Los que bajaron de los barcos
El homenaje de La Capital a aquellos de quienes habitualmente no se habla, pero que constituyen el pilar sobre el que se apoya el progreso social.

Domingo 10 de Diciembre de 2023

“Aquel rancho, aquel árbol, aquel trigal inmenso, / aquella trilladora que atravesaba el pueblo”. De esa manera evocaba el gran poeta galvense José Pedroni, con su voz mansa, el paisaje rural de Santa Fe, que constituye el verdadero, indiscutible corazón de la provincia.

La Capital, el Decano de la Prensa Argentina, se presenta como la inconfundible voz de la ciudad que lo vio nacer, Rosario, pero también se lee desde siempre en las localidades del interior santafesino, donde el vértigo urbano resulta ventajosamente sustituido por el silencio y la calma.

Consciente de esa raigambre profunda, el diario destina importantes espacios de su edición cotidiana (tanto en su formato tradicional en papel como en su dinámica versión virtual) a lo que sucede en la región, caracterizada por su irrenunciable pujanza.

Y es que el interior provincial se yergue como poderoso hijo de la inmigración europea, que le dio forma a un estilo de vida signado por el trabajo incesante, por el esfuerzo carente de límite o medida. Así, casi sin descanso, edificaron aquellos hombres y mujeres, muy de a poco, la prosperidad. Habían bajado de los barcos. Provenían de múltiples naciones, aunque Italia, España y también Alemania hayan sido las que más viajeros aportaron. Para describir el rigor de sus días acaso convenga recurrir a la voz de otro poeta, en este caso el recientemente fallecido Jorge Isaías, quien en su valorada “Crónica gringa” relataba, con modos de moderno payador: “Los míos nunca entraron a tallar en las historias. / Destriparon terrones en absolutos junios con heladas / y dieron hijos con penurias fijas en la dureza de esta tierra. / Hubo arados con gaviotas. Hubo lentas trilladoras / junto a las trenzas rubias de mis tías / y el torso desnudo de tanto cosechero”.

Lo que Isaías canta y cuenta a la vez en su libro ya clásico no es otra cosa que la odisea de aquella gente, esos inmigrantes que nunca escatimaron sudor en su entrega a la tierra. Y como premio a su generosidad sin pausas, el mismo paisaje que supo someterlos al rigor de los inviernos terminó por devolverles mucho más de lo que ellos habían dado. Los descendientes de aquellos anónimos héroes aún continúan allí, como los últimos y legítimos eslabones de una virtuosa cadena.

La Capital es profundamente consciente de la importancia crucial de su labor, y también de su ejemplo, en la construcción de una provincia en cuyo entramado la ruralidad resulta decisiva.

Con esta primera publicación especial de una saga que abarcará más localidades, el diario quiere homenajear a aquellos de quienes habitualmente no se habla, pero que constituyen el pilar sobre el que se apoya el progreso social. Para ellos, para los bisnietos y tataranietos de quienes bajaron de los barcos, se ha realizado este trabajo.