Miércoles 26 de Abril de 2023
Un 26 de abril del año 1986, se produjo el mayor accidente nuclear en la historia del mundo, en la ciudad de Chernóbil, situada al norte de Ucrania, la fundición del Reactor 4 de la central atómica sufrió una explosión catastrófica, que arrojó nubes de material radioactivo sobre el área circundante mientras el incendio ardía sin control.
La expansión de gases como yodo -131, cesio –137 y plutonio -239 ocasionaron un desastre ambiental, en amplias áreas geográficas de Europa con alcance al resto del Hemisferio Norte. En la actualidad estas partículas radioactivas siguen desplazándose con el viento y circulando en el agua.
Las medidas de emergencias para mitigar el accidente y las evacuaciones realizadas en núcleos poblacionales, fueron sólo el principio de consecuencias letales sobre el medio ambiente que perdurarían por milenios en tiempo cronológico, como el plutonio con una semivida de 24.000 años, extremadamente radiotóxico cuando se inhala. Las pérdidas humanas y económicas, en países del antiguo bloque del este europeo fueron elevadas, según datos estadísticos registrados por diversos organismos gubernamentales, ya que las fugas de radiación alteraron la calidad de los suelos, cursos de agua, bosques y salud de la población.
Las autoridades ucranianas mantuvieron un registro de sus propios ciudadanos afectados por el accidente de Chernóbil.
En 2015 había 318.988 trabajadores de limpieza ucranianos en la base de datos, aunque según informes de años posteriores, del Centro Nacional de Investigación de Medicina de Radiación en Ucrania, informaron que 651.453 trabajadores de limpieza fueron examinados por exposición a la radiación entre 2003 y 2007.
Según la Organización Mundial de la Salud, enfermedades como cáncer de tiroides, mutaciones, leucemia y depresión han permanecido en el tiempo.
El impacto psicosocial que causó el accidente, en un mayor número de personas, actualmente se refleja en diversas patologías como ansiedad, situaciones de estrés (causa de la evacuación y relocalización) y cambios en los modos de vida de los pobladores.
Pripyat… Una ciudad abandonada
Situada a sólo 3 km de la central termonuclear y dentro de la “Zona de Exclusión” establecida en un radio de 30 km en torno al reactor 4, Pripyat, la antigua urbe soviética, es actualmente una “ciudad fantasma”, inhabitable por su radioactividad para la vida del ser humano, pero transformada en una verdadera “reserva natural” donde diversas especies de flora y fauna, se adaptaron y se reproducen en ecosistemas naturales contaminados.
Asimismo se han observado en plantas y animales, alteraciones en su calidad de vida manifestando presencia de tumores, deformaciones en su genética y deficiencias del sistema inmune, entre otras.
En edificaciones abandonadas por sus pobladores, los sitios de enseñanza y el mismo centro hospitalario al cual arribaron las primeras víctimas del accidente, hoy son recintos de colonias de vegetales, que se desarrollaron en su interior y morada de distintos animales de variado tamaño.
En CHERNÓBIL (centro administrativo de la región que da su nombre) y una de las localidades más importantes actualmente, residen unos 3.000 habitantes. Otras localidades de menor tamaño y pequeños pueblos son verdaderos sitios fantasmas dentro de la zona de exclusión.
A finales del siglo pasado el gobierno ucraniano, permitió las visitas guiadas a CHERNÓBIL, que en sus primeras instancias recibió un número reducido de turistas que accedían a la zona del desastre.
TOURS EN EL ÁREA DE EXCLUSIÓN
En la actualidad grupos de visitantes transitan el sitio del accidente y la ciudad de Pripyat, con guías que los llevan por rutas programadas donde el nivel de radiación está controlado y donde se han llevado a cabo tareas de descontaminación. Este recorrido es vivido como experiencia única y acerca a comprender más a fondo lo peligroso de la radiación.
Observar la ciudad de Pripyat como una ciudad soviética modelo intacta sin más alteración que la causada por el paso del tiempo y tomada por la naturaleza, es uno de los intereses turísticos.
Por último, conocer un mundo devastado a causa de la negligencia humana, que sólo podrá volver a ser habitado por el ser humano dentro de unos 24.000 años, según estimaciones científicas.
Aunque los niveles de radiación en algunas de estas áreas son bajos, el peligro sigue latente para quienes se adentran al lugar en el cual se toman medidas de seguridad en el recorrido, como no salirse de las rutas señaladas y al finalizar el trayecto, se comprueba que cada turista no salga intoxicado, mediante máquinas especiales, sumado a ello el control de los vehículos que los transportan.
Clausura definitiva de CHERNÓBIL…"Vivir bajo la sombra de la radioactividad"
El cierre definitivo de la central fue en el año 2000, trabajando en la planta nuclear en la actualidad grupos de científicos, médicos y expertos en radiación de tiempo parcial y rotativo.
Pero en un área de 4.000 km cuadrados en los territorios de Ucrania y Bielorrusia, viven quienes se negaron abandonar sus tierras definitivamente después de la explosión y regresaron para vivir bajo la sombra de la radioactividad.
Los materiales emitidos a la atmósfera a causa de la explosión, que originaron altos porcentajes de morbidez en humanos y otras formas de vida, tardarán miles de años en desintegrarse completamente.
El conflicto bélico entre Ucrania y Rusia dio origen a nuevas zonas de riesgo para la población ucraniana. La invasión militar rusa el 24 de febrero de 2022, produjo múltiples incendios en la región de la central nuclear de Chernóbil, el elevado índice de contaminación radioactiva en suelos, bosques y praderas, marca a estos incendios como fuentes de radioactividad.
Las secuelas que dejó Chernóbil siguen aumentando con el paso del tiempo, relacionadas y agravadas con factores de índole sociopolíticas y ambientales como el recalentamiento global. Muestra del mismo, las elevadas temperaturas y la gran sequía del año 2002, dieron origen a graves incendios forestales que redistribuyeron y transportaron cesio-237 en extensas áreas de Europa.
Desde el momento de la explosión fatídica de la noche del 26 de abril, condujo a la necesidad de una toma mayor de conciencia política a nivel regional y mundial, sobre los peligros de la utilización de la energía nuclear y nuevos enfoques de desarrollo basados en fuentes alternativas renovables. Entre el 2021 y 2022 citando un informe de la Asociación Mundial de Energía Eólica WWEA se incrementaron las instalaciones de energía eólica a nivel mundial.
Países como China, Estados Unidos, Alemania, India, España como mercado más grande europeo y Brasil como líder sudamericano se destacan en la producción de Gigavatios.
Resaltando la ventaja de la energía nuclear, que puede producir electricidad sin emisiones de CO2 a la atmósfera, frenando el calentamiento global y no estando sujeta al comportamiento del sol o del viento, continúa siendo peligrosa su utilización y un costo elevado el mantenimiento de establecimientos productores de este tipo de energía que requiere un fuerte compromiso de los gobiernos y una amenaza constante al medio ambiente, en especial en zonas densamente pobladas.
Un número menor de países siguen construyendo plantas nucleares, entre ellos China y Rusia, incluso Francia siendo uno de los grandes productores, ha decidido disminuir su capacidad nuclear. El resto del mundo fue adoptando una nueva visión de la peligrosidad de esta fuente con un nuevo modelo de desarrollo basado en energías más seguras.
Han transcurrido 37 años del accidente de Chernóbil y aún queda mucho tiempo para subsanar parte de los daños sufridos por la naturaleza, pero lo más triste es que las pérdidas humanas son irrecuperables.