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Camioneros protagonizaron destrozos en la planta de Cargill

Alvear.- Después de estar demorados, algunos desde el sábado, en la ruta 21, los camioneros que esperaban su ingreso a la planta de Cargill estallaron y arremetieron con todo los que se les cruzó en la cerealera. Al menos cuatro garitas y puestos de control incendiados.

Miércoles 21 de Diciembre de 2011

 Alvear.- Después de estar demorados, algunos desde el sábado, en la ruta 21, los camioneros que esperaban su ingreso a la planta de Cargill estallaron y arremetieron con todo los que se les cruzó en la cerealera. Al menos cuatro garitas y puestos de control incendiados (algunas reducidas a plástico y alambres), un comedor, una camioneta, una pala mecánica y un auto también en llamas, y destrozos en la calada fueron el saldo de la bronca acumulada.

Fue aproximadamente a las 23 de anteanoche, después de una jornada agobiante, con temperaturas que llegaron a los 37 grados pero que convirtieron a los camiones varados al rayo del sol en verdaderos hornos. Es que la cola de vehículos se había extendido como cinco kilómetros, miles de camioneros no habían podido ingresar a planta, y los que lo habían logrado no podían descargar, de acuerdo a lo que les dijo la empresa, por fallas en el sistema.

Ayer, cuando LaCapital llegó al lugar, los ánimos estaban aún caldeados. "Vaya a preguntarle a la empresa, a ver qué mentira le dice", fue el primer comentario a modo de recibimiento.

"Había camiones que estaban desde el sábado esperando", contó un poco más sereno otro chofer que había estado 20 horas en la ruta "sin baño, sin agua ni comida. Y lo peor es que no nos podemos mover de los camiones, porque hay lugares que son muy peligrosos, si vas, cuando volvés no te quedó nada".

Los choferes recibieron el apoyo de la Federación de Transportistas de Argentina, cuyo presidente, Pablo Agolanti, consideró que la reacción se debe a "un cansancio ante la falta de respuestas y de higiene, y por los robos que deben soportar los transportistas a lo largo del cordón industrial" (ver aparte).

Pero también tuvieron manifestaciones de rechazo. Tal fue el caso de la Centro de Corredores de Cereales de Rosario, que repudió "los lamentables hechos donde un grupo de choferes produjeron importantes destrozos que incluyeron incendios en la oficina de ingreso, la calada y la oficina de entregadores". Por su parte, la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina manifiesta su "sorpresa e indignación", por el hecho, y dijo que "es inadmisible e inexplicable que un reducido conjunto de irresponsables, en una actitud delictiva, hayan atentado contra el bienestar general" (ver nota complementaria).

Arrasado. Ayer, la playa, o al menos al sector donde se podía ingresar, parecía lugar arrasado. El puesto de entrada estaba incendiado, al igual que una pala mecánica con la cual, aparentemente, habían embestido a la construcción.

En el mismo escenario, una pick up de la empresa también había sido reducida por el fuego, al igual que un viejo Fiat 125, que sería de un empleado. Al fondo de la playa, algunos puestos también habían sido quemados, y la misma suerte sufrió el comedor que se levanta apenas se ingresa al playón, repleto de camiones. Algunas garitas de plástico se habían desintegrado.

Pero uno de los daños más grandes, según contaron los mismos protagonistas, fue en la calada, que es el lugar donde llega el camión antes de descargar y se hace un muestreo y control de mercadería que transporta.

"Fíjese cómo son las cosas. Ayer nos dieron vueltas todo el tiempo de que no podíamos descargar porque no tenían sistema. Hoy estamos descargando directamente sin carta de porte. No era que no podían, la verdad es que recién hoy llegaron los dos barcos, y ellos siempre le dan prioridad de descarga al tren, porque les cobra estadía. Los camioneros podemos reventar", contó uno de ellos, en una ronda improvisada que armaron al rayo del sol alrededor del cronista de este diario. Por momento hablaban con LaCapital, y por otros seguían la charla entre ellos. Venían de Córdoba, del Gran Buenos Aires, del norte santafesino. "Para la empresa nosotros empezamos a existir cuando ingresamos al playón. "¿Y las 20 horas que estuve yo en la ruta", preguntó uno.

"Nos usan como silos". Todos en cueros, unos pocos resguardados debajo de los pocos árboles que hay en la playa, algunos con gorros y sombreros, con trapos mojados, los conductores esperaban el llamado a la descarga. "Nos usan como silos y nos tienen en condiciones inhumanas. El lunes había camiones hasta la autopista Rosario-Buenos Aires", contaron.

Otro problema es la inseguridad. Los camiones varados en la ruta están, según sus conductores, expuestos a robos y a agresiones. "Salen de los pastizales y nos abren las boquillas, no podemos alejarnos de los camiones", contó uno.

Para colmo ayer, en medio de la tensión, corrió el rumor -aclaraban que era sólo eso, "un rumor", de que un camionero había sido apuñalado, y se denunció un asalto. No obstante, y hasta donde se supo, no se radicó ninguna denuncia policial sobre algún hecho delictivo contra los transportistas. Esto no impidió que ellos mostraran su enojo con las fuerzas de seguridad: "No pasó un solo milico en el tiempo que estuvimos en la ruta", dijo uno.

Sorna. "¿Dónde está el sindicato que dirige el gordo que ahora se peleó con Cristina?", preguntó con sorna un camionero en medio del playón, en obvia referencia a la entidad sindical que conduce a nivel nacional Hugo Moyano, pero apuntando dardos al Sindicato de Conductores de Camiones, Obreros y Empleados del Transporte Automotor de Cargas de Santa Fe.

Rojo como un tomate de tanto estar al sol, el hombre reconoció que ahora es propietario del vehículo, pero que fue "durante mucho tiempo" chofer.

"A los muchachos les descuentan la cuota sindical, pero nadie dice nada de las condiciones en la que trabajan", protestó, apelando a la función sindical de velar por la higiene y seguridad en el trabajo.

El problema de la congestión en las rutas del cordón industrial y portuario del Gran Rosario es una constante. A veces se producen protestas aisladas, con quema de neumáticos y otras medidas. Pero esta vez se encendió una mecha de algo más explosivo. Y es preocupante.

Prensa, no

La Capital intentó ingresar a la planta de Cargill para poder hablar con algún directivo o responsable de la firma cerealera. “Tenemos orden expresa de que no ingrese ningún medio de comunicación”, fue la aclaración del empleado de seguridad.

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