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La biotecnología local da el gran salto

Para Raquel Chan, quien lideró el equipo argentino que creó un gen con tolerancia a la sequía, atender la demanda de alimentos “es el gran desafío”.

Sábado 12 de Septiembre de 2015

El sistema de investigación pública en ciencia de Argentina saltó a las grandes ligas con el desarrollo y el patentamiento de la tecnología HAHB4, que le confiere a los cultivos de soja y de maíz tolerancia a la sequía sin pérdida de productividad, un logro de impacto mundial liderado por Raquel Chan, investigadora del Conicet y directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL) que funciona en la Universidad del Litoral de Santa Fe.

“Como investigadores, uno de nuestros desafíos es obtener cultivos tolerables al estrés, ya que para 2050 habrá 3 mil millones de personas más en el planeta que demandarán comida y energía. Tenemos que producir más alimentos y distribuirlos mejor, porque crece la brecha entre el crecimiento de la población y el crecimiento del rinde de los cultivos”, dijo la científica durante su presentación en el último congreso que realizaron en la ciudad los productores de siembra directa (Aapresid).

Chan resaltó que esa brecha es cada vez más pronunciada a pesar de que ya se trabaja con organismos genéticamente modificados y de la mejora de los sistemas de manejo, dos factores que en años anteriores contribuyeron a que los rindes mejoraran muchísimo.

“Nos encontramos con recursos cada vez más limitados como la tierra y la disponibilidad de agua, y hay que saber usarlos bien. Por eso el objetivo es estudiar todo lo posible para achicar o al menos lograr que deje de crecer la diferencia entre demanda y oferta de alimentos. Ese es el mayor problema que enfrentamos como investigadores”, agregó.

Si bien la investigación de la variedad de soja resistente a sequía estuvo a cargo del sistema público, el patentamiento y toda la logística de mercado está a cargo de la firma afincada en Rosario Bioceres, a su vez asociada con la estadounidense Arcadia Biosciences.

“Esto es un hito global ya que se trata del primer transgénico desarrollado en Argentina”, dijo la experta. La trangénesis conseguida por el equipo de lidera Chan —que tuvo como base un gen del girasol— ya fue aprobada por la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (Conabia), mientras espera por la luz verde inminente del Senasa.

El proceso. Durante su exposición en el congreso, la científica relató de forma sintética algunos de los pasos que llevaron al desarrollo de la tecnología HAHB4, un hallazgo que comenzó intentando buscar respuestas a los problemas que plantean las plantas sometidas a factores que generan pérdidas a partir de situaciones externas como el clima en este caso.

“A veces se nos plantea el dilema respecto de si lo que queremos es subir los rindes, u obtener plantas más resistentes. Lo que precisamos no son plantas que crezcan en el desierto, pero sí plantas que puedan rendir bien aunque las condiciones no sean las ideales”, graficó la especialista.

Chan recordó que la falta de agua es la causa del 50% de las pérdidas mundiales en los rindes, de allí la importancia de trabajar para buscar mecanismos que permitan que los cultivos alarguen su tolerancia a la sequía.

La soja con esta cualidad, que ya recibió la aprobación de la Conabia en abril y que espera por la del Senasa, podría ayudar a mejorar los rindes de ese cultivo en márgenes que se estiman entre un 15 y un 20 por ciento.

“A nivel mundial se está esperando que se termine de aprobar en Argentina, un país considerado como muy serio en materia de seguridad para este tipo de eventos, por lo que una vez que se libere acá luego se copiará rápidamente”.

Para Chan, la nueva tecnología permite que no haya pérdidas cuando no hay stress, “algo totalmente novedoso”.
 
La asociación. También destacó la importancia de la alianza entre el sistema público de investigación y una empresa privada: “Lo más importante es juntar capacidades”.
 
La investigadora recordó que el Estado viene invirtiendo desde hace años en investigación a través del Conicet y otros organismos como el Inta y el Inti, pero que carece de formación empresaria. “Somos absolutamente incapaces de hacer lo que hizo Bioceres, la asociación es algo legal, es una transferencia de tecnología de lo que uno sabe hacer. Basarse en la empresa tuvo un éxito muy grande porque es una sumatoria de capacidades”.
 
“Es ganar-ganar para nosotros y para Bioceres porque yo no quiero dedicarme a esa parte, no lo sé hacer y no es lo que me gusta. A mi me gusta desarrollar tecnologías, pero es bueno que eso después llegue al productor y a la gente, y a eso lo puede hacer una empresa”, sintetizó.
 
“Se trata de un desarrollo muy importante porque el Estado invierte mucho en ciencia, en mi formación, en la formación de mis becarios, en institutos, en edificios, en todo, y que eso llegue al contribuyente de alguna forma a través de la empresa es un logro muy importante”.
 
Para Chan, de alguna forma la ciencia se emparenta con el arte en el sentido de que “no tendría porqué producir nada útil, o tal vez si”. “El conocimiento es importante más allá de su utilidad, si me preguntan para qué sirve un cuadro yo diría que útil no es, pero puede ser realmente hermoso, y nadie pregunta para qué sirve. La ciencia no debería ser toda de utilidad, pero cuando es de utilidad es un logro muy grande”.
 
Malas palabras. Para la científica, existe respecto al término “transgénico” cierta ignorancia que no ayuda a la comunidad investigadora: “La gente le tiene miedo como si fuera un alien, cuando en realidad todo lo que comemos ha sufrido modificaciones genéticas, todo, la comida de la antigüedad no tenía nada que ver con la de ahora”, señaló.
 
Según Chan mucha gente escucha la palabra transgénico y piensa que es algo malo “cuando en realidad no lo es, ya está demostrado que no es así”.
 
Uno de los problemas es que se asocia de forma casi automática con otras palabras como multinacionales o con la mala aplicación de los productos químicos para el campo. “Son cosas separadas, la mala aplicación de determinados agroquímicos es un problema de manejo”.
 
Desde su visión los transgénicos “no son para estar a favor o en contra”. Es una tecnología que “hay que adoptar, sabemos que tenemos que unirnos todos para que no exista mal manejo, por ejemplo la gente no sabe que el uso de transgénicos ha disminuido enormemente el uso de órganos fosforados, o sea de insecticidas”.
 
En ese punto sostuvo que “no se ve la parte buena, y la mala tiene mucha mas propaganda por motivos sociológicos complejos alimentados por algunos grupos”.
 

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