Escenario
Domingo 12 de Junio de 2016

"Vivo esta etapa como un regalo", afirma el prestigioso compositor y pianista Aldo Antognazzi

El pianista cuenta cómo el proyecto clementi se convirtió en una serie de cds publicados por la editorial municipal. Lo presentará el domingo.

En los próximos meses, la Editorial Municipal de Rosario publicará cuatro discos con parte de la obra del compositor y pianista italiano Muzio Clementi (1752-1832). Con estos lanzamientos (un CD doble en mayo y otro similar en noviembre), la editorial pública de la ciudad da un paso clave para avanzar en un proyecto que, de continuar y concluir de aquí a dos años, será histórico: terminar la primera edición discográfica, a nivel mundial, que comprenda todas las obras de Muzio Clementi vinculadas con el piano. Y detrás de todo (bien podría decirse delante), está un hijo dilecto de Rosario: el pianista y maestro Aldo Antognazzi. Hace unos cincuenta años, a su regreso de Italia, donde había permanecido como becario entre 1962 y 1963, Antognazzi empezó el Proyecto Clementi, como él lo llama. Desde entonces, y a la par de su tarea como concertista y docente, desplegó durante décadas una labor por sobre todas las cosas consecuente: reunir partituras, músicos, recursos y entusiasmo para grabar todas las obras con piano de Muzio Clementi: piano sólo, obras de cámara, para piano a cuatro manos, dos pianos, obras vocales con piano y el Concierto para Piano y Orquesta.

   El Proyecto Clementi se inició con el sello europeo Harmonia Mundi en 1970, pero aquellas primeras grabaciones de Antognazzi, inexplicablemente, se perdieron. Siguió unos años después con el sello argentino Qualiton (en formato LP), pero también se interrumpió. Retomó en 1990 con otra compañía europea, Aurophon-Casacde, que publicó once volúmenes ya en formato CD, pero el proceso se truncó en 2002. Ahora la Editorial Municipal de Rosario toma la posta con la intención de concluirlo; los discos a publicarse este año corresponden a los volúmenes XII, XIII, XIV y XV. Antognazzi derrocha gratitud hacia su ciudad: "A esta altura de mi carrera profesional, a un paso de cumplir 75 años, es enorme la importancia que reviste para mí volver a Rosario a través de una actividad que tanto ha significado en mi vida. Vivo esta nueva etapa como un regalo que aprecio mucho y que deseo poder retribuir a mi ciudad". El pianista presentará en vivo estos discos el próximo domingo, en el auditorio del Parque España.

   —A los 75 años, ¿cuáles son tus sueños, tus deseos artísticos?

   —Los sueños se fueron modificando con el paso de los años, y considero sano que así sea. No siempre el físico de un instrumentista permite llegar a la vejez en condiciones de continuar tocando. No quisiera no darme cuenta que mi tiempo ya pasó. Últimamente me he presentado muy poco en público, aunque no niego que me gusta sentir que aún puedo hacerlo, pero ya no me atrapa demasiado estudiar para ofrecer un recital más, o repetir un programa en diversas ciudades, como me gustaba en mi juventud y hasta hace unos años. Ahora necesito otro tipo de incentivos para decidirme a tocar en público: hacerlo en Rosario o compartir el escenario con músicos amigos a quienes respeto. Mis deseos artísticos, hoy, se reparten entre mi pasión por la enseñanza, y el empeño por concluir el Proyecto Clementi.

   —¿Qué impacto tuvo y tiene la obra de Clementi en tu historia?

   —Han pasado muchos años, más de cincuenta, desde que Clementi se incorporó a mi vida, casi sin darme cuenta. Mi existencia se modificó durante mi permanencia en Italia, como becario, entre 1962 y 1963: allí conocí algunas de las obras más importantes de Clementi y simplemente quedé más que sorprendido: maravillado. A mi regreso a la Argentina, la idea de grabar su obra completa rozaba mis pensamientos con frecuencia, pero me resultaba abrumadora la enorme cantidad de obras que debería estudiar e imaginaba que a ningún sello discográfico le interesaría propuesta tan "descabellada". A pocos meses de mi regreso, el maestro Tino Rossetti, quien guió mi formación desde los diez años hasta el momento de mi viaje a Italia, invitó a su estudio a un amigo suyo, Bruno Iannice, representante en Argentina del sello internacional Harmonía Mundi, para que me escuchara. Recuerdo que toqué para él varias obras importantes del repertorio pianístico, pero lo que despertó su interés fue escuchar una de las últimas sonatas de Clementi, que yo había estudiado en Italia con Arturo Benedetti Michelangelli y Carlo Vidusso. De él partió la propuesta de grabar la Integral Clementi para el sello Harmonía Mundi.

   —¿Había grabaciones previas, partituras? ¿Las conocías?

   —No existían muchas grabaciones pianísticas de Clementi ni ediciones modernas para un acceso fácil y rápido a las partituras. Yo tenía apenas 22 años y esa propuesta significaba un estímulo tan fuerte a mi carrera que no lo dudé: me embarqué en la tarea de reunirme con las partituras. Desde Rosario, hace cincuenta años, eso resultó una verdadera epopeya. El maestro Vidusso me fue haciendo llegar fotocopias de todo el material que él mismo se encargaba de hacer en el Conservatorio Verdi de Milano, donde enseñaba, y que guardaba en su inmensa partiteca. Virdusso fue un maestro valioso y valoro tanto su generosidad que dedico a él todo este trabajo de investigación, estudio y su difusión de las obras de Clementi.

   —¿Por qué el entusiasmo de dejarlo registrado para las próximas generaciones?

   —El entusiasmo se vincula con varios objetivos del Proyecto. Ubico en primer lugar la pelea que me dispuse dar contra lo que consideré siempre una enorme injusticia de la historia de la música respecto de la trascendencia de la creación musical clementina. Afronté con gran apasionamiento la solución de cada problema que se presentaba, siendo consciente del papel de "justiciero" que debía asumir si pretendía emprender el rescate de un corpus creativo de tal magnitud, al que casi todos los músicos y musicólogos del mundo se refieren, pero al que muy pocos conocen de verdad. Esa idea central se amplió a otro de los objetivos: incentivar el interés entre mis alumnos por tocar las obras de Clementi. Hasta el momento han grabado sonatas de Clementi más de veinticinco alumnos míos, algunos de ellos desarrollan actualmente una carrera internacional importante, como es el caso del rosarino Alexander Panizza.

   —¿Y qué lugar le asignás vos a la obra de Clementi en el universo de la música europea de tradición escrita?

   —El lugar que ocupa la figura de Clementi y su creación -principalmente pianística, ya que lamentablemente él mismo destruyó gran parte de su producción sinfónica- es fundamental si se quiere comprender el período transicional entre lo que se conoce como Clasicismo y el Romanticismo del siglo XIX. Clementi vivió 80 años, entre 1752 y 1832, y como además fue no sólo un precursor del desarrollo de la técnica pianística sino también un adelantado respecto de los cánones expresivos de las dos épocas, pueden escucharse en sus obras resabios de su formación inicial clavecinística y anticipos "románticos" que ayudaron a abrir caminos a los jóvenes compositores pianistas del siglo XIX. Al morir Clementi, músicos como Chopin, Liszt y Schumann ya tenían alrededor de 20 años. No existe otro compositor como Clementi que haya podido desplegar un desarrollo tan enorme a través de sus 50 números de opus, lo que quiere decir más de 150 sonatas.

   —¿Cuánto hay realizado del Proyecto y cuánto falta?

   —Aquel intento de 1970 de realizar la Integral para el sello Harmonía Mundi se fraguó; nunca supe bien por qué, pero todo el material que había grabado, y que alcanzaba como para editar los primeros tres LP de la serie, se perdió. Gran tristeza y frustración, pero la decisión de concretar el Proyecto era más fuerte, así que continué investigando y estudiando más obras con la certeza de que cuando llegara el momento de concretarlo me encontraría mejor preparado. Años más tarde grabé en Buenos Aires un LP con las siete primeras sonatas para el sello Qualiton, pero tampoco fue posible continuarlo. Transcurrieron unos cuantos años en los que toqué en recitales muchísimas sonatas de Clementi, y en 1990 firmé un contrato con el sello alemán Aurophon, por el que le entregué los derechos por diez años para grabar la Integral y para la difusión a nivel mundial. Aurophon-Cascade publicó los primeros once CD, pero a pesar de mis constantes reclamos no cumplía con lo que habíamos pactado: editar cuatro CD por año. Alrededor de 2002 rescindí el contrato y conseguí la restitución total de los derechos, lo que me habilitó a continuar por otro camino.

   —Y ese otro camino no es otro que el de la Editorial de tu ciudad ?

   —El otro camino llegó recién el año pasado, cuando a través de los buenos oficios de un querido alumno rosarino, el pianista Sebastián Mantilleri, me puse en contacto con los responsables de la Editorial Municipal, y comenzamos a hablar sobre la posibilidad de seguir con ellos el Proyecto. A esta altura de mi carrera profesional, a un paso de cumplir los 75 años, es enorme la importancia que reviste volver a Rosario a través de una actividad que tanto ha significado en mi vida. Rosario es la ciudad donde nací, viví una hermosa infancia y adolescencia, enseñé durante muchos años en la Escuela de Música de la UNR, y donde formé mi propia familia y nacieron mis hijas, así que yo vivo esta nueva etapa como un regalo que aprecio mucho y que deseo poder retribuir a mi ciudad.

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