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Sábado 06 de Junio de 2015

Violencia de género: qué hacer desde la escuela

Reflexiones sobre una tarea educativa que comenzó cuando las alumnas preguntaron “si al ponerse de novia el chico ya les podía pegar”.

Desde 2007 que enseño educación sexual dentro del espacio de formación ética y ciudadana, pasaron los más diversos grupos de chicas y chicos con diferentes problemáticas, con diferentes grados de ansiedad y de curiosidad que llevarían en mayor o menor medida a resolver conflictos: conflictos con su cuerpo, con el cuerpo del otro/a, con su identidad, con situaciones de violencia en sus relaciones o en sus futuras relaciones.
  Recuerdo que elaboramos un primer cuadernillo donde los alumnos y las alumnas decidieron llamarlo “Relaciones violentas, violencias en las relaciones”, (nota publicada en La Capital del jueves 12 de junio de 2008, de Silvia Carafa). Aquí el disparador fue que las niñas se preguntaban “si al ponerse de novia o casarse el chico ya les podía pegar”. Estoy convencido, después de escuchar esa frase, que la preocupación y ocupación ha ido creciendo por parte de todo el personal de la institución, por estar atentos a cada grupo que aparece año tras año, a cada momento de violencia general que se vive en el barrio y de qué manera repercute en el alumnado y también en nosotros, por supuesto. Además de tener la capacidad suficiente de ir moldeando nuevas normas de convivencias donde se pueda bajar la intensidad de violencia que traen desde afuera para que a su vez no se potencie dentro de la escuela.

Actividades. Se sucedieron infinidades de actividades de integración con otras áreas de la escuela. Por ejemplo, educación física coordinando con otras materias para el Día del Estudiante o en salidas campamentiles enfocado en la temática; pintadas de murales en las paredes del barrio contra cualquier tipo de violencia; la participación de otras instituciones, como profesionales de los centro de salud, bibliotecas, clubes, etcétera. Pero pareciera que nada alcanza, uno se siente que pasó a ser una mezcla de acompañante juvenil más un psicólogo, más un asistente social, cuando nada de esto ha sido parte de nuestra formación como docente.
  Las cifras de femicidio aumentan cada año en nuestro país, en nuestra provincia; la misoginia se visualiza en las mass media de diversas formas directas o solapadas, la violencia estructural crece con la desigualdad social y recae sobre niñas, niños y adolescentes donde prevalece la ley del más fuerte en una sociedad patriarcal y machista, llegando al sistema escolar con un grado tal de violencia de género que es asombroso; y donde, a veces, parece que todas la herramientas que tenemos como docentes no alcanzan.
  Pienso entonces en esas profesoras que tuve en el postítulo de educación sexual, Hilda Habichayn, Zulma Caballero, la uruguaya Silvana Darré y muchas más donde la fuerza de la lucha por más y más reivindicaciones para poner freno a esta violencia de género, la fuerza de la palabra para concientizar hombres y mujeres a tomar partido, a participar, a movilizarse ante cualquier esbozo de injusticia que recaiga en violencia de género, permitieron que entre a la escuela, al curso y siga inventando nuevas herramientas. Herramientas para poder contener, primero desde la hospitalidad que hoy brinda la escuela, para luego plantear la discusión, el debate, a través del diálogo que debe establecerse para esta ocasión y sacar conclusiones sobre que se pueden cambiar actitudes, normas y valores que están arraigados en esta sociedad androcéntrica.

Marco de género. Pero esta violencia de género no sólo recae sobre la mujer sino sobre todo aquello que se feminice, recayendo también sobre gays, travestis, trans, queer y por supuesto también sobre lesbianas, ya que ven en ellas una “pérdida” del imaginario femenino que se tiene. Todos y todas entran en el marco de género.
  Ahora bien, ¿cómo hacemos para desterrar estos niveles de violencia? ¿Cómo empezamos? Como profesor de historia se hace imprescindible hacer un recorrido histórico de cada acontecimiento a tratar. Por lo tanto reivindicar el rol de la mujer en cualquier acto de construcción de nuestra sociedad, apuntando siempre a hacer ver el grado de responsabilidad que tenía y tiene a la hora de tomar las decisiones. Además, en lo posible dejar de lado la actitud de enfocar los temas de género desde la visión de víctimas y victimarios, para hacer ver dentro de cada aula y fuera de ella también, la visión masculina de la maternidad y la visión femenina de la paternidad, la visión masculina del placer y la visión femenina del placer, de ir buscando puntos de equidad construyendo “nuevas masculinidades”. El cambio aludido no es fácil pero tampoco imposible. En realidad la contienda no es con los hombres sino con el sistema. O sea esa masculinidad hegemónica que tiene que ser reemplazada por una convivencia de seres distintos pero equivalentes.

Gabriel San Sebastián (*) Profesor especialista en educación sexual/Facultad de Psicología (UNR) y docente de la Escuela Secundaria Nº 551 “Sonia beatriz González”

#Ni Una Menos, cuadernillo para el aula

Junto a la convocatoria a la marcha #Ni Una Menos del miércoles pasado, la Ctera y Amsafé provincial, con el apoyo de la Internacional de la Educación y la CTA, presentaron un cuadernillo que acompaña la reflexión y debate en la escuela sobre la problemática de la violencia de género. “El alarmante crecimiento de los casos de femicidio en estos tiempos, reafirma el rol indelegable que debe cumplir el Estado para prevenir, erradicar y sancionar la violencia contra las mujeres”, se señala en el material (se puede descargar desde la página www.amsafe.org.ar)
  En el cuadernillo se recuerda la responsabilidad que tiene la escuela frente a estas situaciones, “dentro de su marco de incumbencia, como lo reflejan algunas normativas respecto del acompañamiento y la denuncia de situaciones de violencia sufridas por los y las estudiantes”. Y se destaca la función preventiva de la educación pública, tanto para denunciar las situaciones que vulneran derechos de los niños, niñas y adolescentes, además de poder prevenirlas. El material se ajusta además a una serie de leyes vigentes que se relacionan con el cuidado y protección de la infancia y la adolescencia, como la Nº 26.150 de educación sexual integral,

 

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