Policiales
Jueves 30 de Junio de 2016

"Yo no formaba parte de esa supuesta organización", dijo Mariano Salomón

"El gordo" fue acusado de ser parte de la asociación ilícita liderada por los Cantero. El lunes lo apresaron en Buenos Aires y ayer declaró.

"Yo no sentía pertenecer a esa banda. Estaba en un lugar metido donde no sabía qué era. Yo me dediqué toda mi vida a comprar y vender autos", se defendió Mariano "El gordo" Salomón al declarar ayer en los Tribunales de Rosario como miembro de la banda de Los Monos, luego de ser apresado el lunes en el partido de La Matanza después de permanecer tres años prófugo. En una exposición breve admitió conocer a otros acusados de integrar la asociación ilícita, pero consideró que esa organización "no existía" sino que fue una construcción "mediática". Un rato después, su familia denunció amenazas tras encontrar el frente de su casa sembrado de cartuchos rojos calibre 12 milímetros.

Salomón fue conducido a Tribunales sin el estrépito que rodeó hace tres semanas el traslado de Ramón "Monchi Cantero" Machuca, detenido en el barrio porteño de Floresta y sindicado como uno de los jefes de la banda. Sin cortes de calle ni saturación de vigilancia, llegó como un preso más en un utilitario del Servicio Penitenciario a la alcaidía de Moreno y Montevideo. Subió custodiado al segundo piso hasta el juzgado de Instrucción de Alejandra Rodenas, que tramita causas del viejo sistema penal. Entre ellas, la 913/12, conocida como la "megacausa" de Los Monos que inició el juez Juan Carlos Vienna y que tiene casi 40 implicados.

La indagatoria de Salomón duró alrededor de una hora y se desarrolló sin sobresaltos. Fue acusado de integrar una asociación ilícita dedicada a cometer delitos indeterminados, entre ellos la tenencia y portación de armas, homicidios, amenazas y tráfico estupefacientes, además de dos actos de encubrimiento. Le detallaron los nombres de 29 acusados de integrar la banda, entre civiles y policías, entre ellos miembros de la familia Cantero. Si bien se lo presentó como el último prófugo de la banda, el juzgado aclaró ayer que hay otros tres sospechosos con pedido de captura (ver abajo).

"No soy lo que dicen". "Voy a declarar pero no contestar preguntas", arrancó Salomón en presencia de la jueza, el fiscal Gonzalo Fernández Bussy y su defensor, Marcelo Piercecchi. El detenido, de 38 años, rechazó la acusación en pocas palabras. "Niego que esté vinculado a una asociación ilícita ya que, si bien conozco a algunos de los miembros, yo no formaba parte de esa supuesta organización".

Luego formuló un enunciado que sonó ambiguo: "Yo no sentía pertenecer a esa banda". Entonces la jueza le preguntó si a su criterio esa organización existía. Respondió: "Para mí no existía. No sabía que participaba de eso. Según lo mediático es una asociación ilícita. Por los medios uno se enteraba de que estaba metido en algo que no es. Yo no soy lo que dicen".

Antes de cerrar el acto aclaró que quiso presentarse antes pero no lo hizo por miedo, pidió que no lo trasladen a la cárcel de Coronda (donde está Monchi) por razones de seguridad y solicitó permanecer en el penal de Piñero, en "un pabellón de iglesia o de conducta para estar tranquilo". El pedido quedó a consideración de las autoridades penitenciarias.

Además de su pertenencia a la banda, dentro de la misma causa a Salomón le imputaron el delito de encubrimiento agravado. El mismo surge de cuatro charlas (captadas en escuchas telefónicas) que mantuvo con Monchi el viernes 10 de mayo de 2013, entre las 17.41 y las 18.27. En ellas le advierte sobre la ubicación de vehículos y personal de la Policía de Seguridad Aeroportuaria en bulevar Oroño y Lamadrid. En otra conversación del sábado 25 de mayo le avisa que un móvil policial estaba apostado en la estación de servicios de esa esquina.

   Por último Salomón fue imputado de encubrimiento en otro expediente, el que investiga el triple crimen del que fueron víctimas Marcelo Alomar, Nahuel César y Norma César, acribillados a tiros en una venganza equivocada el 28 de mayo de 2013 en la esquina de Francia y Acevedo. Esas ejecuciones fueron en represalia por el crimen de Claudio "Pájaro" Cantero, sindicado como líder de Los Monos, al que mataron el 26 de mayo de 2013 frente al boliche Infinity Night de Villa Gobernador Gálvez.


Escuchas. En esa causa Monchi fue acusado como instigador de los crímenes. Y Salomón, ayer, quedó imputado como encubridor. Se lo reprochan en base a conversaciones que mantuvo con Machuca el día del fatal ataque. "Escuchá, el hermano de Milton César, un mecánico de Gálvez que se llama Alomar, esos dos tosieron", le dice Monchi a Salomón. Luego le da una instrucción para ocultar un vehículo. "Niego el hecho por completo. Me abstengo de seguir declarando", dijo ayer el acusado.

   Cuando terminó de declarar, Salomón fue conducido al tercer piso de Tribunales para la revisión de rutina del médico forense. Luego lo llevaron de regreso a la cárcel de Piñero, mientras el fiscal preparaba el pedido de que permanezca en prisión preventiva.


Pedido de libertad. "El pedido de libertad estoy en condiciones de presentarlo mañana, pero voy a evaluar el momento oportuno", planteó el abogado Marcelo Piercecchi al finalizar la jornada. El letrado considera que el beneficio corresponde porque no se manejan altos montos de pena, ya que la mínima de la asociación ilícita es de 3 años y el encubrimiento prevé un año.

   Con la detención de Salomón también volvió al centro de la escena la figura del juez Vienna, cuya actuación en la causa fue objetada por el abogado: "Aunque los cuestionamientos no prosperaron jurídicamente deberíamos dudar de su imparcialidad", señaló. Unos minutos antes la madre de Salomón, Haydee Cano, había mantenido un intenso cruce de miradas con el magistrado en el hall de calle Moreno. Mientras la mujer lo cuestionaba a viva voz ante un grupo de periodistas, Vienna acertó a pasar caminando hacia la puerta giratoria. "Corrupto", le espetó la mujer. "Jamás dio la cara ni garantías de nada", criticó.

   Piercecchi, en tanto, destacó el trabajo de la Tropa de Operaciones Especiales y al comisario Adrián Forni por el "buen trato" a la familia y cuestionó a la Policía Federal que le impidió entrevistarse con su cliente en Buenos Aires. Luego denunció en el Ministerio Público de la Acusación el sugestivo hallazgo de un reguero de proyectiles frente a la casa de su cliente en el día de su indagatoria.


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