Cartas de lectores
Miércoles 23 de Noviembre de 2016

Yo elijo no ser una víctima más

Querido lector, quisiera que usted se tomara un minuto y pudiera seguir estos pasos que le voy a brindar a continuación.

Querido lector, quisiera que usted se tomara un minuto y pudiera seguir estos pasos que le voy a brindar a continuación. Es un pequeño experimento que quiero hacer con usted. Le prometo que será solamente un minuto. La intención es cambiar, a través de palabras, algo en su ser. Aunque sea algo mínimo. Quiero dejarlo pensando, reflexionando. En donde esté, en el café, en el colectivo, esperando que el doctor lo llame, esperando en alguna parada. No importa la situación, sólo llevará un minuto. Quiero que, sin cerrar los ojos, piense en todas las cosas que hace durante el día. En todos los lugares donde puede llegar a estar. Que piense en esa calle que transita hasta su trabajo, en la panadería de su barrio, a donde suele ir todas las mañanas o las tardes, en el kiosco de la esquina, el almacén de la vuelta de casa. Quiero que se imagine esperando a sus hijos a la salida del colegio. Saludando a sus compañeros de trabajo al final de la jornada. Quiero que piense en las veces que ha regado la vereda, en las oportunidades que se ha quedado charlando con algún que otro vecino en la puerta de casa. Son cosas que generalmente pasan desapercibidas, que hacemos sin pensar o como parte de nuestra rutina. Pasan los días y volvemos a hacer lo mismo. Piense por un instante y saque sus conclusiones. No me puede negar que es algo bello, ¿no? Saludar al vecino que está hace años en el barrio, al almacenero que alguna vez nos ha fiado, caminar a las seis de la tarde con la bolsita con facturas. Piense en esas pequeñas cosas. ¿Alguna vez se puso a pensar que alguien pudiera robarle eso? ¿Quién va a estar interesado en robarme esos pequeños instantes? Dirá usted. Y es una pregunta que me he estado repitiendo desde hace varias semanas. Verá, nadie está interesado en robarnos eso. A nadie más que a nosotros, nos importan esas pequeñas cosas. Lo que no sabemos es que hay personas que no tienen una vida así, personas que viven sumisas ante cosas negativas, que son esclavas de un poder mayor, que los controla y los entrena como soldados para cumplir con sus más crueles objetivos. Hay gente que no sabe lo que es compartir un mate a la vuelta del trabajo, nunca lo hizo y nunca lo hará. Pero quizás sí sepa cómo se siente acabar con la vida de alguien de diferentes formas. Imagine que un día alguien le roba eso que parece tan insignificante, ya no va a poder compartir meriendas, no va a poder saludar a sus compañeros de trabajo, no va a ver más a su vecino. Porque un individuo que no conoce el valor de esas cosas, decide, sin más arrebatárselo. Y no estamos hablando de un asalto o robo cualquiera, hablamos de ser solamente un "daño colateral". Nos transformamos en víctimas de un grupo de "seres" enceguecidos por vicios, por codicia, por perversión. Somos víctimas de alguien que decide cuándo, cómo y dónde llevar a cabo sus negocios, a cuestas de todo. Y es así que nuestra vida cambia por completo, porque sufrimos la transformación sin desearla. Dejamos de ser ciudadanos, trabajadores, para convertirnos en simples víctimas esperando a que nos toque el turno. Entonces, se van nuestros vecinos, nuestros amigos, nuestros maridos y nuestras mujeres, nuestros hijos y nuestros compañeros de trabajo. Y los que quedamos, gritamos y nos unimos a pedir justicia ante un gobierno que tiene tapados los oídos con billetes manchados de droga y sangre inocente. Y así nos van llevando de a uno. ¿Tendremos que resignarnos y contar las horas? Yo no sé. No quiero. No debo. Entonces, aquí está la pregunta que quiero que se haga en estos días. ¿Usted está dispuesto a transformarse en una simple víctima? ¿Se conforma con que sus seres queridos sean un número más en estadísticas sobre las que nadie va a actuar? ¿Usted quiere seguir viviendo así? De la respuesta dependerá su modo de vivir. Yo elijo no ser una víctima más.

Rebeca Verón


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