Ovación
Viernes 10 de Junio de 2016

Y un día, en Chicago, Leo fue Jordan

Los diarios principales de la ciudad destacaron a Lionel Messi, quien hoy estaría frente a Panamá. Compararon al crack con el genial basquetbolista de todos los tiempos, héroe de esta ciudad

Era lo único que faltaba para desbordar la capacidad de asombro que tiene el ser humano. Se creyó, quizás inocentemente, que ya se había visto todo o casi todo lo que provoca la presencia de Lionel Messi, sea en Chicago, en Júpiter o en el sitio más recóndito del mundo. Además, muy pocas cosas son capaces de romper con ese molde rocoso y preestablecido de la cultura estadounidense. Es imposible en un país en el que el fútbol (soccer le dicen aquí) pueda jugarle ni un tiempo en igualdad de condiciones a deportes de una dimensión incomparable como son el fútbol americano, el básquetbol o el beísbol. Pero habrá que rendirse a los designios de Leo nomás. Que dicho sea de paso, ayer Martino confirmó que jugará hoy contra Panamá en el Soldier Field de Chicago, aunque luego quedó en duda tras la práctica si será titular o no. Pero el inminente debut del Diez quedó en segundo plano, aunque parezca mentira.

Ahora lo que arrastra toda la atención es lo que provoca este chico nacido en Rosario. Parece que todo lo puede. Ya no hay lugar en el planeta que quiera permanecer indiferente a su talento. Es un todopoderoso capaz de conmover a esta Chicago que ayer ubicó la figura de Leo en el pedestal que sólo ocupaba para la eternidad Michael Jordan.

"Soccer's Jordan", tituló en la tapa del suplemento de deportes Chicago Tribune, uno de los diarios principales. Y acompaña la inscripción con una foto de Messi en la selección. "Messi es el Jordan del fútbol", se lee clarito en inglés. El periódico Sun Times, otro de los más leídos, también comparó a Leo con Michael en la portada: "Like Mike", como Mike, y aclara que los fanáticos en Chicago disfrutan con el juego de Messi, quien para ellos "hace por el fútbol lo que hizo Jordan por el básquetbol".

Hay que estar en Chicago para entender que este tipo de paralelismos sólo pueden establecerse entre deportistas universales. Tocados por la varita mágica. Porque hablar de Jordan en esa ciudad es como trasportarse en un viaje relámpago a junio del 86 y decir Diego Maradona en cualquier recoveco de Argentina. Michael trascendió largamente a un jugador de básquetbol en tiempos de hegemonía de Los Chicago Bulls. Hace décadas que es parte de la cultura de Chicago. La musa inspiradora del mejor jazz y blues que se escuchan en los bares o pubs de esta ciudad.

Para el público de Chicago, Jordan fue el jugador que con una pelota naranja entre sus manos representó como nadie los valores básicos e históricos de básquet: habilidad, impronta, creatividad y, sobre todo, amor por esa camiseta que se puede encontrar en cualquier esquina de la Avenida Michigan, un verdadero paraíso del consumismo.

Por eso causa tanto asombro que Messi se haya filtrado casi sin pedir permiso en la mismísima casa del gran Michael. Es cierto, fue el propio fanático de Los Chicago Bulls el que encumbró a Leo hacia ese lugar, pero igual eso no desactiva el factor sorpresa que causa.

Hasta en una de las notas se habla cómo los jóvenes de Chicago descubrieron al Diez cuando juegan a la Play Station con Barcelona como el equipo preferido. También elogian del rosarino que no necesitó de poses demagógicas ni ser un estratega del arte comunicacional para llegarle al público. Valoran que el magnetismo que les genera sólo descansa en lo que hace adentro de la cancha. Con sus arranques con la pelota en los pies. La velocidad con que lo hace les despierta admiración.

En otro párrafo de los artículos puede apreciarse una pequeña reseña de la vida de Messi, de sus inicios, el paso en Barcelona y la etapa en la selección argentina. Esta nota obliga indefectiblemente a la reiteración. A decir cosas que hasta no hace mucho tiempo también se dijeron. Pero Messi empuja a eso y a muchísimo más. Todavía no debutó en la Copa América Centenario y ya derribó un mito. El de ocupar el lugar, aunque sea por un día, que sólo estaba reservado para Michael Jordan.

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