Escenario
Domingo 03 de Julio de 2016

"Yo elijo caminar por la cornisa", afirma la cantante Liliana Herrero

La intérprete habla de los riesgos de su búsqueda estética. El sábado presenta su disco "Imposible" en plataforma Lavardén.

"Uno habla de lo que le urge y le angustia más", dice Liliana Herrero. Se refiere a temas de su vida íntima, que la atraviesan de cuerpo y alma. Pero ineludiblemente también ese cuerpo y alma está en su propuesta artística. "Yo tengo esperanza, ¿sabés?", lanza La Negra en charla libre. Es que con ella no podría ser de otra manera. Sus palabras se enganchan con una frase propia vinculada con el título del nuevo disco, "Imposible", que presenta el sábado, a las 21, en Plataforma Lavardén, Sarmiento y Mendoza. "Imposible es el abismo de un tiempo de espera donde vibra la esperanza" afirma Herrero. Y con su voz quebrada, lo argumentará cantando.

   —¿Pensás realmente que el imposible es ese tiempo donde vibra la esperanza?

   —Sí, pienso eso, es una palabra muy fuerte y muy poderosa, y la palabra imposible una puede usarla en muchos sentidos, está claro. Puede ser imposible en el sentido de que no lo voy a poder hacer, o de que soy capaz de hacer lo que es imposible, que sería de una omnipotencia escandalosa. Y no, nada de eso, sino que me parece que es ese momento abismal de las personas, otras veces de las personas y el país, y en la historia de los pueblos, que aún en el fondo centellea algo que vibra y nos hace hacer cosas. Nos hace inventar, crear, pensar una memoria, esa era mi idea.

   —En este disco aparece una versión de "Luna tucumana" cantada y tocada de un modo tan original que el oyente descubre una nueva canción.

   —A mí me gustó mucho esa mirada de "Luna tucumana", pero es Yupanqui, y él tiene una obra tan extraordinaria que hay que tomarlo muy en serio. A partir de que uno lo toma muy en serio pueden aparecer ideas. Y lo mismo pasa con "Chacarera de las piedras", que también es Yupanqui, y yo lo quería hacer muuuuy chiquitito, viste. A mí me parece que el gran tema de Yupanqui es el andar.

   —¿Hay otro espacio artístico, del cual formás parte, que abre nuevas ventanas en la música argentina y se corre de lo tradicional?

   —Yo creo que sí, hay evidentemente otra cosa, le agregaría un pensamiento que está insistiendo mucho en mí como pensamiento. Y es que ojalá también que ese modo de mirar las canciones, como en este caso de Yupanqui, estimule a la persona que lo escuche a ir al original. Porque a mí, si vos me decís "«mirá lo que pudiste hacer con La luna tucumana», entiendo que conocés bien la versión original, pero tal vez las nuevas generaciones no. Entonces a mí me estimula mucho tener esa ilusión de que lo que yo hice no es mejor que la versión original. Es al revés, es tan buena la versión de Yupanqui, es tan bueno el tema y tan poderoso que eso permite que uno lo visite infinidad de veces.

   —¿No sentís que te está pasando lo que le pasaba a Mercedes Sosa, que cuando cantaba una canción conocida le daba tanto carácter en la interpretación que pasaba a ser patrimonio de la Negra?

   —Sí, eso me hace un poquito de ruido.

   —¿Por qué?

   —Porque es muy bueno Yupanqui.

   —Sí, pero también es muy bueno Charly García y cuando ella cantaba "Inconsciente colectivo" se le erizaba la piel a todos.

   —De acuerdo, pero yo quisiera que aún cuando lo cantasen como yo lo hice me gustaría que conocieran el original, eso es lo que quiero decir. Porque eso significaría un rescate de una memoria musical, una memoria poética que es fundamental en Argentina. Y no sólo en la Argentina, en todos los pueblos hay piedras preciosas que uno dice «mirá lo que hay en este país, qué músicas y qué poesías». Eso para mí sigue siendo de un valor enorme, porque si nos retiramos de esa memoria me parece que estamos en problemas porque cantaríamos sin suelo, sin geografía, sin territorio, sin las vibraciones de eso, de lo impos..., de la esperanza, digamos (risas).

   —No es la primera vez que visitas autores que son referentes de la música popular, pero siempre lo hacés desde un concepto de ruptura.

   —Mirá, el tema es el andar, el caminar, yo no sé andar de otro modo si no aporto esa memoria. En este caso es folclórica, pero podría no serla, podría aportar otro tipo de memoria de otro género, pero siempre hay un territorio.

   —Pero insisto, vos podrías rescatar la memoria haciéndolo tal cual y nadie te diría nada. Y sin embargo arriesgás y grabás un tema folclórico con contrabajo, guitarra, clarinete y percusión. En "Imposible", por ejemplo, que es una vidala, hasta se respira una base de rock tipo Elvis Presley.

   —Bueno, gracias, en "Imposible" me pasa que los chicos están haciendo una tonalidad en las últimas cuartetas y yo estoy cantando en otra, y eso es extraordinario, ¿no? Pero es que la música es así, a ver, esto está hecho, está cantado, y ¿qué hacemos con esto?

   —Bien, pero vos elegís siempre caminar con la cornisa.

   —Sí, yo elijo caminar por la cornisa. Y podemos concluir que en este caso lo hice en un disco de autores folclóricos, que ninguno de ellos está presente físicamente. Y surgió un disco casi de cámara, porque están los cuatro instrumentos siempre y todos son protagonistas: está la percusión, no batería, es percusión (Mario Gusso); no hay guitarra eléctrica, hay sólo una guitarra de siete cuerdas que toca Pedro Rossi; Martín Pantyner en el clarón, que es el clarinete bajo y Ariel Naón toca el contrabajo. No cambiamos de instrumentación en los diez temas, siempre es la misma, la única variedad es que para hacer "Lavanderas del Río Chico", que es del Cuchi Leguizamón, la llamé a Lilián Saba, que es una música extraordinaria para que hiciera el arreglo y además dirigió la grabación en el estudio.

   —¿No sentís que hay veces que tenés giros goyenecheanos en tu interpretación?

   —Ah, eso no lo sé (risas), no lo pensé, pero es un modo de cantar. De todas maneras, "Maldigo", el disco anterior, fue una cosa, el anterior era otra cosa, este es otra cosa, y tal vez lo que venga, que no lo sé, será otra cosa. A mí también me gusta ir buscando, porque la música es una búsqueda tan deliciosa y tan vivificante, digamos, y renueva tanto los oídos y la vida, que yo difícilmente abandone esa idea.

   —En tu obra siempre hay un mensaje político sin hacer política, es ideológicamente fuerte.

   —La música nunca debe ser literal, me parece. Para eso está la política y hay tribunas políticas, y si uno quiere hacerlo lo puede hacer, pero en otro lugar. En el escenario hay que sostener el arte, eso para mí es claro. De todas maneras hay una intervención desde una idea, yo tengo mis ideas políticas y mis confrontaciones con el actual gobierno, que son públicas, pero eso lo puedo decir, no necesito explicitarlo con la música. Porque la intervención misma que hago en esos temas es tan grande, tan riesgosa y tan abismal que eso produce una transformación auditiva y eso es una acción política.

   —¿Por qué caminos te llevará esta búsqueda estética?

   —Yo creo que hay que andar nomás y ver cómo uno se la va arreglando con lo que va pensando y lo que va encontrando. Uno está andando, con la dificultad, con los obstáculos que existen, con los senderos que aparecen, yo estoy andando. Voy pensando y vagando también, como decía Eduardo Mateo "vagar y pensar", ¿no? Y buscar, buscar eternamente en la música, que siempre me dará una vuelta de tuerca más para seguir pensándola, es tan infinita la música.

   —Mirá si será infinita, que te le animaste a Carlos Gardel en "Tres tangos errantes", junto a Gerardo Gandini, que es un plus de lujo que acompaña "Imposible".

   —Sí, son tres canciones de Gardel que es una especie de yapa: "Volvió una noche", "Soledad" y "Por una cabeza". Gandini hace en este disco lo que hacía siempre, los postangos, y a mí me fue muy difícil cantar. Hasta que dejé de intentar comprender lo que estaba pasando. Y canté.

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