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Sábado 30 de Junio de 2012

Vuelven los Cafés Científicos: charlas en un bar para compartir el conocimiento

Retoman el miércoles 4. El primer invitado es el doctor en física Roberto Laura. Son organizados por Ciencia y Técnica de la provincia

"Ya no se enciende la Televisión Pública para ver a Sofovich cortando una manzana con una señorita detrás mostrando la cola. Hoy la gente está más entrenada en escuchar temas de ciencia". El que habla es el doctor en física Roberto Laura, el primer invitado a reinaugurar este año los Cafés Científicos que promueve la Secretaría de Estado de Ciencia, Tecnología e Innovación de la provincia. Será el miércoles 4 de julio, a las 19, en el bar La Fabrika (Tucumán 1816). Y es quien define a estos espacios como una oportunidad para desmitificar temas complejos que hacen al conocimiento científico, y sobre todo para "democratizarlo".

Laura es también investigador y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), y un entusiasta docente que acepta el desafío de hablar de cuestiones como "Caos y autoorganización", el tema que llevará a su charla de igual a igual, con un café de por medio y haciendo de esa conversación algo ameno.

Estos Cafés fueron impulsados en la provincia entre 2004 y 2010; en ese entonces el físico era el responsable de su coordinación. Ahora la Secretaría de Ciencia retoma la iniciativa, con el educador como primer invitado en Rosario.

Más difusión. "En 2004 esta actividad era toda una novedad. Hoy hay otra difusión, tenemos ciencia en la televisión, libros, como la colección «Ciencia que ladra» (Siglo XXI editores), donde autores como (Adrián) Paenza han vendido medio millón de ejemplares. Y, además de Canal Encuentro, afortunadamente hay programas de televisión para disfrutar, ya no se enciende la Televisión Pública para ver a Sofovich cortando una manzana con una señorita detrás mostrando la cola. Hoy la gente está más entrenada en escuchar temas de ciencia", resalta.

Pero si en algo contribuye este tipo de experiencias es a "desmitificar" temas complejos relacionados con las ciencias. "A veces —dice— llegan comentarios del tipo «cuánto sabrá este hombre que no le entendí nada» y a lo mejor es un chanta total. El hecho de no entender no significa que el otro sepa, significa que no se entendió. Por eso creo que estos Cafés son una manera de democratizar, horizontalizar, el conocimiento".

¿Y cómo es la cocina de estos Cafés? "Si se hace esta misma idea en el salón de actos de la Facultad de Ingeniería no va nadie, o bien el público que está no necesita que hagas este tipo de difusión. En un bar es otra cosa. La intención es hacer una charla de café con lo que podría ser una conferencia pomposa", explica.

Eso sí, la experiencia le indica que estos encuentros tienen sentido en determinada época del año: "No funcionan en marzo porque la gente está reacomodando recién sus horarios, funcionan desde abril y ya no en noviembre porque la gente ya quiere ir a tomar cerveza y no un café a un lugar cerrado".

Público diverso. Respecto del público que asiste, lo define como "raro, una mezcla, bien diverso". "Cada disertante —detalla— trae a su público, y hay quienes se llegan porque les interesa un tema o les resultan conocidas las personas que los ofrecen. Luego hay un elenco estable de jubilados que reservan mesas y toman apuntes, lo que es maravilloso".

La asistencia de público suele ser tan diversa como las inquietudes que los llevan a participar: "Van porque les interesa el tema, porque se busca tener un panorama de una charla, o detrás de nombres convocantes. La idea es mantener una charla corta, para que luego la gente pregunte, diga lo que le parece, se dé un intercambio, que a veces se logra y otras no".

Repasa que estos espacios están inspirados en los Cafés Científicos que se hacían en Buenos Aires (también en los primeros años de 2000), impulsados por quien era el director del Planetario, Leonardo Moledo. Una síntesis de los debates que se daban se publicaban luego en la sección de ciencia del diario Página 12. Además, también contribuyen de alguna manera a favorecer más vocaciones científicas, "necesarias para un país que quiere crecer".

¿Cómo se logra el interés de un público diverso sin romper la rigurosidad científica de lo que se habla? "Si uno más o menos domina su disciplina y su disciplina no habla de la influencia del pataleo de las hormigas en la formación de las mareas o de la uña blanca en la quinta pata del gato negro, algo se debe poder contar al otro de lo que se está haciendo", responde Laura.

Comunicación. En esa tarea de acercar conocimientos, el profesor de la UNR dice que mucho suma "la habilidad para comunicarse con el otro". Pone como ejemplo una de las charlas realizadas en Rosario, a cargo de dos expertas en didáctica de la matemática: Patricia Sadovsky y Carmen Sessa. "Arrancaron repartiendo a cada uno un papel y asignándoles una consiga. Así fue el comienzo de la charla, con una discusión porque en realidad había varias maneras de abordar el tema propuesto. De ahí en más conversaron para qué puede servir la matemática, que fue desde defender sus ideas en una discusión con argumentos racionales, para comunicarse con el otro, etcétera. Cada disertante tiene su modo de dar la charla, yo no me hubiera animado a eso".

El doctor en física asegura que esta experiencia enriquece su trabajo de investigador: "Retomo lecturas que había hecho hace años; y el esfuerzo de ponerlo en palabras sencillas me significa aprender un montón de cosas. Además porque pienso que soy más o menos un buen docente, y esto me gusta".

Al final, Laura pide hacer una aclaración: "Ideológicamente prefiero no llamar divulgación a la actividad. Porque divulgación sería «bajarlo al vulgo», como poner a alguien arriba y a otro allí abajo atendiendo. Prefiero llamarlo difusión. A eso uno apunta con estas estrategias".

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