Granos

Particularidades del trigo en el sur de Santa Fe

Existe una brecha muy importante entre los rendimientos potenciales y los reales. Factores que influyen y prácticas para reducirla.

Sábado 23 de Mayo de 2020

En la subregión triguera II norte, de la que forma parte el sur de la provincia de Santa Fe, el trigo es un importante cultivo por sus aportes a la sustentabilidad de los sistemas de producción. En esta zona, se realiza de forma ventajosa el doble cultivo con la soja porque el cereal desocupa los lotes a fines de noviembre, permitiendo la siembra de la oleaginosa en fecha adecuada.

En la actualidad existe una brecha muy importante entre los rendimientos potenciales y los reales. El artículo analiza los principales factores que contribuyen a la brecha y las prácticas más importantes para reducirla, entre las cuales se mencionan: aquellas que definen la estructura del cultivo (genotipos, fecha y densidad de siembra) y las que modifican el ambiente explorado (manejo de los nutrientes, protección de adversidades bióticas y manejo del agua).

Los datos mencionados surgen de muchos años de experimentación en el campo experimental del Inta Oliveros y en campos de productores, en distintas localidades de esa zona.

En los últimos cinco años, Argentina duplicó su producción y triplicó sus exportaciones de trigo. En la campaña pasada (2019/20) con un área sembrada 6,5 millones de hectáreas se obtuvo una producción de 19,5 millones de toneladas, con un rendimiento promedio de 30 qq ha. En los últimos 30 años, los rendimientos aumentaron a una tasa del 0,8% anual. Las variedades mejoradas fue el factor que más contribuyó al incremento del rendimiento, aproximadamente en más de un 50%, junto a las tecnologías de manejo aplicadas y a la interacción genotipo – ambiente.

Sin embargo, la brecha entre el rendimiento potencial y el real sigue siendo muy grande, con porcentajes que varían de un 20 a un 50% según la región triguera. En el NOA es de un 50%, en la región Centro (S de Córdoba y Santa Fe; Norte de Buenos Aires) varía entre un 30-35% y en el SE de la provincia de Buenos Aires (subregión IV) de un 20%.

Específicamente para el Sur de Santa Fe, el rendimiento promedio obtenido con las tecnologías disponibles y ya en uso por los productores, es del orden de 4.200 kg ha, mientras que el rendimiento promedio de la región está en el orden de los 3.500 kg ha. Si se tiene en cuenta que el rendimiento alcanzable, combinando las mejores tecnologías de manejo e insumos y limitado solamente por déficit hídrico, es de 5.900 kg ha, es posible pensar que se pueden mejorar sustancialmente los rendimientos promedios de esta zona.

Las decisiones de manejo más importante para reducir las brechas de rendimiento son de dos tipos: aquellas que definen el tamaño y distribución espacial de la estructura del cultivo como elección del genotipo, fecha de siembra y densidad de siembra y las que modifican el ambiente explorado por el cultivo como manejo de los nutrientes (fuente, momento y dosis) y protección de los cultivos (malezas, enfermedades y plagas) o manejo del agua

Sin duda, las decisiones de manejo deben tratar de colocar el periodo crítico del cultivo en condiciones ambientales que maximicen el rendimiento, con el mínimo impacto negativo en el ambiente. En trigo, este período se ubica 20 días antes de antesis y los 10 días posteriores. Por este motivo se debe conocer las etapas de crecimiento y desarrollo del cultivo y de los componentes de rendimiento que se generan en cada una de ellas. Frente a un estrés puntual, el componente de rendimiento más perjudicado es el número de granos por unidad de superficie.

Un factor decisivo en el rendimiento del trigo es el barbecho previo a la siembra, tiempo en el cual el suelo debe permanecer con suficiente cobertura de rastrojos del cultivo anterior y libre de malezas.

El trigo es uno de los cultivos que por su estructura y la época en que se desarrolla, es “poco afectado” por la competencia de malezas. No obstante, se debe procurar que no presente competencia por malezas en las etapas tempranas de crecimiento y desarrollo, por ejemplo, entre 5 – 7 hojas verdaderas (macollaje). En ese momento, en el ápice de crecimiento se define el estadio de espiguilla terminal (ET) donde la futura espiga ya definió la totalidad de sus estructuras reproductivas, siendo especialmente sensible a cualquier estrés que podría limitar el número de granos por unidad de superficie. El consejo es no sembrar con malezas vivas y aplicar herbicidas en época temprana para controlarlas.

Variedades y fechas de siembra

Con respecto a las variedades a utilizar, los ensayos comparativos de rendimiento (ECR) realizados durante 13 campañas consecutivas, muestran que las ciclo largo e intermedio, con un rendimiento promedio de 4.484 kg ha, tuvieron un mejor comportamiento que las de ciclo corto que alcanzaron 4.195 kg ha, con una diferencia de 289 kg ha.

En el Sur de Santa Fe se determinó que las siembras tempranas, de fines del mes de mayo/principios de junio, maximizan el rendimiento del cultivo porque ubicarían el periodo de antesis/inicio de formación del grano a una menor temperatura, incrementando el número de granos por área y el peso de estos. Los mayores pesos de granos se han obtenido con temperaturas durante la etapa de llenado de los granos, entre 17-19 ºC, y con una amplitud térmica no inferior a 12-13 ºC.

Es importante una correcta elección del genotipo porque, además del rendimiento, define la calidad industrial del trigo según el uso de las harinas, estando las variedades comerciales tipificadas en tres grupos de calidad. Pero este es un carácter complejo, que no solo está condicionado genéticamente en su manifestación, sino también por factores ambientales como la temperatura y el manejo, especialmente la fertilización nitrogenada.

Para establecer una adecuada densidad de siembra (pl m-2), hay que tener en cuenta que, para un excelente rendimiento, debemos lograr entre 500 – 600 espigas m-2. La cantidad de semillas a sembrar para alcanzar ese objetivo, además del poder germinativo, dependerá de la capacidad de macollaje, la que es dependiente de la variedad y de la fecha de siembra.

Los resultados obtenidos muestran que en fechas de siembra tempranas, de mayo hasta mediados de junio, se pueden obtener de 3 a 2,5 macollos fértiles por planta; en siembras intermedias, de junio hasta mediados de julio, entre 2 y 1,3; y desde fines de julio a agosto, de 1,2 a 1 macollos fértiles por planta.

Por otro lado, es determinante la cantidad de agua que se puede almacenar en el suelo para cubrir los déficits hídricos, muy comunes en la zona a principios de la primavera, cuando el cultivo comienza a incrementar el consumo de agua.

Un suelo Argiudol típico serie Maciel, hasta los 2 m de profundidad, puede contener entre 280 a 300 mm de agua útil o disponible. Un consumo de agua frecuente en los cultivos de trigo del sur de Santa Fe varía entre 320 a 350 mm desde la siembra a madurez fisiológica (MF). Por ello, es necesario determinar la lámina de agua disponible en el perfil del suelo, focalizando esta determinación en los primeros 40 cm de profundidad donde se desarrollan el 75% de las raíces. Conociendo la disponibilidad de agua, se puede estimar el rendimiento posible de alcanzar y con ello, definir con más precisión algunas de las tecnologías a aplicar, en especial la fertilización.

La importancia de la fertilización

Los sistemas de producción de trigos eficientes y efectivos requieren de una nutrición balanceada para maximizar la eficiencia del uso de los recursos e insumos. La aplicación de nutrientes (dosis, fuentes y momento) se debe realizar en función del análisis químico del suelo. Principalmente debemos tener en cuenta: % M.O.; NO3 (mg kg-1); SO4 (mg kg-1); P (mg kg-1); pH y relación C/N.

La fertilización es una práctica de manejo que incrementa los rendimientos de trigo entre el 10 y 30% respecto a los cultivos sin fertilizar.

En estrategias de manejo de alta producción, un nutriente que no debe faltar es el Zn, ya que es escaso en el 70% de los suelos de la región triguera. En el sur de Santa Fe la aplicación foliar con Zn a macollaje, incrementó el rendimiento entre el 10 y 17% respecto al tratamiento con NPS.

Es conocida la correlación negativa entre el rendimiento y el contenido de proteínas. Sin embargo, hay numerosas evidencias que demuestran que con diferentes estrategias de manejo de la fertilización nitrogenada (dosis y momentos de aplicación) según condición ambiental y cultivar, se puede aumentar simultáneamente ambas variables.

En este sentido, diversos experimentos demostraron que en una baja disponibilidad de N en el suelo, el agregado de este nutriente incrementa el rendimiento, pero disminuye, o no afecta, los porcentajes de proteína en grano. Con disponibilidades medias de N, aumentan simultáneamente los rendimientos y proteínas, y con alta disponibilidad de N se registraron aumentos en la concentración de proteínas.

Se determinó que la concentración de N en la hoja bandera en DC 65 (comienzo de antesis) es un buen indicador del contenido proteico de los granos. De esta manera, el “medidor de clorofila” surge como una alternativa práctica no destructiva para la determinación rápida y sencilla del Índice de Verdor (IV), que relaciona el contenido de clorofila y de N en la hoja bandera (R2= 0,7 – 0,8). Este indicador permite estimar por anticipado los contenidos de proteína de los granos y así identificar situaciones de deficiencia de N y corregirlas con fertilizaciones orientadas a mejorar la calidad del grano.

Sanidad del trigo

Otro aspecto para tener en cuenta es la sanidad. Las enfermedades foliares (royas, mancha amarilla y septoriosis de la hoja), cuyos efectos negativos, si bien muestran diferencias muy marcada entre años, son muy importante en la determinación del rendimiento. Se evaluaron pérdidas de hasta un 17% en la biomasa a madurez fisiológica y de un 19% en el peso de la espiga (< nº de granos y < peso de estos).

Para el caso de roya anaranjada (Puccinia triticina) se ha estimado, en el sur de Santa Fe, una tasa promedio de pérdida de rendimiento de 71–78 kg ha-1 día-1desde la aparición de la enfermedad, lo cual indica la conveniencia de un control temprano mediante la aplicación de fungicidas, e implica la necesidad del monitoreo de los lotes para constatar su nivel de incidencia. Asimismo, es muy importante la elección de variedades de mejor comportamiento frente a las enfermedades.

Pese a su aparición esporádica asociada a largos períodos de mojado desde la antesis a grano lechoso–pastoso, la fusariosis de la espiga (FET) es otra enfermedad por considerar. Ocasiona pérdidas de rendimiento de hasta un 50%, sumado a un deterioro en la calidad comercial, panadera e industrial del cultivo. El INTA ha desarrollado un sistema de alarma que opera durante el período susceptible del cultivo a la FET (octubre–noviembre), que permite estimar la incidencia de esta enfermedad en base a las condiciones climáticas a la antesis del trigo que orientan al productor a la definición de estrategias de manejo y a la aplicación de tratamientos preventivos para controlarla.

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