El girasol saca ventaja para la nueva campaña: mejores márgenes y una ventana para asegurar precios

Los precios futuros, las relaciones favorables con varios insumos y los márgenes proyectados mejoran las perspectivas del cultivo. Sin embargo, un escenario de Niño fuerte obliga a ajustar la estrategia de siembra, fertilización y control sanitario

06:15 hs - Sábado 22 de Agosto de 2026

El girasol llega bien posicionado a la campaña 2026/27. Los márgenes proyectados se ubican por encima de otros cultivos de gruesa en los ambientes analizados del sur bonaerense, los precios futuros ya permiten comenzar a construir un valor de venta y la relación entre el grano y varios de sus principales insumos resulta favorable.

Sin embargo, el escenario también plantea desafíos. Según analizó el ingeniero agrónomo Diego Aguilera, asesor del Grupo Crea San Manuel, Tandil y Arroyo de los Huesos y consultor empresarial, las buenas perspectivas económicas deberán complementarse con una planificación ajustada a un posible escenario de Niño fuerte y a suelos que ya parten con buenos niveles de humedad.

En ese contexto, la fecha de siembra, el manejo anticipado de malezas, la estrategia de fertilización y el monitoreo sanitario aparecen como algunas de las decisiones que pueden definir el resultado final.

Los números ayudan a explicar el interés que despierta el girasol para la próxima campaña. En los ambientes de potencial medio de las regiones Mar y Sierras Serrana —que incluye zonas como Tandil, Azul, Olavarría y Balcarce—, Aguilera estimó márgenes de 171 dólares por hectárea para el girasol alto oleico y de 113 dólares por hectárea para el girasol común. El maíz de loma, en tanto, se ubicaría en torno a los 80 dólares por hectárea.

La soja de primera aparece como la contracara de este escenario. En el análisis realizado, arroja un resultado negativo cercano a los 70 dólares por hectárea. Para Aguilera, al cultivo le falta precio y su situación se explica, entre otros factores, por el impacto de los derechos de exportación que todavía pesan sobre el grano.

En los ambientes de mayor potencial, la tendencia se mantiene. El girasol alto oleico vuelve a encabezar los márgenes, con resultados cercanos a los 250 dólares por hectárea. El girasol común y el maíz se aproximan a los 180 dólares por hectárea, favorecidos en este último caso por la mayor capacidad del cereal para transformar un ambiente de alto potencial en más kilos.

El maíz, de hecho, recuperó competitividad a partir de la baja en el precio de la urea y de una mejora en sus cotizaciones disponibles y futuras. La soja mejora sus números en los mejores ambientes y deja atrás los resultados negativos, aunque sigue siendo la alternativa menos favorecida dentro del análisis.

De todos modos, Aguilera advirtió que la decisión no puede tomarse únicamente frente a una planilla de márgenes estáticos y precios proyectados a cosecha. Un aumento significativo de la superficie sembrada con girasol exige respetar criterios agronómicos básicos, como evitar la repetición del cultivo sobre el mismo lote, contemplar los herbicidas residuales utilizados previamente y conocer los antecedentes sanitarios.

La presencia de enfermedades como Sclerotinia, Phomopsis o mildiu debe formar parte de esa evaluación antes de definir la rotación.

Un precio que invita a empezar a vender

Además de los márgenes proyectados, el mercado ofrece otra señal favorable. El girasol ya presenta valores que permiten comenzar a construir un precio promedio de venta.

Para analizar esa oportunidad, Aguilera utiliza el concepto de “precio de dolor con renta objetivo incluida”: el valor que debería alcanzar el grano para cubrir los costos directos, el alquiler y la administración y, además, lograr una rentabilidad objetivo del 10%, manteniendo el rendimiento previsto.

A partir de esa referencia, el girasol, y especialmente el alto oleico, aparece entre los cultivos que ya permiten cerrar negocios con sobreprecios. En los ejemplos analizados, ese diferencial alcanza el 8% en ambientes de potencial medio y llega al 14% en los de alto potencial.

Por eso, la recomendación del asesor es avanzar con ventas de entre el 30% y el 40% de la producción estimada cuando, entre el precio base y la prima, los valores se ubiquen aproximadamente entre los 400 y los 420 dólares por tonelada. A ese valor luego se suma la bonificación por materia grasa.

El análisis del FAS teórico aporta otra señal favorable. El girasol disponible muestra un premio cercano al 11% respecto de ese valor, mientras que en el mercado futuro el diferencial ronda el 5%.

El escenario internacional también suma elementos que sostienen una perspectiva alcista. Entre ellos aparecen la guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto en Medio Oriente y su impacto sobre los biocombustibles, además de la caída de los rendimientos en Europa como consecuencia de la sequía y las altas temperaturas que afectaron buena parte del desarrollo del cultivo.

Sin embargo, Aguilera también puso el foco sobre las variables locales. Argentina proyecta una superficie de siembra de alrededor de 3 millones de hectáreas, muy por encima del promedio de 2,25 millones registrado en las últimas cinco campañas.

Si bien actualmente existen más compradores de girasol que en el pasado, el mercado todavía cuenta con menos participantes que otros cultivos. En ese sentido, una exportación de grano que se mantenga activa podría aportar mayor fluidez.

Frente a ese escenario, y teniendo en cuenta que los valores actuales permiten cerrar un negocio rentable, la estrategia propuesta es comenzar a vender una parte de la producción para ir construyendo un buen precio promedio.

Precio y rendimiento, las variables que más pesan

El análisis de ocho gestiones cerradas dentro de grupos CREA permitió identificar cuáles son las variables que más modifican el resultado económico del cultivo.

La conclusión, según Aguilera, puede resumirse en una fórmula simple: precio y cantidad multiplican, mientras que los costos suman o restan. Por cada variación del 10% en el precio o en el rendimiento, el margen puede modificarse en torno a los 50 dólares por hectárea. En cambio, una variación equivalente en el costo de las semillas, fertilizantes, agroquímicos, labores o flete genera, en general, un impacto de entre 1 y 7 dólares por hectárea.

Esto no implica desatender los costos, sino entender dónde se encuentra la mayor capacidad para modificar el resultado económico. La prioridad, en consecuencia, pasa por maximizar la producción y comercializar el grano de la mejor manera posible.

A eso se suma una relación actualmente favorable entre el precio del girasol y varios de sus principales insumos. Al comparar los valores históricos de los últimos cinco años, Aguilera observó condiciones positivas para semillas, labores, flete y urea. Los fertilizantes fosforados aparecen como la principal excepción.

Un posible Niño obliga a anticiparse

El clima será otro de los grandes factores de la campaña. Bajo un escenario de Niño fuerte, que para las zonas analizadas podría traducirse en precipitaciones superiores a las normales, especialmente entre septiembre y diciembre, el desafío será aprovechar ventanas de siembra que podrían resultar más acotadas.

En la región Mar y Sierras Costera, que comprende zonas como Miramar, Necochea y Mar del Plata, la ventana óptima se ubica en la segunda quincena de octubre. Para Mar y Sierras Serrana, en tanto, el período recomendado se extiende desde fines de octubre hasta la primera quincena de noviembre.

Aguilera señaló que hasta aproximadamente el 25 de noviembre los rendimientos bonificados todavía pueden mantenerse en niveles atractivos. Después de esa fecha, recomendó volver a hacer las cuentas y comparar el potencial del girasol con el de una soja de primera tardía.

La clave será llegar preparados. Lotes correctamente barbechados, maquinaria disponible y una logística resuelta de antemano permitirán ingresar a sembrar apenas las condiciones lo hagan posible.

La misma anticipación será necesaria para el manejo de malezas. Frente a la posibilidad de períodos prolongados de humedad excesiva que impidan entrar a los lotes, la recomendación es asegurar los tratamientos preemergentes e, incluso, evaluar en cada caso la posibilidad de realizarlos pocos días antes de la siembra.

Un escenario de mayores lluvias puede traer oportunidades, pero también nuevos desafíos. Por un lado, puede mejorar la recarga hídrica y elevar las expectativas de rendimiento. Por otro, puede incrementar el lavado de nitrógeno y aumentar la presión de enfermedades.

En ese contexto, Aguilera propone pensar en aplicaciones de entre 100 y 140 kilos por hectárea de urea común al 46%, de acuerdo con el potencial productivo de cada lote y el nivel de nitrógeno disponible en el suelo. La aplicación debería realizarse entre el nacimiento del cultivo y los primeros pares de hojas desarrolladas.

La actual relación entre el precio del girasol y el valor de la urea respalda económicamente esa decisión, aunque el manejo tiene un límite. La creciente presencia de Phomopsis en los últimos años llevó a moderar los modelos de fertilización nitrogenada.

Un exceso de nitrógeno puede favorecer el desarrollo de canopeos demasiado cerrados y generar condiciones propicias para la aparición de enfermedades.

La mayor humedad también puede elevar la presión sanitaria. Para enfermedades como Phomopsis o Verticillium, la estrategia pasa principalmente por una adecuada elección genética y una correcta rotación. En cambio, problemas como Alternaria, Septoria y Phoma pueden requerir aplicaciones de fungicidas.

Para definir cuándo una intervención está justificada, Aguilera explicó que se puede trabajar con un sistema de puntuación que integre variables como la fecha de siembra, la densidad, el nivel de nitrógeno, la incidencia de enfermedades, el potencial de rendimiento y las lluvias previstas.

Con ese criterio, la próxima campaña podría terminar con una proporción de lotes tratados con fungicidas superior a la habitual.

El girasol llega así a la campaña 2026/27 con varios argumentos a favor. Los márgenes proyectados, los precios y las relaciones entre el cultivo y sus principales insumos lo posicionan como una de las alternativas más competitivas en los ambientes analizados. Pero, como plantea Aguilera, transformar esa oportunidad en un buen resultado dependerá tanto del manejo agronómico como de las decisiones comerciales. La palabra que resume la estrategia, en definitiva, es anticiparse.