Clásico rosarino
Lunes 24 de Octubre de 2016

Ya no lo miran de reojo

Osella ganó el partido más importante como técnico de Newell's para meterse de lleno en el afecto del hincha rojinegro.

El hincha leproso puede empezar a memorizar el nombre completo: Diego Mario Francisco Osella. Sí. Porque la victoria de ayer en el Gigante no fue una más en la historia de Newell's. Fue la que cortó una racha adversa que amenazaba con perpetuarse hasta límites insospechados, mucho más después de ese primer tiempo en el que sufrió de lo lindo y de un complemento que se iba con un cero que parecía inmodificable. Pero esto es fútbol, no sabe de merecimientos, gana el que la mete más que el rival y así el club del parque Independencia, de la mano de este técnico al que sólo sostuvo esta comisión que ganó las elecciones a mitad de año, se sacó de encima un lastre tremendo. Y hay que decir que lo ganó con la suya. A eso apostó su equipo: a defender como una roca y a una pelota. Que la haya tenido en el adicional le dio un valor épico, además de dejar sin reacción al rival. Y más allá de las formas puso a esta victoria rojinegra en un pedestal de las que serán recordadas sin dudas y que dejan a aquel zaguero de breve currículum en 1ª merecedor de un marquito.

"Puede ser que me acerque más a la gente", dijo sin falsa humildad este hombre humilde de Acebal, que se abrazó con frenesí a su hermano Javier apenas Vigliano pitó el final, como no dando crédito a que semejante alegría podía llegar en el último suspiro. Y a su favor hay que decir con todas las letras que jamás le esquiva al bulto, que llama a las cosas por su nombre y no se cuelga medallas. Si se juega mal, lo dice así. Si no hay actitud, también. Reconoce que juegan de una manera de local y otra de visitante. En la cancha por otra parte se ve claramente. Mucho más ayer en el Gigante, donde los suyos se pararon siempre más cerca de Pocrnjic que de Sosa. Nada engañoso para lo que el entrenador venía haciendo en este Newell's tan sacapuntos, que lo llevó inclusive hasta pelear el campeonato. Ningún hincha espera hoy una remake de la era dorada de Martino. Sólo que el plantel ofrezca su corazón.

Como lo hizo el propio Osella para agrandar más este aura que supo ganarse, cuando salió a dirigir al equipo hace una semana apenas dos días después de pasar la noche en coronarias por un problema cardíaco. Asumiendo él la responsabilidad, ya que el consejo médico no era el mismo.

El 19 de junio, sobre seis listas que pugnaban por hacerse cargo del club, sólo una postulaba la continuidad de Osella al frente del devaluado equipo rojinegro. Las demás ya habían elegido otros nombres. Y ganó la de Eduardo Bermúdez, el único que lo bancó, el que apostó por su proyecto pese a que la campaña que había realizado hasta ese entonces no era buena ni mucho menos. Por eso, esta victoria también es del presidente rojinegro, que ganó su primer clásico conduciendo al club y es también el padre de la criatura.

Además, Osella se arremangó con la billetera que había disponible, trajo incorporaciones de bajo currículum pero hambre de superación, se ocupó del sostén anímico antes que nada, apostando por conseguir puntos de una manera que no atrapa a los paladares exigentes y encontró una salida a tanta opresión, simbolizada como ninguna en los resultados adversos ante Central. Y ¡ojo! que no perdió ninguno y avisó en el anterior en el Parque, donde sí estuvo más cerca de ganar y también casi lo hace en el final en aquella de Scocco salvada con el alma por Salazar, curiosamente ambos ausentes ayer.

En su primer clásico como entrenador canalla, Eduardo Coudet ganó en el Parque 1 a 0 y aquella vez Ovación escribió que se había recibido de técnico de Central, en su 18º partido al frente sin contar Copa Argentina. Con esa analogía, y aunque no le guste semejante título, debe considerarse que Diego Osella, en su 19º encuentro en el banco, se recibió de técnico de Newell's. Y ya no será mirado tan de reojo.

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