Ovación
Lunes 04 de Julio de 2016

Ya es la gran pelea del siglo XXI

Hamilton y Rosberg protagonizaron en Austria otro capítulo de autitos chocadores. Sin dudas, el nuevo duelo de la F-1.

Toto Wolff, director deportivo de Mercedes, se agarró la cabeza y debió salir a dar de nuevo explicaciones. Niki Lauda, el tricampeón mundial de F-1 (1975, 77 y 84) y actual asesor de la marca alemana, también. Pero eso quedará para la interna de un equipo que viene dominando obscenamente la máxima categoría del automovilismo en los últimos tres años. Para el público, el que va a las pistas y los millones que lo miran por TV, nada puede pasar mejor que, a falta de competidor externo, los dos pilotos de la escudería se muestren permanentemente los dientes, luchen palmo a palmo en la pista, hasta traspasar los límites de lo permitido con toques incluidos. El espectáculo, agradecido, y seguramente este duelo entre Lewis Hamilton y Nico Rosberg trascenderá la historia como uno de los grandes en los 67 años de Fórmula Uno. Hasta ayer, se venían amenazando y tocando en los comienzos de las carreras, pero ayer en Austria, en el Red Bull Racing, concretaron la frutilla del postre para que la rivalidad, ahora sí, trascienda todas las fronteras. Y esto es, disputar la victoria hasta la última vuelta. Así ganó el bicampeón inglés, hoy segundo en el certamen. Así perdió el alemán, el líder, que venía venciendo y se escapaba en la cima. Para alquilar balcones.

Rosberg con neumáticos superblandos, ya con desgaste acumulado y problemas de freno. Hamilton con blandos, más veloz y con caucho fresco. Así entraron a la última vuelta. Así se disponía Mercedes a celebrar otro 1-2, en la casa del otrora invencible team Red Bull. Así llegaron a la antepenúltima curva, con el inglés acelerando por la parte externa y el alemán tratando de conservar la punta y la cuerda por adentro. Hamilton comenzó a doblar. Rosberg estiró el frenaje. Y el choque fue inevitable.

La siguiente secuencia fue Rosberg aún en punta pero con el alerón delantero torcido y sacando chispas por el roce con el suelo. Y Hamilton volviendo de la vía de escape, ahora sin oposición para superarlo al final de la siguiente curva, la que después de una parabólica llevaba a la recta principal, donde también Max Verstappen y Kimi Raikkonen lo rebasarían.

La última postal fue el abucheo a Hamilton en el podio (como le pasó a su compañero en el primer topetazo entre ambos en el Gran Premio de Bélgica de 2014) en un autódromo con muchos alemanes, la defensa de ambos de sus maniobras, y la interpretación de los comisarios deportivos, que castigaron a Rosberg con 10 segundos, entendiendo que alargó el frenado. Más allá de todo, bienvenido ambos al club de la pelea. El show garantizado, los espectadores de todo el mundo, agradecidos.

Es que lo peor que le podría pasar a la Fórmula 1 es que, en un nuevo período (uno más y van...) de dominio abrumador de un equipo por sobre el resto, sus pilotos no ofrezcan lucha. ¿Qué recuerda más un fans? ¿Las conquistas sin oposición de Michael Schumacher, con un ladero casi siempre dócil como Rubens Barrichello (excepto en Austria 2002, ver aparte) en Ferrari, o la pelea palmo a palmo de Ayrton Senna y Alain Prost con sus McLaren Honda imbatibles a fines de los 80? O del mismo tetracampeón francés, cuando quedó a medio punto de su primer título en 1984, frente al ya veterano, y aún imponente, Niki Lauda con la misma marca y motores Porsche.

Fue más recordada la pelea interna de Sebastian Vettel y Mark Webber en el primer título del alemán y de Red Bull en 2010, que los tres años siguientes cuando claramente el primero fue amo y señor del team de la bebida energética. Y hay que valorar a Hamilton, que nunca la tuvo fácil. Desde que sorprendió al mundo entero en McLaren, en 2007, y doblegó a un consagrado como Fernando Alonso, hasta sus años posteriores con Jenson Button de coequiper o ahora que tiene a un también ambicioso Rosberg en Mercedes. El gran Michael Schumacher, indiscutido sin dudas, no tuvo nunca un compañero que le haga sombra ni en Ferrari, siempre con Barrichello, para cosechar sus 5 títulos, ni en Benetton donde logró los dos primeros con Jos Verstappen, papá de Max, y Johnny Herbert al lado.

Y yendo más a estos pagos, al último argentino que realmente fue protagonista en la Fórmula 1 hay que preguntarse cuál valió más, si el Lole Reutemann que obró claramente como segundo piloto para la consagración de Alan Jones en 1980, en su primer año en Williams, o el que se le rebeló un año después desde el vamos para ir por el título tras el segundo GP, en Brasil, cuando bajo el diluvio desobedeció durante varios giros la orden del equipo de dejarlo pasar al australiano. Como pasó antes en el 79 en el equipo Lotus, cuando le mostró los dientes y fue infinitamente superior a su compañero campeón, el italoamericano Mario Andretti, al menos hasta mitad de año cuando los autos ingleses dejaron de ser competitivos, ante el claro avance del resto.

La Fórmula 1 tuvo varios períodos de más de una temporada con dominio total de un equipo por sobre el resto del parque, tendencia que claramente se acentuó a medida que la tecnología creció y la categoría fue más predecible. McLaren tuvo su período de gloria en los 80 hasta principios de los 90, pero fue en el siglo XXI cuando hubo más equipos con largas etapas sin rivales. Ferrari con Schumacher, Red Bull con Vettel y ahora Mercedes dan cuenta de ello. Por suerte, parece que el sello distintivo de esta tercera seguidilla ofrece el combo de la pelea interna de sus pilotos, parecido al del primer año, el del 2014, y no tanto como en el 2015, cuando Hamilton ganó claramente la disputa con mucha anticipación.

En un año récord de Grandes Premios (21), cuando recién van 9, Hamilton y Rosberg llegaron por primera vez a disputar el triunfo hasta prácticamente la última curva. Con toque incluido, es cierto, con nueva polémica, pero con la segura percepción de que al espectáculo le viene de maravillas una Fórmula 1 que sigue siendo el show tuerca por excelencia y que necesita de duelos como este, que claramente se va convirtiendo sin dudas en la pelea del siglo XXI. w

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