Miércoles 20 de Julio de 2022
Septiembre de 1955, luego del golpe de Estado que sacó a Perón del poder, cebados por el odio, un grupo de comandos civiles deciden destruir el busto de Evita ubicado en la plaza frente al Concejo Municipal. Atan una cadena al auto y tumban la imagen. Después de escupirla y orinarla, la arrastran por calle Córdoba hasta la Plaza Pringles, donde partidarios de la llamada Revolución Libertadora la destrozan a mazazos. La paradoja es que al mismo tiempo, pero a 800 kilómetros de Rosario, en Tomás Young (Santiago del Estero), Chela Pazos, una maestra rural, junto a su pareja Eduardo, deciden poner a resguardo de las ordas salvajes un busto de Evita. Van a un monte y la entierran. La desentierran a los pocos meses y la trasladan escondida en un tren hasta Añatuya, donde vivía su madre. En 1979, Chela y Eduardo se afincan en Rosario y traen consigo el busto de Evita. Desde 2016 la imagen decora el salón Puerto Argentino del Concejo Municipal. Anverso y reverso de una historia donde la persistencia del amor logró vencer al odio irracional.
¿Por qué decidió Chela donar el busto de Evita y cómo fue a parar al Concejo Municipal? Luego de cumplir los 85 años, Chela piensa que es momento de desprenderse de un símbolo al que cuidó durante 61 años y desea que el busto de la “abanderada de los humildes” tenga un buen destino. Piensa primero que debería estar en una escuela o en un hospital. Entonces decide redactar una especie de testamento de una carilla que tituló “Una historia que es linda de contar”. Comenzó a repartirla por su barrio, Arroyito, y fue entonces que recaló en las manos de Oscar Cánepa, un histórico militante peronista.
“Me la dio el diariero de la esquina, que también es un compañero. En el final de la nota había puesto su número de teléfono. La llamé y fui hasta su casa”, rememora Cánepa a La Capital.
Luego de esa primera visita, Cánepa se contacta con Eduardo Toniolli, quien por ese entonces era concejal por el PJ. Ambos vuelven a la casa de Chela para convencerla de que el busto de Evita tenía que estar en el Palacio Vasallo. “Recuerdo esa charla con la compañera. Cada vez que hablaba de la historia del busto de Evita se largaba a llorar. Fue todo muy emotivo”, dijo el ahora diputado nacional a La Capital.
El trámite parlamentario para colocar el busto de Evita en el Concejo fue rápido y sencillo. La iniciativa que partió de Toniolli, y firmaron todos los concejales peronistas, fue aprobado por unanimidad. Incluso, en la ceremonia que se desarrolló en agosto de 2016, habló la radical Daniela León, por entonces presidenta del Concejo Municipal. También estuvieron varias mujeres que habían participado de la resistencia peronista en Rosario.
Quien quiera oír que oiga
Con apenas 18 años y con el título de maestra en sus manos, Chela Pazos se traslada de Añatuya hasta un paraje santiagueño llamado Tomás Young para quedar al frente de la Escuela Rural Nº484. Corría el año 1951 y la joven docente abraza con fervor la causa peronista. Se instala en un rancho, cerca del monte y de la escuela, junto a su novio Eduardo, un trabajador ferroviario que luego sería su esposo. Al poco tiempo, es nombrada subdelegada censista del Partido Justicialista, convirtiendo su casa en una Unidad Básica.
El 22 de agosto de 1953, un año después de la muerte de la primera dama, la Fundación Evita le envió un busto de mármol de carrara, unos de los tantos que se repartieron por todo el país. Esa imagen de Evita pasó a ser el ornamento principal de su casa, por la que pasaban todos los días los militantes peronistas de ese paraje santiagueño.
El golpe de Estado de 1955 encontró a Chela dando clases en su escuela. El clima era de confusión y temor. Sabía que se avecinaba la saña vengativa. Corrió hasta su casa y escondió el busto de Evita debajo de la cama.
Cuando llegaron los militares y arrasaron con toda la simbología peronista, su “Evita” quedó a salvo de las garras odiosas.
Chela se quedó en Tomás Young a pesar de haber perdido su trabajo por ser “peronista”. Pero había algo que la intranquilizaba. Una amiga suya, casada con un militar, le advierte que escondiera la escultura porque los militares la seguían buscando. Entonces le dice a su pareja que traiga una pala y una carretilla. Se internan en el monte y la entierran.
En una entrevista con el diario El Ciudadano en agosto de 2016 (Chela murió el año pasado), narró qué sintió cuando tuvo que realizar ese acto extremo para preservar la escultura de Eva Duarte: “Me pareció tan fea enterrarla...Le pedí perdón y le dije: «Es para que no te rompan, Evita». La enterramos y la tuve tres meses en el monte”.
Al poco tiempo, Chela siente que, aun en el monte, el busto de Evita seguía corriendo peligro. Decide entonces desenterrarla para buscarle otro destino. Comenzaba otra travesía de su símbolo amado. Esta vez contó con la complicidad de los obreros ferroviarios santiagueños.
Envían la escultura escondida en un tren con destino a Añatuya, donde vía su madre. La propia Chela, en la entrevista, lo cuenta así: “Mi marido pidió un cajón y, como era jefe de estación, le pidió a un compañero que la llevara a la casa de mi madre. Así la salvamos”.
Chela y Eduardo se trasladan a Rosario en 1979 y traen consigo el busto de Evita. La imagen, como en su rancho de Santiago del Estero, vuelve a ser el centro de su casa en zona norte.
Eduardo comenzó a trabajar en la estación Rosario Oeste hasta que se jubiló. Chela fue nombrada directora en una escuela de San Lorenzo y luego pidió el traslado a un establecimiento educativo de barrio Rucci, lugar donde trabajó hasta su retiro.
Luego de escribir la carta-testamento, que llegó las manos de Cánepa y luego a la de Toniolli, a Chela le costó muchísimo desprenderse de esa escultura, que desde agosto de 2016 está colocada en el salón de entrada del Concejo Municipal. “Me dolió tanto, lloré tanto ese día que la vinieron a llevar. Ahora estoy tranquila porque está en un lindo lugar, hay personas que se van a ocupar”, declaró Chela en esa conversación con El Ciudadano.
Fue un acto de amor, desprendimiento y desagravio hacia una figura monumental de la historia argentina.
Nota de la serie: #A70AñosDeLaMuerteDeEvaPerón