Cartas de lectores
Viernes 04 de Noviembre de 2016

Zoológicos, galgos y Garfunkel

La loable actitud de defender de maltratos a los animales lleva a exageraciones, a simplificar las cuestiones como si todo fuera blanco o negro, y a incurrir en errores por desinformación, y en contradicciones lo que encarna el dicho "el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones". Ejemplo, el cierre del zoológico de Buenos Aires, y anteriormente, el de nuestra ciudad. En vez de mejorar y renovar los zoológicos se propugna al revés del Primer Mundo: el cierre indiscriminado de los mismos. Señores, en los buenos zoológicos los animales viven en reproducciones de sus hábitats naturales mejor que en la dura naturaleza ya que los herbívoros no están sometidos al estrés y peligro por el acecho de los depredadores. Estos no están expuestos a pasar hambre por la caza y todos reciben atención sanitaria. Además, los zoológicos realizan investigaciones, previenen la extinción de algunas especies (tigres, rinocerontes y elefantes están seguros en un zoológico a salvo de cazadores furtivos), y fundamentalmente la función recreativa y didáctica de contemplar en la realidad a los animales exóticos que hasta ahora ningún medio audiovisual puede suplir. En Rosario se da la paradoja de que el mismo gobierno que cerró el jardín zoológico está construyendo un costoso acuario que como exhibirá solamente la fauna fluvial no despertará mayor interés. ¿Es repudiable tener en cautiverio animales terrestres pero no a peces? En cuanto a las carreras de galgos, ¿qué pruebas hay que dichos canes son maltratados o dopados?, ¿o son meras sospechas? ¿Qué queda entonces respecto a las carreras de caballos y jineteadas? Los comentarios por el caso Garfunkel muestran la intolerancia, iracundia, ignorancia e hipocresía que abundan en nuestra sociedad. Su actividad cinegética, guste o no, fue legal. Con los ingresos que obtienen por safaris controlados algunos países obtienen fondos para financiar la lucha contra la caza furtiva, que es mucho más depredadora que la regulada. Pregunto si los energúmenos que despellejaron a Garfunkel y a Vannucci se conmueven por los chicos que matan pajaritos con gomeras, por los sufrimientos que ocasiona a los peces la pesca deportiva porque son lastimados por los anzuelos, padecen el estrés de ser pescados y luego izados para morir asfixiados o por un palazo. O el padecimiento de los vacunos que son transportados para su faena centenares de kilómetros en camiones jaulas apiñados, al sol, sin agua ni forraje. Y la matanza de la fauna silvestre por la aplicación de herbicidas y reducción de su hábitat natural. Entonces, seamos humildes y coherentes, si criticamos, previamente estemos informados y no caigamos en desmesuras o contradicciones.

Raúl Miguel Ghione


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