Agroclave

Precisión para sacar provecho de cada lote

•La información detallada es parte de la producción del futuro. El papel de los mapas de productividad y rendimiento en la gestión del negocio.

Sábado 07 de Septiembre de 2019

La tecnología de precisión generó una nueva revolución en el campo. La información detallada sobre cada lote es parte de la agricultura del futuro que busca, en las soluciones a medida, sumar rindes, maximizar rentabilidad y reducir costos. Y ese aporte hoy está disponible en la Argentina a través de los mapas de productividad y rendimiento, un servicio rápido y de bajo costo que el productor puede usar para minimizar riesgos.

Con estas herramientas "se acabaron el «masomenómetro», y las interpretaciones subjetivas, ahora es posible analizar y tomar decisiones sobre datos concretos y totalmente objetivos, generados en la propia explotación y de manera extensiva, no a nivel ensayo", planteó Ezequiel Krieger, ingeniero agrónomo, quien se desempeña como asesor en agricultura y ganadería por ambientes. El especialista disertó en Rosario sobre el conocimiento de los ecosistemas productivos como llave para el desarrollo sustentable.

Krieger explicó que, básicamente , hay dos maneras de iniciar el proceso de ambientación de los campos. Por un lado, a través de análisis químicos y físicos en grilla, y por otro, a través de mapas de productividad (MP). En el primer caso, si bien se genera muy buen nivel de información, "tiene un costo muy alto de alrededor de 35 dólares por hectárea o más, dependiendo del contratista del servicio", dijo. "Esto restringe las posibilidades de aplicación a lotes de prueba, o a un proceso de incorporación de lotes a largo plazo, por los altísimos costos que implica", agregó.

En el caso de los mapas de produtividad, se abre la posibilidad de implementarla en campos alquilados, "por su bajo costo y la rapidez en su obtención", detalló Krieger. Precisó que se trata de una metodología que utiliza el promedio de varios años de imágenes de índices verdes (NDVI) durante el período critico del cultivo de maíz.

El especialista aclaró que se utiliza el maíz como sensor biológico de la aptitud productiva de los lotes aunque se pueden utilizar otros cultivos. Pero la preferencia por el cereal es debido a que su tasa de crecimiento está directamente relacionada a la calidad de su ambiente.

Krieger destacó en este punto el trabajo de la empresa rosarina Geoagro by Tek, "que es la principal impulsora de este método, líder del sector, que está realizando proyectos de innovación tecnológica en más de dos millones de hectáreas en todo el país".

El mapa representa con distintos colores la productividad que tuvieron históricamente las diferentes zonas de un lote. Esa historia se obtiene mediante el análisis de imágenes satelitales de años anteriores, que son seleccionadas especialmente, de acuerdo a fechas clave, según detalla la propia empresa.

El proceso. En un escenario de alta variabilidad climática y cambiaria, propios de la Argentina, minimizar los errores son la diferencia entre una agricultura rentable y una que no lo es.

Con esa intención, Krieger dio detalles de la agricultura por ambientes en el marco de uno de los talleres del congreso de Aapresid y mostró un ejemplo de uno de los mapas de productividad realizado en 6 mil hectáreas del NEA, de las cuales 4 mil son de Sachayoj (Santiago del Estero) y 2 mil en Las Piedritas (Chaco).

"Se dividieron los ambientes en siete clases, que van desde muy alta productividad hasta muy baja productividad, este último corresponde con una vía de escurrimiento natural, donde con el paso de los años se fue modificando la estructura de los primeros centímetros de suelo, y lixiviando nutrientes", explicó el especialista.

Para eso mostró en un mapa con distintos colores las zonas, en las cuales los azules marcaban la productividad más alta, en distintas gamas de verdes desde la media alta hasta la baja, para finalizar con el amarillo, que expresa la productividad nula.

Una vez obtenida esa información, el paso siguiente, "no menos menos importante", es el proceso de validación de ambientes, agregó Krieger. Eso implica comenzar a realizar análisis químicos y físicos dirigidos, en los sectores de baja y alta productividad.

"El objetivo de esto es interpretar, conocer y comprender el comportamiento de cada ambiente, cuáles son los factores que limitan el desarrollo de los cultivos, para luego implementar un manejo sitio específico para poder levantar los pisos de rendimientos, como también incrementar los techos", especificó.

Además, otro paso clave en el proceso de validación de los mapas de productividad "es cotejar los mismos con el mapa de rendimiento", agregó el especialista. Este servicio también lo ofrece Geoagro by Tek y permite una información mucho más detallada, al permitir el cruce de los datos de rendimiento de cada sector del lote con su ambiente. "De esta manera, comenzamos a registrar y cuantificar la respuesta de cada ambiente para cada año y manejo realizado", dijo Krieger.

Sumar rindes. Y para eso, volvió sobre un ejemplo concreto. En la zona del NEA sobre la cual trabajaron, se realizó un análisis de agua útil a dos metros, previo a la siembra de maíz. En ese caso, se extrajeron dos muestras, una correspondiente a un ambiente de alta productividad y otra a un ambiente de baja productividad. "El resultado fue que, en este caso hubo diferencia de 51 milímetros de agua", destacó Krieger.

Ese dato no sólo aporta información específica del lote, que no hubiese sido representativa si no estuvieran ambientados. Lo más importante es que ubica puntualmente la capacidad de rendimiento en cada zona del mismo. "En años secos, la eficiencia de uso de agua del maíz puede ser de hasta 55 kilos de grano por milímetro de agua. Esto significa que, desde el inicio, tenemos una probable diferencia en cuanto al potencial de rendimiento de más de 2.800 kilos entre ambos ambientes", detalló.

Además, "el valor de agua útil es unos de los parámetros que más influencia tienen en la determinación del rendimiento final de los cultivos en agricultura en secano", agregó.

Por otra parte, Krieger también mostró como el proceso de validación de ambientes permitió contrastar los niveles de materia orgánica entre uno de alta y otro de baja productividad. "Los valores van desde 3,5 por ciento en el primero a 2,1 por ciento en los segundos", dijo. Y si bien aseguró que esto se debe a diferentes manejos históricos de esos suelos, en rigor la información sobre el estado permite tomar decisiones sobre cómo actuar en ellos.

Otra de las ventajas que ofrece el mapa de productividad es que permite conocer "las diferencias de impedancia (resistencia) que puede llegar a tener una misma unidad productiva".

Para eso, realizaron en el campo un análisis de la resistencia mecánica a la penetración de raíces y se encontró que el sector de baja productividad se comportaba como tal debido a valores mayores a 2,5 MPa (megapascales) desde los primeros cm del suelo. "Estos valores son sumamente restrictivos para el desarrollo de las raíces, e impiden una normal exploración radicular, con la consecuente limitación del cultivo en dicho sector para extraer agua y nutrientes, como también la dificultad de generan un buen anclaje", explicó el especialista.

Finalmente, esa suerte de foto detallada sobre el lote también es una sustancial contribución al bolsillo del productor, ya que mediante el mapa de productividad es posible generar prescripciones de tasa variable de insumos (semillas y agroquímicos) agrupando diferentes ambientes.

En el caso del ejemplo, "se muestra un caso de prescripción de tasa variable de semillas, donde se deja una franja con dosis de siembra testigo (la que se hubiera usado en caso de sembrar el lote a dosis fija), y además, se colocaron dentro de la prescripción microensayos de dosis de siembra, para poder corroborar cuál es la densidad óptima", detalló.

Todo este proceso, "genera gran cantidad de información, ya que es posible cruzar los datos de las prescripciones de tasa variable de insumos con el mapa de rendimiento obtenido de la cosechadora, y de esta manera saber fehacientemente el impacto productivo de cada práctica de manejo implementado", explicó.

"Toda esta información generada en el propio establecimiento es de un valor enorme, es muy importante saber gestionarla para poder retroalimentar el proceso productivo y ayudar en la toma de decisiones a futuro", concluyó Krieger.

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