Miércoles 09 de Septiembre de 2020

La protesta de la policía bonaerense frente a la Quinta de Olivos, donde apostaron 50 patrulleros, hace lindar esta posición desafiante con un acto de sedición. Es un acto de presión impertinente porque los reclamos no son materia de intervención del presidente pero, más que nada, por el intolerable reto a la autoridad. Además con voceros que aspiraban a poner condiciones para el diálogo con el gobierno democrático. Más que un planteo de reclamos un acto inadmisible de chantaje.

Las acciones de la poderosa bonaerense promovieron su contagio en otras fuerzas provinciales. En la policía de Santa Fe apareció un eco muy leve que no tiene ninguna chance de comparación por su magnitud ni por su nivel de desafío. Pero hay algunos puntos de conexión que tienen que ver no con las dimensiones de la protesta sino con otros asuntos que merecen atención. El principal es la imposibilidad de los que reclaman de mostrar representatividad. Al no haber organización gremial los grupos que se manifiestan no hablan más que por si mismos.

Una cosa no menor para provecho de un estado democrático es que una situación de malestar de trabajadores estatales se pueda canalizar en una demanda audible. Los policías son trabajadores estatales y están sometidos a los mismos avatares que otros que también lo son. Pero la condición de fuerza armada de la policía, que es lo que hace distinto a su personal de todos los demás trabajadores, ha revestido siempre los reclamos con un barniz extorsivo. No solamente por estar armados sino también porque dejar caer los brazos implica una amenaza de dejar a la sociedad desguarnecida.

Que exista un canal de diálogo parece bueno porque el malestar que no se expresa nunca se sofoca de manera racional. El asunto es quién de parte de la policía puede resultar representativo cuando no hay agremiación. Esto que sí existe en la mayoría de las policías de Europa lo que le aporta al Estado es la garantía de que las reivindicaciones laborales de un cuerpo importante de empleados de la administración pueda ser orgánico y no faccioso.

Hoy en las diferentes policías de Argentina eso no existe por lo que los reclamos siempre estallan de manera informal e imprevisible para el propio Estado que nunca sabe hasta qué punto las exigencias hacen a las condiciones de trabajo o incuban otra cosa. Más cuando las fuerzas de seguridad fueron el instrumento histórico para desestabilizar gobiernos legítimos o directamente acabar con ellos.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario