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Sábado 16 de Marzo de 2013

"Yo, sí puedo" o cuando se escucha la voz de los alfabetizados

Por Coco López / Las experiencias cubanas y venezolanas que enseñaron masivamente a leer y a escribir a miles de ciudadanos

El fallecimiento de Hugo Chávez desencadenó un vendaval de opiniones para explicar la demostración masiva de dolor y el compromiso de mantener su legado.

En Miami brindaron por su muerte.

Eduardo Galeano sostiene que la demonización de Chávez tiene entre otros sustentos, la alfabetización de 2 millones de ciudadanos.

¿Cómo explicar este logro? En primer lugar porque hubo una decisión política.

En segundo término, porque se recogieron las mejores tradiciones por una educación popular en toda Latinoamérica.

No es ocioso recordar entre ellas, que en nuestro país, en 1884, se dictó la ley 1420 de educación laica, común, obligatoria y gratuita.

Los venezolanos, junto a la decisión política, lograron su objetivo desplegando la Misión Robinson, llamada así en homenaje al seudónimo que usaba Simón Rodríguez, preceptor del joven Simón Bolívar.

El legado cubano. Las herramientas pedagógicas para alfabetizar a la población mayor de 15 años fueron brindadas, en lo fundamental, por la experiencia cubana. En este marco sobresale el método "Yo, sí puedo", que fue utilizado en la provincia de Santa Fe durante un período y luego desestimado por la ministra de Educación Elida Rasino. Actualmente "Yo, sí puedo" se implementa en las ciudades de Rosario y Pérez.

Fui amigo de Raúl Ferrer Pérez, un maestro rural y poeta popular, que ocupó el cargo de vicecoordinador nacional de la Campaña de Alfabetización de Cuba. Nuestro primer encuentro fue curioso. Raúl, que ocupaba el cargo de consejero cultural de la Embajada de su país en Moscú, me llamó para conversar sobre Alvaro Yunque. En la escuela donde él trabajaba, ubicada en un ingenio azucarero, con sus alumnos interpretaban obras de teatro infantil del escritor argentino.

Fueron horas de charlas interminables sobre Yunque, Gardel, el Che, Fidel, Libertad Lamarque, el tango, el feeling cubano y por supuesto, la campaña de alfabetización y la Revolución Cubana.

La campaña de alfabetización, iniciada en Cuba en 1960, no estuvo exenta de dificultades y provocaciones. Una banda criminal contrarrevolucionaria, que operaba en las Sierras de Escambray, asesinó al maestro Conrado Benítez, un joven de 19 años. En su honor, los alfabetizadores recorrían el país y cantaban un himno a su memoria: "Somos las brigadas Conrado Benítez/ Somos la vanguardia de la Revolución/Con el libro en alto cumplimos una meta/ Llevar a Cuba la alfabetización".

Resultados. El índice de analfabetismo en Cuba que era del 23,6 por ciento en 1960, descendió al 3,95 por ciento en un año. En el censo demográfico del 2000 alcanzó el 0,2 por ciento.

Viajé a Cuba por primera vez en 1985 para participar en un seminario internacional sobre deuda externa. Allí volví a encontrarme con Raúl Ferrer.

Me relató entusiasmado su experiencia como asesor internacional de la Unesco en la Cruzada de Alfabetización en Nicaragua. En la República Popular de Angola fue designado director del Seminario Internacional de Alfabetización y Educación de Adultos.

Era un conversador fenomenal y un gran recitador de sus propios versos. Durante un almuerzo en su casa, me regaló un ejemplar de su libro, "Viajero sin retorno" en el que le dedica un poema a la campaña de alfabetización: "Este derecho es de nosotros/ Los que ayer no sabíamos ni leer ni escribir/ Hay un filo cortando las sombras y las vendas/ y sobre la cartilla se pone Cuba a sonreír".

Me preparó una agenda de visitas. Una tarde llegamos a una fábrica de habanos. Nos reunimos con el grupo de trabajadores que dirigía la empresa. Todos ellos eran analfabetos en 1960. En un momento de la conversación, hice una observación que generó una gran polémica. Se me ocurrió decir, que por lo que había observado en los distintos encuentros, después de Fidel, el hombre más popular de Cuba era Raúl Ferrer.

Mi amigo se enfureció. El directivo que conducía la reunión me dio en parte la razón. En algunos ámbitos, me explicó, por ejemplo en el de obreros analfabetos, que lo veíamos llegar a cualquier hora de la noche y dialogar con nosotros sobre nuestros avances en el aprendizaje de la lectura y escritura, Raúl se convirtió en una figura muy popular y querida.

Memoria. Varias veces, recordamos con Ferrer a los docentes argentinos que participaron de la campaña de alfabetización en Cuba. Surgieron los nombres, entre otros, de Berta Rosenvorzel, Tatiana Viola, José Murillo, Elisa Vigo y Angélica Iglesias.

Raúl falleció en 1993. Cuando leo a Eduardo Galeano, sé que entre esos dos millones de venezolanos alfabetizados, flota el espíritu de aquel maestro rural cubano y de todos los que han luchado, por el elemental derecho de saber leer y escribir.

(*) Periodista / cocol@fibertel.com.ar

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