Hockey

A 20 años de su nacimiento: ¿cuál fue la adversidad por la que surgieron Las Leonas?

Una mala interpretación del reglamento las hizo más fuertes, las unió e hizo aflorar la garra felina. Utilizaron por primera vez la camiseta emblemática, con el dibujo que hoy las distingue, y cinco días después se colgaron la medalla de plata de los Juegos

Martes 29 de Septiembre de 2020

El seleccionado femenino de hockey sobre césped llegó a los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 con todas las intenciones de hacerse protagonista. El 7° puesto de Atlanta '96 tuvo sabor amargo y tras una renovación en el cuerpo técnico y de trabajo, un año después, ya se estaba preparando a pleno para la gran cita en Australia.

Con jugadoras de experiencia, porque siete de ellas habían dicho presente en EEUU, y otras muy jóvenes y debutantes, Argentina tomó parte en el Grupo A. En el debut venció a Corea del Sur 3 a 2, luego a Gran Bretaña por 1 a 0 y cayó, con lógica, ante Australia, mejor equipo del mundo y de la década, por 3 a 1. Y volvieron a perder, esta vez sorpresivamente, ante España por 1 a 0, en el cierre de esa primera fase. El Grupo B tuvo a Holanda, China, Nueva Zelanda, Alemania y Sudáfrica. Y aquí el problema.

De la ronda 1, a la 2, avanzaban los tres mejores de cada zona, por lo que Argentina ingresó segunda, detrás de Australia y anteponiéndose a España. Lo que no sabía el equipo, lo que no leyó en la letra chica, era que el reglamento había cambiado con respecto a los Juegos anteriores. Y que si bien el pasaje a la próxima instancia era similar, esta vez se hacía arrastrando los puntos cosechados ante los otros rivales de grupo que también habían avanzado y enfrentarían a los provenientes de la otra zona. Los dos primeros de esa nueva tabla, irían a la final por el oro.

La desazón, entonces, fue terrible para las chicas argentinas, ya que pasaban con 0 punto, en el fondo de la tabla. Habían caído, justamente, con Australia y España, por lo que de mínima, para aspirar a una definición, debían ganar los tres partidos y esperar una combinación de resultados en los demás encuentros.

Esa noche, la que todos los integrantes de este seleccionado tildan como “mágica”, se reunieron en la casa que habitaban en la Villa Olímpica y decidieron que iban a jugar con el juego de camisetas que tenía estampada una Leona. Inés Arrondo, hoy Secretaria de Deportes de la Nación (primera mujer en ocupar ese cargo), hizo ese primer diseño a pedido de sus compañeras, a sabiendas de sus capacidades con los lápices y el arte. El propio entrenador Sergio Vigil las llevó a estampar unos días antes de que el equipo saliera para Oceanía y la tenían reservadas para un momento especial. Y ese momento especial había llegado, era esta adversidad.

Desde muchos meses antes, la psicóloga del plantel, Nelly Giscafré, venía insistiéndole a Vigil sobre la necesidad de un nombre para el equipo, de algo que las uniera, que les diera otra identidad. Ese equipo, que arañaba los podios pero no terminaba de dar el salto de calidad, necesitaba un nuevo valor de identidad. Así, entre cuerpo técnico y referentes, como la capitana Karina Masotta y la sub Magdalena Aicega, le fueron dando forma a esta idea que terminó de conocerse en Sydney.

El 24 de septiembre, cuando salieron por primera vez a la cancha, ya por la segunda ronda, con la camiseta estampada, algunas jugadoras intentaban taparse la Leona con el pelo, con temor a ser sancionadas, porque en los Juegos Olímpicos no se pueden utilizar asuntos comerciales en las remeras. Claudia Médici, jefa de equipo, lo explicó a las autoridades y todo anduvo bien. Y el primer paso fue dado: 3 a 1 a Holanda. Tremendo.

Luego, las chicas vencieron a China 2 a 1 y desplegaron un vendaval de hockey y goles ante Nueva Zelanda, a la que se impusieron por 7 a 1. Los últimos minutos de ese partido vio cómo muchas de esas jugadoras corrían con lágrimas en los ojos, o se abrazaban desconsoladas en el banco sabiendo que por fin habían hecho posible lo que parecía imposible y que iban a jugar la final de los Juegos Olímpicos.

En la definición, de nuevo Australia y sin objeciones, ganó 3 a 1. Pero aquel podio plateado de Argentina el 29 de septiembre de 2000 representó mucho más. Fue la concreción del nacimiento de un equipo que empatizaba con la gente como ninguno, que sabía sobreponerse a la adversidad sin lugar para especular y encima estaba dotado de una camada excepcional de jugadoras. Fue ese día y desde entonces que Las Leonas son una marca registrada. Un sueño, un legado. La piedra basal de una serie de logros deportivos sin antecedentes.

LEER MÁS: La carta de Bielsa a Las Leonas por los 20 años

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