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Maíz: a la caza de hongos y bacterias

• En un encuentro en Rosario, especialistas destacaron el aumento de superficie del cereal y advirtieron sobre técnicas de manejo adecuadas

Sábado 10 de Marzo de 2018

Mientras el cultivo del maíz se encuentra en un momento favorable desde el punto de vista económico y técnico, las enfermedades que lo aquejan se diversifican e intensifican en distintos grados según las regiones, dependiendo de los factores predisponentes y conforme aumenta la superficie cosechada, que desde la campaña 2014/15 se engrosó un 48 por ciento. La adopción de tecnologías para hacer frente al flagelo de hongos y bacterias demanda más investigación y desarrollos, y un detenido análisis lote a lote para determinar el mejor momento de intervenir y lograr una mayor efectividad en el manejo a la hora de usar fitosanitarios.

Según el Departamento de Estimaciones Agrícolas de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, a día de la fecha el avance de siembra se ubica en un 96,7 por ciento de las 5.400.000 hectáreas proyectadas para la campaña 2017/18, la mayor de los últimos 6 años.

"Hoy tenemos un aumento de la superficie, por lo cual un crecimiento en la producción de maíz. Esto trae consigo también una mayor presión de enfermedades. En este último tiempo han aparecido algunas con mayor severidad de ataque. En la región Pampeana se están instalando enfermedades que siempre fueron de climas más tropicales o de países más calurosos como Brasil", señaló ingeniero agrónomo Marcelo Carmona, en el marco del simposisio de enfermedades del maíz organizado por Basf.

El encuentro que convocó en Rosario a especialistas sobre el tema tuvo como objetivo analizar las características del cultivo en los distintos ambientes, teniendo en cuenta la diversidad de climas, materiales genéticos y la presencia de enfermedades de acuerdo a los factores predisponentes. Asimismo se destacó la necesidad de adoptar de nuevas tecnologías que aporten al desarrollo del maíz en las distintas regiones del país.

En ese sentido Carmona observó que la presencia del tizón, mancha blanca y roya polysora es cada vez mayor en los cultivos debido a que el mes de enero se caracterizó por bajas precipitaciones, pero también por una gran diferencia entre la temperatura mínima y la máxima. Esto genera horas de rocío y alta humedad dentro del cultivo, condiciones ambientales excelentes para el desarrollo de enfermedades que pueden llegar a provocar pérdidas de rendimiento de hasta un 50 por ciento.

Sobre la diversidad patogénica, que prolifera estrepitosamente, el especialista ejemplificó con la roya común, de la cual "en 1994 se conocían dos razas. En 2016 ya se habían descubierto 24 y van a aparecer aún más", vaticinó. Para diagnosticar la gravedad de este mal, Carmona consideró fundamental utilizar como criterio la cuantificación del daño contando el número de pústulas por hoja, para realizar la aplicación a tiempo. En ese sentido, indicó que es "clave para el control" el uso de una combinación de triazoles y estrobilurinas.

En cuanto al tizón común, Carmona advirtió que "el monocultivo es una condición predisponente para esta enfermedad, que se da por transmisión sexual y también por semillas". Además, "la cantidad de lluvia es directamente proporcional al tamaño de la lesión", que "es una mancha con forma de cigarro o habano que primero mata y después saca nutrientes", describió. Bajo factores predisponentes, este flagelo "puede llegar a crece hasta tres centímetros por semana", alertó.

Para el manejo del tizón, Carmona recomendó el uso de híbridos resistentes, la rotación de cultivos y acaso el tratamiento de semillas, que se plantea como un interrogante antes que una certeza. Para medir el umbral del daño, es fundamental la aplicación de fungicidas, de lo contrario "la propagación es explosiva".

Recomendaciones similares ofreció para el tratamiento por la llamada mancha gris (cercospora), que puede llegar a ocasionar pérdidas de hasta un 70 por ciento de los cultivos, y para la mancha blanca, de la que perdura la discusión científica sobre si es una bacteria o un hongo.

En conclusión, el especialista planteó que es preciso comprender el funcionamiento fisiológico del maíz y que la variación registrada en la intensidad de sus enfermedades es consecuencia del cambio climático y del sistema de producción. También destacó la necesidad de realizar un monitoreo para determinar los umbrales de daño, y así elegir el momento adecuado de la aplicación de inoculaciones artificiales. Y finalmente, consideró que es fundamental "profundizar la investigación" en este sentido.

Continuando por esta línea, la referente del NOA, la fitopatóloga Cecilia Díaz explicó que el principal problema en el cultivo de maíz es que "el productor no afianza el monitoreo y no sabe cuál es el momento indicado para la aplicación de fungicidas respecto a todas las enfermedades". La especialista presentó un panorama de la provincia de Tucumán y zona de influencia, donde observó que la roya común y la polysora se presenta con mayor prevalencia en siembras tardías. También destacó la presencia de Tizón con afectaciones de hasta un 61 por ciento en Cruz Alta y podredumbres de mazorca, entre otras.

"El corrimiento de las fechas de siembra cambia el espectro de las enfermedades y la efectividad de las aplicaciones va a variar en función de la resistencia del material", planteó Díaz.

Por su aprte, la ingeniera agrónoma entrerriana Norma Formento, destacó que es de suma importancia que el productor realice capacitaciones ya que cada vez hay más enfermedades, y se pueden confundir entre sí. Incluso hay casos en que se presentan más de una raza en una misma hoja.

En el Litoral el tizón es la enfermedad más importante, luego la roya común y la polysora sorprende porque "se ha presentado muy agresiva en híbridos susceptibles. Apareció por primera vez en 2010 y luego en 2014/2015 en maíces de primera. Es la más destructiva", indicó Formento. Y el año pasado emergió en los maíces tardíos la mancha blanca.

"Cada vez se ven más enfermedades muy agresivas que se han adaptado a temperaturas más altas. Hay problemas de concientización y una resistencia a reconocer la relevancia de las enfermedades. Hay escaso monitoreo y poca adopción de tecnología. El panorama es complejo y hay que resolver con eficacia, por ello, debemos seguir estudiando y generando estrategias", concluyó Formento, y valoró la iniciativa de Basf al organizar un simposio. "Es un espacio perfecto para determinar las enfermedades que están afectando las diversas zonas y analizar qué fungicida aplicar teniendo en cuenta el estadío de la planta", destacó.

Para evaluar la situación del maíz en el sur de Santa Fe, la empresa invitó al agroconsultor Juan Dall'Orso, quien observó que la principal enfermedad que aqueja esta región es la roya y luego, el tizón, entre otras ocasionales que pueden llegar a ser contrarrestadas con el tratamiento de las anteriores.

Para el especialista es preciso "elegir el mejor híbrido para el mejor ambiente, lo que a la zona le de resultado" y las aplicaciones se deben realizar "cuando aparece la enfermedad".

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