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Alejo, el nene que le donó médula ósea a su papá con leucemia, dijo que lo va "a sanar"

El chico de 8 años de Puerto San Martín que le donó médula ósea a su papá enfermo de leucemia dijo que espera con muchas ganas reencontrarse con él.

Martes 25 de Julio de 2017

"Alejo es un genio, un ángel...". Palabra de padre. Rodolfo Ferrero hace lo imposible para no emocionarse más de a cuenta a través del teléfono. La entrevista lo ubica en el hospital de Buenos Aires donde se recupera de un trasplante de médula ósea donada por su pequeño de 8 años. Un gigantesco acto de amor.
La familia Ferrero es oriunda de Puerto San Martín: Papá Rodolfo tiene 27 años y hace un tiempo descubrieron que padecía de leucemia. No había demasiado tiempo. Un trasplante sería la única solución. Quien se ofreció a ayudarlo es Alejo, el hermano de Nahuel, el que le manda besos al aire y le pide disculpas a su papá "por todas las cosas que le hice".
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"Sí, hablé con papá y le dije que lo quiero mucho y que lo voy a sanar. Y que me perdone por todas las cosas malas que le hice... Hola pe, te extraño. Espero que estés bien. Yo ya voy a ir con vos. Te amo, muaaa!!!", le dice Alejo a Rodolfo y se seca con la manga las lágrimas sobre su rostro.
Del otro lado, papá escucha buscando los límites para no quebrarse. No es bueno en su estado emocionarse. Pero ese gigantesco mimo al alma de su hijo no puede pasar desapercibido.
"Si te ponés a pensar, tiene 8 años y no vino al mundo para eso. Pero es lo que nos toca vivir y siempre estuvo dispuesto a querer ayudarme y acá estamos, esperando lo mejor".
"Lo estaba viendo por televisión. Es un momento muy difícil y es inexplicable la sensación. Alejo es un genio, un ángel. Siento mucha felicidad, es algo inexplicable. Si te ponés a pensar, tiene 8 años y no vino al mundo para eso. Pero es lo que nos toca vivir y siempre estuvo dispuesto a querer ayudarme y acá estamos, esperando lo mejor. Me siento muy bien gracias a Dios muy bien de salud", cuenta en la entrevista Rodolfo .
Cuenta cómo está llevando la quimioterapia y tiene un segundo para acordarse de su otro hijo, Nahuel, "el terrible" como lo define. Se lo escucha un poco cansado pero con la emoción envolviendo cada palabra.
Le cuentan que su hijo le pidió disculpas por las cosas mala que le hizo. Rodolfo apela a su corazón y responde: "No tengo nada que perdonarle. Al contrario, él debería perdonarme a mí. Tal vez por no cumplir con las expectativas de padre. Ahora quiero curarme porque ellos son mi motor y voy a seguir peleando hasta último momento".

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