Sábado 09 de Julio de 2016
Diz que allá, cuando este héroe, en su gloriosa odisea, cabalgaba por los pagos vecinos al Pasage (sic), un día, al salir de Metán, pronto a partir, y ya con el pie en el estribo, rehusaba el almuerzo que, servido, le presentaban. Llegó un pescador trayéndole el obsequio de un hermoso dorado; tan hermoso, que el adusto guerrero le dio una sonrisa.
Alentados con ella sus huéspedes:
—¡Ah! ¡Señor! Exclamaban, alternativamente
—¡Siquiera estos huevos!
—¡Siquiera esta carne fría en picadillo!
—¡Siquiera estas aceitunas!
—¡Siquiera estas nueces!
San Martín se volvió hacia sus dos asistentes:
—¡Al vientre del pescado todas esas excelentes cosas, y en marcha! Dijo y partió al galope
Escamado, abierto, vacío y limpio en un amén el hermoso dorado, fue relleno con el picadillo, los huevos duros en rebanadas, las aceitunas y las nueces peladas y molidas. Cerrado el vientre con una costura, envuelto en un blanquísimo mantel, fue entregado a los dos asistentes, que a carrera tendida partieron, y adelantando al general, llegaron a la siguiente etapa, donde el famoso dorado fue puesto al horno, y asado, y calentito lo aguardaban para serle servido en la comida. En su sobriedad, San Martín quiso que esta se limitara al pescado y su relleno.
Receta escrita por Deidamia Sierra ,de Torres (Metán Salta) y publicada en Cocina ecléctica de Juana Manuela Gorriti.