Escenario
Viernes 11 de Noviembre de 2016

"Ya no quiero tocar lo viejo", afirmó el pianista de jazz Francisco Lo Vuolo

Figura de ese género, el joven músico santafesino se presenta con su trío hoy, en la terraza de la Plataforma Lavardén.

El pianista Francisco Lo Vuolo -otrora niño prodigio y desde hace una década presencia valorada en la escena contemporánea del jazz argentino- regresa este viernes a Rosario. Se presentará esta noche, a las 21.30, en la Terraza de la Cúpula de la Plataforma Lavardén (Mendoza y Sarmiento) con la formación que tal vez más ame, el trío, esta vez completado por Jerónimo Carmona en contrabajo y Carto Brandán en batería.

Lo que descenderá desde la cúpula de Sarmiento y Mendoza -una especie de altar del centro viejo de la ciudad- será la interpretación de un jazz tan innovador como tradicional, tan estándar como indefinido, tan libre como ceñido a sus formas más primarias. Quizás sea así porque Lo Vuolo visita, siempre dentro de las fronteras lábiles y permeables del género, todos esos extremos: se apasiona con su ídolo Billy Strayhorn, pero es un extraordinario intérprete de Gershwin o de Cole Porter, a la vez que fanático del trío de Keith Jarrett. Puede moldear como pocos unas clásicas piezas de Roger & Harts, pero las honra a su manera, porque él es un discípulo (infiel, por supuesto) de sus contemporáneos Marc Copland y Fred Hersch, los innovadores pianistas con los que aprendió en sus visitas a Nueva York. "Y además voy a tocar algunas cosas mías en Rosario, pero no sé si llego... las estoy escribiendo, son composiciones nuevas, porque ya no quiero tocar lo viejo", agrega Lo Vuolo.

   Con una técnica refinada y unos afectos masivos hacia el jazz que lo llevan a diseñar, algunas noches, solos memorables, Francisco Lo Vuolo, santafesino, de 34 años, desde muy chiquito comenzó a sorprender a cuanto público lo escuchase: eso ocurre desde que tenía 16, cuando debutó con la Jazz Ensamble de su ciudad natal. Su juventud es portadora entonces de una carrera que ya tiene casi dos décadas, con cinco discos solistas publicados: dos de piano solo, "Kuchicú" (S-Jazz, 2005) e "In Walked Francis" (Rivorerecords, 2014); dos en trío junto a Eloy Michelini en batería y Cristian Bortoli en contrabajo, "Vueltas" (Pai records,2011) y "Segment" (Rivorerecords, 2012), y otro en dúo junto al saxofonista Gustavo Musso, "Back in Town" (Rivorerecords, 2014).

   "Esta de Rosario será la primera fecha en la que vamos a tocar con este trío. Aspiro a que sea una formación más estable, con Carto y con Jerónimo, dos viejos amigos. Tocaremos algunos estándars, algunas cosas más libres, y también composiciones mías. Luego de mi último disco solista toqué con mucha gente y ahora me gustaría encarar esto como mi proyecto", comenta Francis.

   Y es cierto, en los últimos años ha tocado en incontables formaciones pues nadie que lo tenga a mano se priva de invitarlo a su mesa. Pero eso no ocurre sólo con la escena vernácula: en estos tiempos recientes el joven Lo Vuolo también se presentó en escenarios junto a nombres de primera línea del jazz actual: los saxofonistas George Garzone, Perico Sanbeat y Jorge Pardo; los contrabajistas Horacio Fumero y Peter Washington; los trombonistas Conrad Herwig y Andy Hunter; el baterista Billy Drummond, o el clarinetista cubano Paquito D'Rivera, entre otros.

   Saludablemente, el pianista no se conforma con eso. Inquieto, sigue buscando su propia voz dentro del universo del jazz: "Estoy intentando hacer una mezcla de todo lo que sé, de todo lo que soy, y entonces cada tanto escribo algunas cosas. Soy una mezcla de muchas: algunas más modernas, el groove, canciones tradicionales más simples, otras más complejas, y también a veces me viene el rock, porque yo de chico amaba eso, yo vengo del heavy metal y después me quedó el grunge de Seattle". Y apenas acaba de decir eso, expresa estar apasionado con el pianista Craig Taborn y su disco "Avenging Angel": "Es de las mejores cosas que existen, grabó con todo el mundo y cuando vino al Centro Cultural Kirchner toqué de telonero suyo, fue muy importante para mí. Además, fui alumno suyo en Nueva York".

   "Pero no creas que escucho jazz solamente -dispara-, también me gustan las músicas de raíz más negra como el soul, y las cosas de raíz folclórica. Aquí en Argentina por ejemplo soy fanático del Negro Aguirre, uno de los músicos más geniales que haya conocido, es un fuera de serie".

   Francisco Lo Vuolo reparte su tiempo entre Buenos Aires y su Santa Fe natal, y dice que "es difícil vivir del jazz en la Argentina" y que "es imposible" subsistir sólo a partir de las actuaciones. "Yo también soy docente y ahora estoy a la busca de dar clases en alguna institución", señala. Apasionado en esa zona gris en la cual es a la vez docente y eterno alumno, Lo Vuolo trae a su recuerdo la adolescencia santafesina en la cual debutó, cuando todavía era discípulo de la profesora Amalia Pérez, a quien hoy rememora con cariño. Como todo músico grande, Francis no olvida a sus maestros y por eso habla también de Guillermo Romero, y luego, particularmente, de Ernesto Jodos, el que lo guió por los sutiles caminos de la improvisación: "No se trata de enseñar a improvisar sino más bien de guiar. Por eso admiro tanto a Ernesto: él es capaz de guiar por caminos arduos de una manera muy sencilla, tanto a un estudiante avanzado como a alguien que recién se inicia".

   Por momentos Jodos aparece, en su lugar de docente, como una suerte de padre simbólico de una generación nueva de músicos de jazz. No es así. Pero tampoco hay demasiados argumentos para desmentirlo totalmente. Sucede que hace ya varias décadas que el jazz en nuestro país se estudia de manera rigurosa. Y los tres de esta noche -el contrabajista Jerónimo Carmona, el baterista Carto Brandrán y el pianista Francisco Lo Vuolo- son, entre tantos otros, hijos de ese método de estudio, de ese entrenamiento intenso que define, por estos días, el abordaje del género en la Argentina actual.


Gastón Bozzano / ESCENARIO ESPECIAL PARA LA CAPITAL

Comentarios