Bicentenario

Tienen 12 años y dictaron una clase abierta para los padres sobre violencia

Tienen 12 años, cursan el séptimo grado de la escuela primaria y les dieron una cátedra a sus padres sobre qué es la violencia. Son alumnos del Colegio Nuestra Señora de la Merced de Rosario.

Sábado 12 de Julio de 2008

Tienen 12 años, cursan el séptimo grado de la escuela primaria y les dieron una cátedra a sus padres sobre qué es la violencia. Son alumnos del Colegio Nuestra Señora de la Merced de Rosario.

La clase no fue casual, sino el desenlace de un trabajo reflexivo que se propuso superar retos y sanciones con propuestas donde el diálogo es el privilegiado. Por eso lo llamaron “La palabra pacificadora”.

“Yo pensaba que la violencia eran sólo los insultos y golpes, ahora sé que no es sólo eso”, dice Ayelén Ramírez, de 12 años, al terminar la clase abierta. Ayelén está feliz, sus padres Roberto y Susana fueron a escuchar qué tenían para decir ella y sus compañeros de grado.

“Pensamos que es una manera de ayudarnos entre todos, que la educación es una salida”, dicen los papás de la alumna. Al 7º grado de la escuela de plena zona sur de la ciudad (Regimiento 11 Nº73) concurren 52 alumnos repartidos en dos cursos. Un buen número de familiares participaron de la inusual invitación.

El trabajo lo impulsó la maestra de 7º, Andrea Giordano, preocupada por los hechos violentos que se viven en el barrio y que llegan a la misma escuela. “Somos concientes que este proyecto que emprendimos no va acabar con la violencia, pero estamos seguros de que algo de lo que transmitimos puede ser pensado y reflexionado”, expresa.

Con esa convicción movilizó a sus alumnos a indagar en artículos periodísticos, manuales, consultar a especialistas, realizar encuestas y escribir cartas de lectores a los medios locales sobre situaciones de violencias cotidianas. Un trabajo que comenzó a principio de este año y que los mismos padres se vieron sorprendidos por el interés mostrado por los chicos.

No faltaron las campañas en la misma escuela y hasta charlas por todos los cursos, desde el mismo nivel inicial hasta el 6º grado, a cargo de los alumnos. “Siempre llevaron un mensaje de solidaridad y diálogo”, remarca la profesora de lengua.

Y al fin llegó el día en que los chicos sentaron a sus padres en los bancos de clase. Más ordenados que de costumbre, les pidieron que los escuchen y que “por favor no aplaudan en cada intervención”.

Es que desde el principio quisieron diferenciar la clase de un acto escolar, y hacerles sentir que querían ser escuchados en sus reflexiones.

“¿Y qué es la violencia?”, preguntó una de las nenas que ofició de coordinadora de la clase a los padres, invitándolos a decir lo primero que se les ocurriera. “Inseguridad”, “miedo”, se escuchó decir con timidez de los adultos presentes.

Sin hacerse esperar la cátedra comenzó con láminas, gráficos y datos para explicar desde la violencia familiar, el abuso a las niñas y hasta la vulneración de los derechos a la infancia. La información fue clara, abundante y acorde a la edad de los chicos.

También dramatizaron. En la clase no faltaron las dramatizaciones para explicar preconceptos y actos discriminatorios. “Ay, estos negros que piden monedas para que sus padres se compren vino!”, exclama una nena vestida de “señora” y que es interceptada por un “niño de la calle” para venderle una tarjetita.

Otra escena dramatizada fue para mostrar situaciones muy comunes en las escuelas actuales: apuradas, burlas y amenazas abiertas y solapadas entre compañeros.

De acuerdo a lo que explicaron a los padres, esta vez también para un grupo de maestras que se acercó a tomar nota de la iniciativa, los chicos concluyeron que para “encontrar soluciones a las violencias es necesario contar con una escuela para la democracia, la participación y la cooperación”.

Como medida concreta hablaron de la herramienta que les acerca la mediación escolar. Y nuevamente aparecieron las dramatizaciones donde el conflicto es superado gracias a la palabra.

La maestra Andrea Giordano dice que para más adelante figura en los planes hacer de esta iniciativa un proyecto institucional de mediación, que se sume al que ya existe en esta escuela confesional y que se llama “docentes para la paz”.

A la práctica. Nicolás Freire López tiene 12 años. Dice seguro y sentado en la primera fila de la clase recién terminada que le “gustó cuando se explicaron los distintos tipos de violencia”.

“Todo estuvo muy lindo, bien organizado, los chicos mostraron que reunieron buena información. Ahora hay que poner todo en práctica”, dice la madre de Nicolás que no ahorra elogios de miradas para su hijo. La mamá no oculta su preocupación por la violencia cotidiana que se ve en la calle y confiesa su preocupación sobre la inseguridad que asegura se vive en el barrio para los chicos.

Al final del encuentro, los alumnos repartieron entre los asistentes una revista que incluye la información del tema tratado, reflexiones y opiniones de cada uno sobre la violencia. También, un juego de palabras basado en el poema de Pablo Neruda “Queda prohibido”. Allí los chicos y chicas se animaron a escribir: “Queda prohibido...discriminar, considerar que amenazar está bien y pensar que la violencia no se puede terminar”.

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