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"Alguien tiene que saber algo más y no lo dice por miedo", sostuvo el padre de Chiara

Conmovedor testimonio del papá de Chiara, la chica asesinada y enterrada en el patio de una casa en Rufino. Fabio Párez acentuó su pedido de justicia y colaboración de la sociedad. 

Domingo 17 de Mayo de 2015

Fabio Páez tenía el domingo pasado todo listo para festejar. Su hija Chiara había cumplido 14 años el viernes, y el lunes, él cumplía 47 y Tania, otra de sus hijas, 27. Un buen asado para celebrar cumpleaños triple. No pudo ser. Ese mismo domingo, Chiara desapareció y después de una intensa búsqueda fue hallada muerta a golpes y enterrada en un patio. “El lunes me tocó vivir el cumpleaños más horrendo de mi vida, el regalo más triste, velando a mi chiquita”. Así empezó el diálogo con La Capital.

   Probablemente Chiara haya estado celebrando su cumpleaños con las amigas, con las que se había reunido el sábado en la casa de una de ellas. A la medianoche, les dijo que se iba a encontrar con el novio, quizás para festejar con él también. Prometió volver antes de la 1.30. Nunca lo hizo. Las amigas le mandaron mensajes por el celular, que fueron respondidos con una escritura que les resultó extraña. Llamaron al novio, de 16 años, quien les dijo que ya no estaba con ella. Se asustaron, llamaron a la mamá, y allí comenzó una búsqueda frenética que duró todo el día, hasta que unos perros especialmente adiestrados para rastrear se pararon sobre un montículo de tierra: la tumba de Chiara.

   Los Páez están asustados. Tienen miedo de que el crimen quede impune, de que los investigadores no tengan recursos para trabajar, miedo a la reacción que esto pueda generar en Rufino, donde viven. Pero también tienen miedo del miedo de los demás, porque están seguros de que en el entorno de la casa donde apareció la chica, en la cuadra, en el vecindario, alguien sabe algo que no dice por miedo. Por eso el desesperado pedido a la comunidad para que colabore.

   Fabio mantuvo ayer un diálogo telefónico con este diario. Fue una charla larga, frontal, sincera, entre periodista y entrevistado pero también de padre a padre, ambos con hijas de 14 años, una viva, la otra ya no. “¿Te das cuenta? Con sólo pensarlo te da escalofríos. Por eso queremos justicia, que no se tape nada y que se llegue hasta las últimas consecuencias, porque hoy le tocó a mi hija, pero mañana le puede pasar a otra chica”, dijo en un pasaje de la charla.

   Después de la tragedia, a Fabio le cayeron algunas fichas. Su ex esposa y mamá de Chiara, Verónica Camargo, le contó lo que no sabía: que la nena estaba embarazada. Iba a ser su tercer nieto, después de los dos que le dio Yanina, su primera hija, hoy de 28 años. “¿Cómo no la iba a entender si yo mismo fui papá a los 18 años? Podía haber venido tranquilamente a hablar conmigo por el tema del embarazo, yo no le hubiese negado la ayuda en ningún momento”, lamentó. Pero su conciencia está limpia. “Si hubiese habido algún antecedente de violencia por parte del novio y yo lo dejaba pasar, hoy me estaría matando el remordimiento. Pero no hubo nada de eso, el chico era tranquilo, mi ex cuñada había sido preceptora en la escuela donde estudia y tenía buena conducta, Chiara jamás me dijo nada, y yo sabía que el novio iba a la casa y pasaban horas juntos. ¿Cómo imaginar esto? Por eso digo que es escalofriante, es lo que más asusta, lo que lo hace más macabro. Uno no sabe al lado de quién está”.

   Esta falta de antecedentes y la imagen que el chico tenía entre todos los que lo conocían también llevan al padre de la chica a pensar que su responsabilidad en el crimen quizás no sea tanta como él mismo la relata. Manuel M. se declaró como único autor del asesinato y del enterramiento, pero Páez está convencido de la participación de los adultos, “quizás no todos”, pero sí alguno. Y de que “todos en esa casa supieron lo que pasó y vieron el cuerpo de mi hija. Como padre tengo la seguridad de que todos supieron que mi hija estaba muerta ahí adentro. En la casa de cualquier persona normal, cualquiera se despierta ante algo tan brutal”, piensa. “La gran duda es que el chico haya tenido o no la participación que dice tener, y esté encubriendo a los adultos”, Todo esto, no obstante, es parte de la investigación.

Los chicos. El hombre tuvo seis hijos. Después de Yanina y Tania venían Romina, de 18 años, y Chiara, ellas dos hermanas por padre y madre. Fruto de un último matrimonio nacieron Manuel, hoy de 9 años, y Delfina, de 7. La madre de estos niños falleció de cáncer. “¿Te das cuenta? Hace un año y medio les tuve que decir que su mamá había fallecido, ahora me tocó contarles que a la hermana la habían asesinado. Traté de suavizarlo lo máximo que pude, pero tenía que decírselos. Podían estar mirando los dibujitos, cambiaban de canal y se encontraban con la foto de la hermana”, imaginó. Delfina era la más apegada a Chiara. Era “el juguete” de la hermana mayor, recordó el padre. “Los chicos están muy mal”, reveló el papá.

   Chiara y Manuel estaban de novios desde hacía unos ocho meses. La chica tenía un embarazo de ocho semanas, que era conocido por las madres de ambos. Hoy, la investigación busca, entre otros puntos, confirmar la hipótesis de que su estado de preñez haya sido el desencadenante de la golpiza que recibió y que le provocó la muerte, e incluso se intenta dilucidar si no hubo un intento de forzarla a abortar. “Existe la sospecha de que obligaron a abortar, y al no poder hacerlo uno empieza a pensar que ese haya sido el motivo que desencadenó el crimen”, señaló el padre.

   Desde ya, la imputación a los dos adultos en la causa, Carolina V. madre del novio de Chiara, y el concubino de ésta, Carlos C., es por ser partícipes necesarios del crimen y por aborto no consenti-

do por la víctima, en la idea de que el solo hecho de haberle producido la muerte implicó la interrupción del embarazo. Durante la semana, la mamá de la adolescente dijo en más de una oportunidad: "Si el problema era el embarazo, se hubiesen abierto, no tenían por qué cometer esta brutalidad".

Según pasan los días. La ciudad de Rufino amaneció consternada el lunes pasado. La noche anterior, y tras un día de intensa búsqueda, el cuerpo de Chiara había sido encontrado enterrado en el patio de la casa de San Martín al 800, en Rufino. Poco antes de que la policía llegara a la vivienda donde vivían su novio, la madre y su concubino, y los abuelos del chico, el padre sacó a Manuel de la casa y lo llevó a la Alcaidía, donde el muchacho confesó haber sido en autor del crimen.

El lunes fue un día de luto. El cuerpo de la chica fue velado en la sala mortuoria de la Cooperativa Eléctrica de Rufino, adonde se acercaron familiares, amigos, allegados y vecinos. El clima era de conmoción y dolor.

El martes, los restos de la chica fueron inhumados en el cementerio municipal. Antes que esto, la chica recibió el responso de los sacerdotes Diego Cavanagh e Iván Micalone. Y camino al entierro, el cortejo pasó por el colegio Nuestra Señora de la Misericordia, donde estudiaba la chica. El momento fue especialmente emotivo, porque allí estaban sus compañeras de segundo año, las que la habían acompañado durante toda su escolaridad primaria. Por la noche, una imponente manifestación clamó por justicia.

Por el caso quedaron detenidos cuatro adultos: la madre del novio, el concubino de ésta, la abuela del chico, Paulina Z., y su compañero y abuelo de crianza de Manuel, Tomás V. Estos dos últimos recuperarían horas después la libertad.

Mientras los restos de Chiara eran velados, el martes mismo se realizaba la reconstrucción del hecho, donde el chico mantuvo su confesión y dijo en todo momento que él había sido el único autor del crimen. Incluso, cuando le dieron una pala para que cavara un pozo como aquel en que estaba depositada Chiara, lo hizo en menos de media hora, tratando de demostrar que el había podido hacer todo solo. Pero su testimonio tenía para los fiscales grandes inconsistencias, su versión resultaba mendaz en cuanto a la mecánica del homicidio, lo que llevó a los investigadores a centrar la atención en los adultos.

Partícipes necesarios. El jueves, la madre y el padrastro del chico fueron imputados como partícipes necesarios a pedido del fiscal Mauricio Clavero. Así lo dispuso la jueza interviniente, Lorena Garini, que sin embargo pospuso para mañana la confirmación del pedido de prisión preventiva de ambos. Esto último no dejó satisfecho al padre de la joven, que busca celeridad en la causa y cree que "hay medios para los asesinos pero no para las víctimas". Le preocupa la falta de recursos en la investigación, y que por esto no se esclarezca el caso. "No hay medios, pero para otras cosas sí hay", dijo, en su lógica angustia.

El hallazgo de prendas con manchas compatibles con sangre, presuntamente del padrastro de Chiara, sería hasta ahora el elemento más fuerte para sostener la imputación, aunque faltan los estudios que determinen si la sangre es realmente de la chica. En una carrera contrarreloj, los investigadores buscan pruebas y elementos que acrediten la participación de los adultos. Pero no es fácil. El fiscal regional fue claro el viernes al decir que este caso "no está esclarecido". Por eso el pedido de colaboración de la gente que formula Fabio. "En el entorno de esa casa hay gente, los mismos vecinos, que puede saber algo que no está diciendo por miedo, por el «no te metas». Faltan pruebas, faltan elementos, y hay personas que podrían colaborar y no lo hacen, no porque no quieran, sino porque están temerosos. Pero que la haya pasado a mi hija también da miedo, porque esto le puede pasar a otra nena", afirmó.

Este fue uno de los ejes centrales de la charla que los padres mantuvieron el mismo viernes con el fiscal general de Venado Tuerto, Alejandro Sinopoli, los abogados representantes de la familia, Gerardo Salaberry y Natalia Ferrero, y el padre Cavanagh. Fue en la misma parroquia de la Santísima Trinidad, donde Páez se despachó. Junto a su ex esposa, pidieron más recursos para la investigación, imploraron la colaboración de la comunidad e hicieron un llamado a la paz social. Es que también temen que la impunidad genere fuertes reacciones en una ciudad que todavía no sale de su asombro y de su indignación.

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