Arquitectura

Guido Buffo, Capilla en Villa Leonor

Por Arq. Horacio Quiroga

Lunes 10 de Mayo de 2021

La pretensión de este escrito es hacer conocer a los rosarinos la existencia de un señor llamado Guido Buffo (1885 -1960) que supo vivir en varias partes, pero creó una villa de descanso – transformada en sus últimos años en vivienda – en “Los Quebrachitos”, final de un hermoso camino entre las sierras, después de dejar atrás Cabana, Unquillo y Río Ceballos.

La villa, una casa de diseño a primera vista intrascendente, tiene una curiosa torre de cuatro pisos, con dos relojes de sol en sus laterales. Se la llamó, en aquel entonces, “Turris Eleonórica” en homenaje a la hija de Buffo. Una extraña escalera exterior permite acceder al último nivel y desde allí a los otros, sin entrar en la casa. Ciento de cuadros, estudios completos sobre los péndulos y los terremotos, etc… se guardaban allí, y en la plataforma superior de la escalera, se colocaba el telescopio que el Observatorio Astronómico de Córdoba le prestaba a Buffo para realizar sus exóticos y, muchas veces, incomprensibles estudios sobre los planetas, el péndulo de Foucalt, entre otros.

Metros más lejos se vislumbran unas formas blancas extrañas, totalmente distintas a la casa, se trata de la Capilla que construyó en 1942, realizada en homenaje a sus muy amadas esposa e hija, muertas por la terrible tuberculosis, otra pandemia, pero del siglo pasado.

Tiene, a la vista, tres volúmenes: uno, quizá el menos expresivo, es su estudio, un cubículo con una puerta. Un par de torres, en plan campanario seguramente, se pueden vislumbrar una vez que se ha podido quitar la vista del objeto más significativo, una extraña cúpula que no puede ser calificada como “cónica” ya que sus bordes son levemente curvos. Se trata de una forma inspirada en el cáliz de una flor muy común en la zona llamada Cardo Santo. También la entrada conserva este diseño cónico curvo. Todas las terminaciones de los campanarios y la gruesa moldura que decora la entrada tienen una decoración dentada, una suerte de rudo “art déco”.

La cúpula tiene en su extremo superior raros agujeros de distinta medida, son enormes bolas de vidrio insertas en el espesor del muro que iluminan el interior, lo hacen de una manera intencional y premeditada. Según la hora del día iluminan las partes más relevantes de las pinturas que se encuentran en el interior, y hasta se dice que en los días de cumpleaños de sus amadas muertas una lucerna ilumina el rostro y recorre el cuerpo a lo largo de la jornada.

Queda por relatar quizá lo más difícil: el extraordinario espacio interior de la cúpula. Sus muros fueron íntegramente pintados al fresco por el propio Buffo, en forma completa y total. Primero revoque de una parte de cal y dos de arena gruesa, luego una delgada capa de fino sobre la que se comenzaba a pintar a pincel con “paleta de pocos colores: Windsor y Newton” al decir de Guido. Se pueden apreciar formas tremendamente significativas que van desde unas manos de diáfana transparencia sosteniendo con suavidad una burbuja que parece flotar, en una suerte de representación divina, hasta varias imágenes de sus mujeres fallecidas, siempre cubierta de tules y sedas. El piso es otra tremenda exposición de objetos, las lápidas de Elenora y Leonor y del propio Buffo, por delante de un altar construido sobre un grueso tronco, y una serie de planetas relacionados con la presencia de los péndulos de Foucalt.

Buffo nació en Treviso, Italia, en 1885. Estudia allí, bellas Artes en Venecia y en la Escuela de Bellas Artes M.E.Marcel de París. En 1910 llega a Buenos Aires, y luego se instala en las sierras cordobesas. En Córdoba es nombrado profesor de estética en una escuela secundaria, a la par que diseña la nueva fachada de la Iglesia de la Compañía de Jesús.

En 1914 se radica en Rosario, ejerciendo el cargo de profesor de dibujo en la Escuela Profesional de Mujeres, y en 1918 el mismo cargo en el Colegio Nacional de Rosario. En 1924 es nombrado Presidente de la Comisión Provincial de Bellas Artes de Santa Fe.

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En 1942 inicia la construcción de la capilla en Villa Leonor, donde en 1945 instala el primer péndulo. En 1950 funda e inaugura el Parque de Montaña de la Villa y comete el tremendo error de donar todos sus bienes a la Nación Argentina. Este gesto no fue debidamente reconocido por nadie ya que los propios vecinos de Unquillo cometieron actos de intrusión y vandalismo que terminaron con los cuadros, estudios y archivos guardados, muebles y demás enseres de la casa. Afortunadamente, algunas carpetas descansan ahora en la Municipalidad.

En 1960 fallece en Córdoba Capital incorporándose sus restos a los de sus amadas mujeres en la Capilla.

Quizá sea oportuno responder ahora a los interrogantes del título: ¿Fue arquitecto Guido Buffo?

No está registrado título alguno en ninguno de los sitios por donde lo llevó la vida, pero ¿no es la arquitectura “el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz”?, como diría el maestro Le Corbusier, o viendo una casa de Hassan Fathy en las afueras del Cairo con una cúpula con ventanas al estilo Buffo, la arquitectura es el sabio juego de la luz dentro de unos volúmenes.

Si estas afirmaciones son ciertas, queda perfectamente claro que Guido Buffo fue un artista excepcional, múltiple. No se sabe a ciencia cierta si fue arquitecto, su diploma nunca se vio, ni su matriculación en ningún colegio de algún lado, pero su manera de manejar los volúmenes, el espacio y las luces, lo legitiman como un excepcional maestro, también en el sofisticado arte de la arquitectura.

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