba de costos que tuvo el arrendatario y por tanto no puede pagar más el arrendamiento”, agregó. De ese modo, “le bajaron el techo y le subieron el piso”, reflexionó.
 
“Hay una baja en el valor del arrendamiento, el producto que se vende cayó y el dólar está retrasado, o sea para gente que tiene arredramientos es casi una tormenta”, concluyó y recordó como esto impacta en los pueblos que, como ocurrió pero a la inversa después de 2001, ahora son los primeros en dar cuenta de la crisis.
 

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