La ciudad
Viernes 16 de Septiembre de 2016

Ya hay una lista de espera de un año para conseguir parquímetros personales

Los relojes permiten zafar de la odisea de conseguir monedas, fichas o tarjetas para pagar el estacionamiento medido.

Conseguir un lugar donde estacionar no es el único problema a sortear para quienes trabajan, necesitan resolver trámites o realizar compras y llegan en auto hasta el área céntrica. Muchas veces, encontrar fichas o tarjetas para abonar el estacionamiento medio resulta tanto o más complicado que hallar espacios libres en la calle. Los quioscos donde se consiguen cospeles raramente están provistos, "las chapitas ya cotizan en bolsa", se quejan los usuarios del sistema. Y para comprar un parquímetro personal, hay que armarse de paciencia: la concesionaria del servicio tiene una lista de espera, abierta hace un año, que ya suma más de mil anotados.

En junio pasado, el Concejo Municipal autorizó la prórroga de la concesión del servicio de estacionamiento en las calles del centro por un año más. La empresa Tránsito Rosario, a cambio, se comprometió a destinar al mejoramiento del sistema 7.200.000 pesos. Por entonces se advirtió que los problemas relacionados con el pago eran la queja más frecuente que los usuarios del estacionamiento medido dejan en la línea 147, de reclamos relacionados con la movilidad.

La directora del Ente de la Movilidad, Mónica Alvarado, presentó el plan de inversión exigido a la concesionaria, donde la compra de cospeles y mejorar el equipamiento informático aparecen como prioridades (ver aparte).

Mientras estas inversiones se concretan, las quejas de los usuarios del sistema se multiplican. "Cuesta mucho conseguir cospeles y la tarjeta de colectivos no se puede usar en todos los sectores", resume Marcos, visitador médico y frecuente usuario del sistema.

Juan Carlos realiza servicio técnico de máquinas fotocopiadoras y gran parte de sus clientes están en el centro de la ciudad. Para pagar el estacionamiento medido, dice, utiliza tres sistemas: cospeles, el prepago a través del celular (Móvil TR) y el parquímetro personal. "Cuando encuentro cospeles compro en cantidad, porque en muchos quioscos no hay. El pago por teléfono funciona bien, pero sólo dos o tres lugares tienen siempre las tarjetas. Y para cargar el parquímetro también hay sólo dos lugares", cuenta.

Ley de Murphy. El estacionamiento medido se extiende en el perímetro comprendido entre las calles Rivadavia, Alvear, Cochabamba, Juan Manuel de Rosas y el río. De acuerdo a las zonas, dejar el auto en la calle cuesta entre $9,60 y $6,20 la hora. Con esos importes, el pago con monedas resulta dificultoso.

Según la información disponible en la página web de la concesionaria, hay 154 parquímetros ubicados en las zonas de estacionamiento medido y 108 puntos de venta de cospeles. Sin embargo, casi como una ley de Murphy: el kiosco más cercano al parquímetro nunca tendrá las fichas plateadas (de cinco pesos) o las doradas (diez pesos).

A los costados de las tiqueteras se encuentra la información de los puestos donde se consiguen cospeles. El parquímetro de Sarmiento y Urquiza, por ejemplo, ofrece tres. El martes de la semana pasada, sin embargo, sólo uno de estos puntos tenía fichas. Cuando los conductores completaban la búsqueda, se habían consumido los diez minutos de gracia que los autos pueden permanecer en la calle sin cargo, de acuerdo a las normas del sistema.

A metros de la tiquetera de San Luis y Oroño, un kiosco exhibe un cartel azul con la inscripción "venta de cospeles". Sin embargo, según señala el empleado del lugar, "hace más o menos un mes" que la concesionaria no entrega las fichas. "Ya hicimos el reclamo, pero siguen sin repartirlas", apunta el muchacho. Más o menos lo mismo explica la encargada de un maxiquiosco de Moreno y San Luis. "La distribución es mala", critica.

Una lista muy larga. Si bien resulta el más económico y sencillo para quienes no estacionan en el centro con frecuencia, los cospeles no son la única forma de pago del estacionamiento medido. Para los usuarios consultados, los parquímetros portátiles también son una buena opción. Los aparatos que se colocan en la luneta del vehículo empezaron a usarse a fines de los 90, desaparecieron después de la convertibilidad y, en 2006, volvieron a relanzarse con aparatos diseñados y producidos en la ciudad.

Sin embargo, actualmente, conseguir los relojitos naranjas no resulta fácil. Ni bien se entra al local de la concesionaria del servicio, en Virasoro al 2000, se desalienta la idea.

"No hay aparatos", señala una de las empleadas de la oficina de recargas. Frente a la insistencia, la única opción que se ofrece es ingresar a una lista de espera "que ya lleva más de un año" y "mil personas" anotadas en ella.

En el único lugar donde se recargan los aparatos, los argumentos son los mismos. "Los relojes son made in Brasil y la concesionaria no los compra", apunta un empleado mientras desestima cualquier posibilidad de encontrar uno usado. "En varios años que trabajo acá, sólo una vez se acercó un hombre a decirme que quería vender uno", recuerda.

Así, estacionar y poder pagar el parking medido hoy en Rosario es toda uno odisea.

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