Edición Impresa
Viernes 13 de Abril de 2012

"Yo sólo necesito tiempo, soy un joven con síndrome de Down"

Federico trabaja como administrativo en el Concejo. Una experiencia de inclusión laboral

“A veces no me salen las palabras, por eso yo sólo necesito que me den tiempo, que me comprendan, porque soy un joven con síndrome de Down”. El que habla es Federico Diaco, de 27 años, quien trabaja en el Concejo Municipal como asistente administrativo. La inclusión laboral de Federico no es casual, hay leyes que apuntalan este derecho, pero también ONGs que trabajan para hacerlos valer. En este caso, la intermediaria es la Asociación Padres por la Igualdad Rosario (Applir).

“Reparto los diarios en cada oficina, trabajo en la mesa de entradas y en el programa de reciclado de papeles (Separe)”, resume Federico sobre las actividades que más le gusta hacer en el Concejo.

Habla con cariño de sus compañeros de trabajo, y dice que lo mejor es que ha hecho “buenos amigos”. Por eso se anima y los corre a todos de la oficina para posar solo para la foto del diario, sentado en el escritorio de la jefa. Antes había pedido fotografiarse en el mismo recinto donde deliberan los ediles.

La tutora de Federico en el lugar de trabajo es Silvia Fernández León, que le hizo un espacio en su diminuta Oficina del Concejo en los Barrios. Las tareas asignadas al joven son de asistente de la oficina de Mesa de Entradas y Mayordomía.

Emprendimiento. Otros jóvenes que participan de Applir también han encontrado su lugar de trabajo. Uno de ellos es Daniel Hernández, que oficia de asistente de mozo en el bar El Cairo. “Trabajo de 12 a 16 y los viernes también por la noche”, cuenta, y se muestra satisfecho por tener su propio ingreso.

Daniel había integrado antes el servicio de catering “Ni más ni menos”, un emprendimiento de la ONG por el que se forman los jóvenes con diferentes capacidades, trabajan y consiguen ingresos para ellos y para asegurar que todas las actividades que proyectan puedan concretarse.

En ese servicio también ejercen Eugenia Mandolesi, Alberto Ayala y Leo Gigena, que acceden a conversar con  La Capital. También se suma Antonela Cusmai. Todos hablan satisfechos de los talleres anuales que organiza Applir, que van desde teatro y baile hasta tenis adaptado (ver aparte), pero en general acuerdan que tienen “un espacio para encontrarse y hacer amigos”.

“Soy la entrevistadora de Applir”, se presenta Antonela, y explica que lo producido visualmente se utiliza para difusión institucional. Esta tarea es parte de otro emprendimiento de la ONG, la productora de videos “Ni más ni menos”.

María Rosa Julián es la fundadora y presidenta de Applir (inició sus actividades en 2008). Afirma que “no sólo se busca la inclusión laboral de los chicos sino también que se incluyan en actividades culturales”. La ONG es una asociación sin fines de lucro y se sostiene con una cuota mínima mensual de 30 pesos, más lo que recaudan con las actividades que realizan. Los talleres no son gratuitos, pero cobran un monto accesible. “Si hay un taller con cinco chicos y ellos están bien lo dejamos, esto no es un negocio. Tenemos jóvenes cuyos papás se quedaron sin trabajo y siguen igual”, aclara María Rosa.

Según agrega, las actividades de Applir no compiten con la escuela. Por el contrario, los adolescentes y jóvenes que llegan a la asociación “están o han estado escolarizados en escuelas especiales o comunes. Aquí está abierto para todos”.

Tal como describe María Rosa, Applir surge de la necesidad de un grupo de madres y padres por ofrecerles un mejor lugar a sus hijos. Por eso lo que predomina en estas actividades es la voluntad, de hecho los asistentes de los talleres trabajan voluntariamente. “Pusimos un cartel en la Facultad de Psicología para ver si alguien se quería sumar, y vinieron muchos jóvenes a ofrecer su tiempo”, cuenta la mamá.

Las actividades de esta asociación se resumen en dos ejes: el de las capacitaciones y el de los talleres. En el primero, la presidenta de Applir describe que cuentan con el apoyo de la Universidad Nacional de Rosario para la capacitación administrativa de los jóvenes. Además, que este año se sumó la Universidad Abierta Interamericana (UAI), que facilitará sus aulas y asistencia de profesores, para que los chicos aprendan computación.

Menciona una buena cantidad de empresas e instituciones privadas que les dan “un apoyo más que importante” en la preparación de los jóvenes y en el tránsito a la capacitación laboral. Entre ellas la Escuela Hotelera y Gastronómica de 1º de Mayo al 1600, la Distribuidora Arcor de la zona sur y la Perfumería Juleriaque.

Los inicios. El lugar de reunión de esta asociación y donde funcionan la mayor parte de los talleres es el Club Italiano, de Buenos Aires 1252. “Yo soy la mamá de María Emilia, una joven de 25 años con síndrome de Down”, se presenta al inicio de esta nota María Rosa, y luego se mete de lleno en la historia de la ONG: “Comenzamos asesorándonos cómo hacer una ONG, en 2008 logramos la personería jurídica (204/08), realizamos difusión en escuelas especiales, radio, televisión, apelando a contactos y con dinero nuestro, con sacrificio, ya que somos simples amas de casa o trabajadoras. El 15 de abril de 2008 abrimos las puertas a la sociedad en el Club Italiano, que con muy buena voluntad y cobrándonos un alquiler bajo, nos dio la posibilidad; comenzamos con 30 jóvenes y en nuestro 4º año dimos fin al ciclo 2011 con casi 100 jóvenes, desde los 14 años y sin límite de edad”.

Y al final la mamá de María Emilia amplía el porqué del nombre de la asociación: “Sabemos que la diferencia existe, pero cuando están capacitados debería existir la oportunidad. En el caso de mi hija, trabajar y cobrar un dinero le dio la dignidad que todos nos merecemos para vivir, comenzó a hacer proyectos de vida que jamás antes lo había hecho ¿Por qué entonces cuesta tanto entender que son personas que sienten, se enamoran y sufren como cualquiera?”.

Applir funciona en Buenos Aires 1252. Para comunicarse llamar al 4646045, email: info@apllir.org.ar o bien en el sitio www.applir.org.ar

Comentarios