Campo

Buenas prácticas agrícolas que permiten remontar la adversidad

 Juliana Albertengo relata cómo combinaron tecnología y buen manejo en la empresa familiar y lograron revertir una campaña complicada

Domingo 11 de Enero de 2015

Juliana Albertengo es una joven y apasionada productora de San Jorge . Desde siempre ha combinado la gestión de la empresa familiar con un desarrollo a nivel profesional pleno de desafíos. Durante años fue gerente de agricultura certificada y luego prospectiva, en la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Apresid) , a cargo de los congresos de la institución, en el último tiempo se encuentra prestando consultoría en la FAO, y llevando adelante un emprendimiento llamado GAP, con sus socios Andrés Sylvestre Begnis y Alejandro Nardone.

Con dos campos que suman unas 1.550 hectáreas entre Bustinza y El Fortín (Córdoba), los Albertengo despliegan su actividad, principalmente agrícola. Recientemente están tratando de ampliar el área de cría, como válvula de ajuste frente los números rojos de la agricultura. “Con un poco más de ganadería podemos aprovechar un lote medio flojo e invertimos en lo que debería ser un buen negocio a futuro.
De paso mejoramos el lote, tenemos el suelo siempre cubierto”, explica Juliana.

Exceptuando los campos en Bustinza, que describen como “buenos”, el resto de los lotes no son fáciles. “Son campos muy sensibles, tenés que prestarle muchísima más atención en cuestiones que, con los años, te vas dando cuenta. El suelo, el cultivo, cuidados que hacen a todo, hasta dónde ubicar el silobolsa para poder cargarlos bien”. Allí abundan los suelos limosos, de calidad muy inferior, “casi forestales”, en los que “si hacés algo mal, se te empieza a complicar todo”, advierte la profesional.

Pese a que El Fortín siempre fue una zona ganadera, los Albertengo ya llevan 20 años de agricultura ahí y de a poco observan cómo mejoran las cosas cuando se invierte en las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA). “Al principio veías que había sales en superficie, los cultivos estaban horribles —cuenta Juliana— y de a poco los suelos van mejorando y hay años en que, si el clima te acompaña, obtenés los mismos rendimientos a los que podés llegar en San Jorge”.

La rotación es parte estratégica del negocio familiar. En invierno hacen algo de trigo y mayormente cebada. “Apostamos a ella porque cubre más. Tratamos de que el suelo no esté descubierto, porque si no aparece la sal. Generar cobertura y no perderla es la clave en la zona. La cebada aguanta más los suelos malos y a un nivel de inversión muy similar al del trigo, rinde más o lo mismo y la mayoría de los años tiene un precio superior”.

También hacen algo de maíz de primera y maíz de segunda, que es más estable. Y luego soja de primera. “Soja de segunda hacemos muy poquito para no jugarnos todo a un maíz de segunda. Pero cuando afloja la lluvia en el verano, o la temperatura se eleva, tenés más evapotranspiración, y se te viene todo abajo”.

 

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