Bicentenario

"La escuela es irreemplazable, es la única que enseña a pensar"

Una buena escuela le garantiza a un niño una mejor calidad de vida. Con esta idea la pedagoga Silvina Gvirtz sintetiza la función irreemplazable que tiene la institución en el siglo XXI: enseñar a pensar y a desarrollar nuevas habilidades para aprender de manera permanente.

Sábado 12 de Julio de 2008

Una buena escuela le garantiza a un niño una mejor calidad de vida. Con esta idea la pedagoga Silvina Gvirtz sintetiza la función irreemplazable que tiene la institución en el siglo XXI: enseñar a pensar y a desarrollar nuevas habilidades para aprender de manera permanente.

Silvina Gvirtz es una reconocida educadora. Acaba de presentar el libro “La educación ayer, hoy y mañana. El ABC de la pedagogía”, de la colección Nueva Carrera Docente que dirige en Editorial Aique.

—El título de ABC de la pedagogía sugiere hablar de cuestiones básicas para la escuela y la educación. ¿Cuáles serían esas cuestiones?

 —Una primera cuestión es por qué necesitamos educarnos y por qué necesitamos la escuela hoy en la sociedad del siglo XXI. Si bien para muchos es una obviedad, a la hora de explicarla se apela más a cuestiones emotivas que racionales. Vale la pena entonces rescatar el valor de la educación y de la escuela con argumentaciones basadas en la racionalidad. El segundo punto es la necesidad de repensar la diferencia entre educación y escolaridad, y señalar que hoy nos educamos a través de muy diversas agencias e instituciones, que van más allá de la escuela y que en muchos casos intentan competir con ella.

—Si la escuela ya no tiene ese monopolio, ¿qué le queda por hacer?

—La escuela es relevante porque es la única institución que enseña todo lo referente a las culturas letrada y científica, además de formar en valores que son diferentes a los que proclama el mercado. Esa función es irreemplazable, no hay otra institución que enseñe a pensar. Estas culturas tienen que ver con modos inteligentes que salen de la pasividad de las propuestas que tienen otras agencias como la televisión.

—Este debate tiene mucho que ver con las nuevas tecnologías. Por ejemplo, saber que los chicos son usuarios de internet, pero no siempre de manera crítica. ¿La escuela debería trabajar este aspecto?

—Exactamente. Es que se puede ser un usuario acrítico o un usuario inteligente. La diferencia está en si se fue a la escuela y si se tuvo o no una buena educación. Por ejemplo, cuando se busca información, si los chicos no tuvieron una buena secundaria es común que siempre empiecen por google, cuando hay otros buscadores académicos que ofrecen información más interesante.

—¿Los docentes están preparados para asumir ese rol?

—Están intentando asumirlo, pero es difícil porque no depende sólo de las voluntades, depende de capacitaciones y conocimientos que no les fueron ofrecidos en su etapa de formación. Entonces, es difícil que enseñen lo que no saben. Aquí es donde el Estado tiene que hacer esfuerzos importantes para ofrecer capacitaciones valiosas e inteligentes a los maestros. Es necesario que el Estado empiece a diseñar nuevas estrategias de formación docente para que podamos cumplir con estas nuevas funciones de la escuela que están desdibujadas.

—Es común escuchar que “antes se aprendía más y mejor”. ¿Es así?

—Esa afirmación no se puede probar. Un libro bien interesante es el del francés (Christian) Baudelot “El nivel sube” que desdice esa afirmación. En el primer capítulo muestra frases de 1800 en Francia hasta la actualidad donde las viejas generaciones dicen que “las nuevas están aprendiendo peor”, que “antes la calidad era superior”, son como muletillas de las viejas generaciones para sentirse con más autoridad ante las nuevas, más que una realidad. Antes la escuela cumplía una función importante pero porque los saberes que tenía que enseñar eran más fáciles de ser enseñados. Y los saberes que circulaban no eran cambiantes ni tan poco estables como lo son ahora. Hoy hay que enseñar capacidades para que el chico pueda seguir aprendiendo a lo largo de toda su vida. La escuela tiene que empezar a cambiar sus formas para garantizar la adquisición de esos aprendizajes.

—¿Para garantizarlos, no es necesario también cuestionar la mirada compensatoria que se le asigna a la escuela?

—Esa es una realidad que hay que revertir. La única oportunidad de estos chicos es que sepan mucho, porque no tienen familias que les garanticen una calidad de vida y porque merecen igualdad de oportunidades. Por ejemplo, mientras los chicos de clase media y alta tienen escuelas de doble jornada, los de clase baja tienen una escolaridad de jornada simple.

—Y en peores condiciones...

—La oferta del Estado a los chicos de menores recursos es peor que a los de mejores situaciones. Y un Estado justo debería proponer revertir esta situación. Por eso cuando una escuela tiene que asistir a sus alumnos, debería garantizarse que también pueda educar. Tenemos que proponernos el desafío de que la escuela promueva igualdad de oportunidades, de revertir esa situación con la que nacen los chicos. Es una de las pocas instituciones con capacidad para revertir esa situación, aunque eso no significa que lo haga. Lo hacen si son buenas y tienen buenas condiciones de funcionamiento.

—¿De la educación actual qué le preocupa más?

—La injusticia, la desigualdad. Ahí tenemos un largo camino por recorrer, pero a corto plazo, porque son generaciones y generaciones de chicos a los que no terminamos de cumplir sus derechos. Y para que se cumpla tenemos que reformar algunos mecanismos de distribución del bien educativo.

Marcela Isaías

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario