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Domingo 04 de Mayo de 2014

Viejos reclamos y nuevas historias de amor

La agenda informativa no pudo abstraerse estos siete días en Rosario de dos cuestiones que ya son un clásico: el reclamo por seguridad y la falta de controles.

En una semana extra corta, en rigor ya son una costumbre en un país que este año tiene 15 feriados y ocho fines de semana largos, la agenda informativa no pudo abstraerse estos siete días en Rosario de dos cuestiones que ya son un clásico: el reclamo por seguridad y la falta de controles.

   El primero de los temas sigue cosechando proyectos y ordenanzas que apuntan a bajar los índices delictivos. Esta semana, en su afán por lograr que el Concejo le avalara un endeudamiento por once millones de pesos para comprar videocámaras y alarmas comunitarias, el oficialismo tuvo que dar el visto bueno a un sinnúmero de iniciativas que propuso la oposición.

   Así, salieron “como por un tubo” la implementación de mayores controles para dar pelea el lavado de dinero en grandes inversiones y la colocación de cámaras de seguridad en las comisarías para evitar abusos de uniformados, entre otras ordenanzas.

   Sólo así el Ejecutivo logró el okey a su endeudamiento. Claro que será vital que las cámaras funcionen y no estén de adorno, como denunciaron el martes pasado los empleados del Hospital Vilela que se movilizaron tras la agresión que sufrió una enfermera al dejar la guardia a las seis de la mañana. Hace exactamente una semana la profesional fue abordada por dos jóvenes que le propinaron una golpiza, le gatillaron dos veces en la cabeza (por milagro no salió el proyectil) y le robaron el auto. Todo sucedió a metros de una cámara que no funcionaba y que podría haber captado los rostros de los agresores.

   Una vez más los trabajadores de la salud fueron blanco de la delincuencia. Lo mismo había pasado en febrero, cuando los profesionales del dispensario modelo 20 de Junio, en el barrio Tiro Suizo, dejaron de trabajar cansados de la inseguridad.

   Hace unos días, el municipio esgrimió como un logro la reapertura de ese centro de salud. De los 18 profesionales que trabajaban allí sólo quedó uno, el resto son nuevos. Hubo fotos y discursos reivindicativos de los derechos de los vecinos. ¡Qué paradójico es que el Estado exhiba como un logro la reapertura de un dispensario que los violentos obligaron a cerrar! Lo lógico era que la presencia estatal jamás se hubiese alejado de ese barrio.

   El lunes pasado, en tanto, colapsó el techo de un viejo bar en la esquina de Sarmiento y Mendoza. Seis obreros trabajaban en la remodelación del lugar sin elementos de protección. La obra no estaba autorizada por la Municipalidad y obviamente no lucía ningún cartel con los datos del profesional a cargo. La fortuna permitió que el derrumbe no terminara en tragedia. Si en pleno centro de la ciudad se trabaja de este modo, mejor no imaginar cómo será lo que sucede en los barrios más alejados.

   Los controles no existen. Esta semana los colegas de Canal 3 volvieron a poner en evidencia una situación que este diario ya había hecho pública en enero. En plena costa central el gimnasio Planet (Presidente Roca y el río) se adueña del parque público y los juegos infantiles para dictar clases de gimnasia. Es decir, entre enero y ahora nada pasó. Todo parece indicar que en las concesiones de la costa central cada uno hace lo que quiere sin que el Estado reaccione.

   Mientras tanto, la llegada de las fuerzas federales sigue plasmando postales inusuales. Las cámaras inmobiliarias se comprometieron a dar una mano para satisfacer la demanda de alquiler de unos 290 efectivos. Ellos, en tanto, se mimetizan cada vez más con Rosario. Y no les va mal.

El viernes pasado, en un feriado colmado de turistas, un agente de Prefectura se besaba apasionadamente con una señorita en la puerta de un cine céntrico.

Y sí, el amor está en todas partes y el operativo de saturación también tiene estas aristas. Vaya uno a saber cuántas parejas nuevas se formarán por estos días. Amores pos Sergio Berni. Bienvenidos sean.

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