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Abandonaron la batalla jurídica para intentar salvar a su hijo de once meses

Charlie tiene una enfermedad incurable. No lograron que la Justicia les autorizara un tratamiento experimental.

Lunes 24 de Julio de 2017

Lucharon cinco largos meses pero al final perdieron la batalla: hoy los padres del bebé Charlie Gard se resignaron y abandonaron la batalla jurídica que estaban dando para intentar salvar a su hijo de once meses.
Entre sollozos, la madre del bebé enfermo de un mal que los médicos declararon como incurable, expresaba toda su tristeza y desolación: "Sólo queríamos darle una oportunidad para que viviera. Nos da tanta pena no haberte podido salvar".
Era el final de cinco meses de batalla legal, buscando que se les autorizara un tratamiento experimental en Estados Unidos que pudiera alargar la vida de su hijo, que los médicos ya habían descartado.
"Nuestro hijo tuvo que estar meses en el hospital sin tratamiento alguno", se quejaba el padre, después de dar a conocer la noticia de que abandonaban la lucha jurídica legal ante el Tribunal Supremo de Reino Unido.
"Les damos las gracias a todos por su decidido apoyo", escribieron en Twitter los padres, Chris Gard y Connie Yates.
Charlie sufre una rara malformación genética llamada síndrome de depleción de ADN mitocondrial, que afecta especialmente al cerebro. El bebé, de once meses, necesita respiración y alimentación asistida para vivir pero los últimos análisis confirman que el cerebro tiene daños irreparables. "Ahora ya es demasiado tarde para tratar a Charlie", se quejaron con amargura los padres.
Algunos de los que apoyaron a los padres de la criatura reaccionaron con indignación, insultando a los miembros del Tribunal y a los médicos que lo trataban. "Qué sinvergüenzas", los espetaron.
A pesar de que los padres se aferraban a un último intento por salvar al bebé con una terapia experimental en Estados Unidos, los médicos en el hospital londinense Great Ormond Street se mostraron a favor de desconectar al bebé para que no sufriera, al considerar su enfermedad irreversible.
El abogado de los padres comparó la controversia con una tragedia griega. El papa Francisco se unió al dolor de los padres y dijo que rezaba por el bebé para encontrar "el consuelo en Dios". El presidente estadounidense, Donald Trump, se unió, por Twitter, escribiendo que haría lo posible en caso de que hubiera una salida para salvarle la vida a Charlie.
El pequeño iba a ser desconectado de los aparatos que lo mantenían con vida a finales de junio, pero por motivos humanitarios se concedió un aplazamiento para que los padres pudieran despedirse de él. A comienzos de julio, el hospital de Londres anunció que el caso volvería a los tribunales para que se analizaran nuevas evidencias.
Recientemente, el hospital Great Ormond Street se había quejado de presiones e incluso amenazas de muerte contra médicos y enfermeras por parte de quienes apoyaban a la familia, y al mismo tiempo señalaban los problemas éticos que surgían del caso.
Según lo médicos, los daños en el cerebro son irreversibles, no tiene funciones normales, no se puede mover, debe ser asistido por aparatos para mantenerlo en vida, es sordo y sufre de ataque epilépticos. Por eso es que los médicos querían concederle una muerte digna, sin prolongar su padecimiento.
La terapia alternativa en la que recaían las ilusiones de los padres, que hasta ahora no se ha probado en un animal o ser humano, solo ofrecía ciertos efectos para prolongar la vida un poco más, con una probabilidad de apenas un 10 por ciento, pero no lo podía salvar, según los expertos de la Columbia University de Nueva York.

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