Bicentenario

Cuentos y juegos que invitan a los chicos a la lectura

Iván tiene 8 años y desparramado en el piso pide para el barrio un parque con calesitas, hamacas y “mucho pasto”. A su lado, su hermanito Julián, de 4, dibuja en un afiche su idea de una plaza ideal. Como ellos, más de una treintena de chicos de la zona oeste de Rosario participaron esta semana del inicio de la propuesta de vacaciones que la Biblioteca Popular Cachilo...

Sábado 12 de Julio de 2008

Iván tiene 8 años y desparramado en el piso pide para el barrio un parque con calesitas, hamacas y “mucho pasto”. A su lado, su hermanito Julián, de 4, dibuja en un afiche su idea de una plaza ideal. Como ellos, más de una treintena de chicos de la zona oeste de Rosario participaron esta semana del inicio de la propuesta de vacaciones que la Biblioteca Popular Cachilo ofrece para que los chicos del barrio se diviertan acercándose a la lectura.

Con “La Cachilo te cuenta” arrancó esta semana la propuesta de julio del espacio cultural de Villa Urquiza. Sentado sen ronda, los chicos escucharon el relato del cuento “La calle es libre” de la escritora venezolana Kurusa Mónica Doppert sobre un grupo de pibes que reclamaban una plaza para el barrio. Tras oír el cuento, los nenes de La Cachilo se pusieron manos a la obra y escribieron y dibujaron pancartas pidiendo una plaza para jugar.

Melisa pidió una hamaca y Luna, sin sacarse las orejeras, escribía todos las cosas que los chicos imaginaban para su parque ideal. Toboganes, canchas de fútbol y árboles para trepar fueron los pedidos de los chicos del barrio. Aunque tratándose de un juego, dejaron volar su imaginación y se animaron a pedir un zoológico, una montaña de algodón, una pista de hielo para patinar y hasta “un spa para descansar”, al que más de un adulto presente en la actividad lúdica de la Cachilo se quería sumar.

El proyecto de contar cuentos a los nenes y nenas del barrio, acompañados por una actividad recreativa, comenzó en febrero pasado con una impronta marcada por la idea de “sacar la biblioteca a la calle”, mediante talleres ambulantes que La Cachilo propone todas las semanas. Con estas acciones, los miembros de la biblioteca popular buscan “desmitificar la idea de que la biblioteca es un lugar aburrido” y acercar a chicos y grandes a este espacio.

“Con estas propuestas queremos tentar a los chicos y a sus padres, salimos con una cañita de pescar, no solamente para que conozcan lo que es un libro sino para que también se acerquen a la biblioteca”, cuenta Claudia Martínez, una de las coordinadoras de La Cachilo, donde también funciona la FM comunitaria Aire Libre. La intención de este tipo de proyectos, apunta Martínez, radica en que los chicos lean y sean usuarios de la biblioteca, y que todos puedan participar de las actividades culturales que ofrece el lugar, como los talleres de plástica, mimo, teatro, guitarra y danza, entre otros.

Para todo el barrio. Con cerca de 13 mil libros especialmente seleccionados, la biblioteca funciona desde hace casi 8 años en la zona oeste de la ciudad, con una variada oferta de talleres para chicos y grandes de Villa Urquiza, Villa Banana o los del Fonavi de Parque Oeste. La propuesta de La Cachilo también abarca el trabajo periódico con las escuelas públicas y privadas de la zona. El nombre del lugar hace referencia al escritor Higinio Alberto Maltaneres, alias Cachilo, tal el apodo con el que pasó a la eternidad el recordado poeta de los muros de Rosario.

Espacios cómodos para disfrutar de la lectura de los cuentos clásicos, historietas y nuevas producciones para los chicos invitan a los habitantes del barrio a atreverse a entrar al mundo que propone el espacio de Virasoro al 5600. Como recomienda Darío Rodríguez, cuyos hijos asisten a los talleres de plástica y mimo que propone el lugar. “El espacio esta bueno, por la comprensión y el trato que tienen con los pibes, y a demás porque ellos participan y son libres de expresar lo que sienten”, cuenta el vecino de la biblioteca. Aunque para que el éxito de este espacio sea completo, pide que los chicos y grandes del barrio “se acerque a descubrir la biblioteca”.

“Despacio, chicos leyendo”, expresa un cartelito colocado en la puerta de la biblioteca, mientras los nenes y nenas eligen de un carrito lleno de libros que cuento les pedirán leer a sus padres. La propuesta está abierta, sólo resta animarse a aceptar la invitación de la Biblioteca Cachilo de que allí “hay un espacio para jugar y leer”.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario