Agroclave

La tierra, una alternativa de inversión que brinda nuevas oportunidades

La inversión en tierra es una decisión de largo plazo. Los inversores precisan confiar en el futuro del país.

Sábado 01 de Junio de 2019

Durante los últimos años, el mercado inmobiliario rural fue seriamente afectado en su desenvolvimiento por varios motivos: el denominado “cepo cambiario”, la promulgación de la ley de tierras (Ley 26.747) -que limitó las inversiones extranjeras-, el default, la baja en la cotización de la soja, las “retenciones” al campo, la falta de estadísticas veraces, y finalmente la devaluación del peso, pueden ser considerados algunos de esos motivos. Sin ninguna duda que todos estos factores afectaron muy seriamente el normal desenvolvimiento del mercado inmobiliario rural en nuestro país.

Estas y otras causas motivaron que la actividad oscilara entre el 15% y el 30% en promedio, pues ni este gobierno y mucho menos el anterior, encontraron la manera de activar los enormes y especiales factores de la producción (tierra, capital y trabajo), que en su rica historia hicieron grande a nuestra Nación. Solamente,el buen tiempo y la energía de los productores hicieron de este año una gran campaña, algo deslucida por los valores de la soja y la creciente inflación.

La falta de políticas de largo plazo y la ausencia de planes de desarrollo explícitos para la actividad, no hacen más que abonar las dudas de aquellos que buscan salvaguardar su capital en inversiones de largo plazo, y quizás este sea el principal incentivo a la fuga de capitales que buscan estabilidad y seguridad en otros sectores y muchos fuera de la Argentina.

En pocos meses más, se votará nuevamente y los argentinos debemos elegir entre dos modelos antagónicos de país, ambos son conocidos para el hombre de campo y para el inversor. Uno que está más cerca del ajuste que tanto nos afecta, aunque nos da esperanzas de institucionalidad, y otro que ha castigado duramente al hombre de campo y que no valora el esfuerzo y la capacidad instalada que el campo posee, sin tener conciencia de cuan multiplicador es la ganadería y la agricultura para tantos pueblos y ciudades del interior.

La inversión en tierra es una decisión de largo plazo. Los inversores precisan confiar en el futuro del país, requieren políticas claras, sin vaivenes ni improvisaciones, con metas razonables y cumplibles.

Por todo lo expresado, ocurrieron sucesivos ajustes a la baja en los valores de la tierra. En las zonas privilegiadas bajaron menos y en otras bajaron sustancialmente. Y como la historia económica se repite, en algún momento el péndulo se moverá hacia el otro lado, comenzando una nueva carrera que recuperará lo perdido.

Las oportunidades también están presentes y no hay que minimizarlas, las exportaciones de carnes están en aumento y traccionan en los mercados concentradores. La “peste porcina” hizo estragos en Oriente y la carne vacuna, en parte la suplantará.

Durante los últimos meses, el mercado fue un reflejo del riesgo país y de la exagerada caída de valor de los bonos soberanos, pero considerando que en los últimos 40 años el revalúo de la tierra fue de un 5% anual y de un 8% en los últimos 25, será cuestión de tiempo encontrar el rumbo perdido y pensar que la tierra sigue mereciendo ser pensada como una alternativa de inversión, y posicionarse a partir de una casi seguridad que entrar ahora es un buen momento. La tierra “siempre estará en el mismo lugar”.

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