Aapresid: el suelo abunda y el futuro se juega en la sustentabilidad

En el último siglo, los cambios se lograron con ciencia, tecnología y manejo agropecuario. De acá en más, la sostenibilidad ambiental y del suelo será la línea madre para determinar si el desarrollo continúa

06:00 hs - Sábado 08 de Agosto de 2026

Si uno hace un recorrido por los últimos cien años del campo, los registros indican que la producción y el consumo pasaron de 1000 a 3300 millones de toneladas de granos en las últimas seis décadas. El 80% de esa suba llegó por productividad y valor agregado, y apenas un 20% por expansión del territorio agrícola del mundo.

Todo estuvo apuntalado por ciencia y tecnología, pero sin escuchar demasiado los reclamos del suelo, que se hicieron más fuertes en los últimos 30 años.

El primer grito lo tomó el modelo productivo basado en la siembra directa, que se inició en Estados Unidos en la década del 70 y se perfeccionó en Argentina a mediados de los 90.

Todavía algunos recuerdan las tribunas que la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) montaba en sus campos demostrativos, o las jornadas "Un Productor en Acción", para admirar la pampa húmeda y los suelos más productivos del país, donde confluían la vegetación natural, los ecosistemas, la flora, la fauna y los cultivos.

Ahí se indicaba que la prosperidad productiva solo avanzaría si se alteraba lo menos posible ese paisaje. Con el tiempo, el resultado de sembrar y mantener el campo siempre vivo y verde terminó convirtiendo en potencias productivas mundiales a tres naciones de América, entre las que se ubica Argentina.

El pulso del Congreso

Esta semana, en los pasillos del 34º Congreso de Aapresid, se vio a un productor que entiende el concepto pero que, al mismo tiempo, adopta como una esponja y con claridad pragmática las tecnologías eficientes, las que tienen una tasa de retorno que torna consistente el esfuerzo realizado y lo vuelve mayor que la inversión hecha. Ahí hay una traba por resolver o reforzar, y también forma parte de la voz que reclama por la ineficiencia de muchos productos para atenuar la proliferación de malezas, las tolerancias de los insectos y la compactación de los suelos después de tanto tiempo.

Si la condición no se cumple con prevalencia en el tiempo, seguirán apareciendo las flaquezas del sistema, más allá de la necesidad de ampliar la conciencia sobre el uso de los recursos y el suelo, ya que ninguno de los dos es renovable en lapsos cortos.

Hoy, la idea de lograr un campo fértil compromete a varios actores: los que seleccionan semillas para el manejo de la genética, la agricultura digital, la inteligencia artificial, los drones, el manejo de datos en sistemas integrados y las prácticas tradicionales o básicas de cada establecimiento agropecuario.

Para Aapresid, en Argentina el suelo abunda y nos coloca como una de las pocas regiones que aún conservan ese privilegio. El sueño de la institución pasa por un incremento de la agricultura regenerativa en las provincias del país donde todavía no fue posible, y por una Patagonia verde que corone el proyecto y el anhelo de tanto tiempo.

Hay virtudes y errores. Una atención puesta en cambios vinculados a la fertilidad del suelo, la rotación que –por cuestiones económicas- no ha terminado con el monocultivo de soja, y los campos donde solo se prioriza el resultado y el margen anual por encima de un manejo sustentable.

El modelo no se negocia

El modelo de Siembra Directa no se negocia, manifestaron sus expertos, y resaltaron al suelo como el gran capital. “No creemos en la simplificación y los errores que genera volver a las labranzas. A veces, algunas prácticas generan un espejismo que puede dar resultados positivos los primeros meses o en una campaña, pero después termina siendo peor el remedio o la enfermedad”, sentenció el Ing. Tomás Oesterheld, vicepresidente de la asociación.

Al cierre, hizo un llamado a los productores y técnicos que no conocieron lo malo de las labranzas hace 30 años y el daño que se podría generar con su uso, aunque sea ocasional.

Acompañando los reclamos del suelo, hablaron de actuar para que cualquier nueva tecnología esté siempre encuadrada dentro de los parámetros que impone la sustentabilidad de lo que se haga y el límite de los recursos.