Crispi: una historia inmensa, en un pueblo pequeño
Donde nunca se rinden ante las adversidades

Domingo 10 de Diciembre de 2023

Al igual que centenares de urbes del interior del país, Crispi tuvo una época de esplendor y crecimiento en tiempos de inmigrantes, que veían a las grandes extensiones de tierras como sinónimo de progreso asegurado. La historia de esta pequeña población del centro oeste santafesino, que antaño superó los tres mil habitantes y hoy apenas alcanza los 200 en la planta urbana y 700 con la zona rural, parece atada al olvido, con un sinnúmero de sueños y proyectos intactos que alimentaron la esperanza de resurgir, generación tras generación.

Para llegar al pueblo, es necesario recorrer veinte kilómetros hacia el oeste por la ruta provincial 64 desde Sastre, la cabecera del departamento San Martín. En el acceso, un arco da la bienvenida y a unos quinientos metros hacia el sur se encuentra la plaza central. Sobre las calles que la circundan se ubica la mayor concentración de viviendas; en las laterales comienzan a alternar casas con terrenos baldíos.

El primer contacto con algún vecino basta y sobra para apreciar la bondad y el espíritu hospitalario característico de los lugareños que, en su mayoría, se dedican a actividades agropecuarias y los servicios satélites, que dependen de ellas.

Alrededor de la plaza se sitúan la comuna, el club social, la escuela, el hospital, la comisaría y el juzgado de paz. También el antiguo edificio que albergó hasta hace unos años el almacén de ramos generales que proveía a los pueblerinos y a quienes viven en la colonia -la más grande del departamento San Martín-. Cuentan que en épocas de esplendor allí se podía comprar desde una aguja hasta una cosechadora.

Hay cinco policías en la comisaría, que se ocupan de la seguridad de la población y de la zona rural y dependen de la Unidad Regional XVIII con cabecera en Sastre. De esta última también es el médico que dirige el hospital. La comuna, además de los servicios básicos, administra un sistema de distribución de agua potable, un comedor para los niños y la asistencia en emergencias.

El Club Social y Deportivo Crispi históricamente fue sede de los grandes acontecimientos. Allí todos los habitantes se encuentran para continuar con la tradición de reunirse como una gran familia, para festejar la Navidad, las fiestas patronales y el día de la independencia.

Desde su fundación, Crispi sufrió la migración de jóvenes, quienes al finalizar la escuela secundaria emigran hacia otras ciudades para continuar sus estudios.

Pero la mayor causa de incomodidad que generó la migración de gran cantidad de familias fue el aislamiento. Desde que la economía era promisoria, los crispenses bregaron por conseguir que se pavimente la ruta 64, que los comunica con Sastre. También abrigaron la esperanza, en dos oportunidades, de que el ferrocarril bendijera con su paso el futuro del pueblo y revirtiera el marcado retroceso.

Además, sufrieron un accidente que los dejó sin la principal industria -la explosión de la caldera de un molino harinero- y varias inundaciones que obligaron a que muchas familias emigren.

El molino había llevado a Crispi a ocupar uno de los primeros lugares en importancia dentro de las localidades de la zona. Algunos pobladores aseguran que “el pueblo tenía de todo. Si no hubiera explotado el molino, la historia sería distinta. Era una localidad muy progresista.

El desvío de una traza ferroviaria, la explosión del molino y las inundaciones figuran entre las causas que impidieron el incremento poblacional y el progreso económico del pueblo.

Pero la historia tomó un rumbo diferente con la concreción del enlace vial que unió a Crispi, Castelar y Las Petacas con Sastre en octubre de 2006. Fue así que las posibilidades de transitar desde y hacia el pueblo dejaron de ser un problema. Actualmente se erigen entre sus grandes ventajas, la vida serena entre vecinos que conforman una gran familia y la esperanza centrada en progresar de la mano de la actividad agropecuaria y sus actividades vinculadas a ella.