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Martes 19 de Julio de 2011

Viejas mañas, nuevas chapas

Entre la calificación del "mejor servicio del país" que le pone el secretario de Servicios Públicos y las barbaridades que dicen los usuarios cada vez que intentan tomar un taxi cuando llueve o soportan el mal genio del tachero, hay un abismo.

Entre la calificación del "mejor servicio del país" que le pone el secretario de Servicios Públicos y las barbaridades que dicen los usuarios cada vez que intentan tomar un taxi cuando llueve o soportan el mal genio del tachero, hay un abismo. Y muchos taxistas siguen sin entender que están prestando un servicio público.

No es culpa del usuario no tener cambio, vivir lejos o querer ir al microcentro en horario pico. El taxista debe hacer lo que pide el pasajero. Ese es su trabajo.

Hace cuatro años se otorgaron 500 chapas que deben circular las 24 horas. Se supone que quienes resultaron adjudicados deberían tener al menos ganas de trabajar. La semana pasada, uno de esos choferes se enojó con sus pasajeros porque le pidieron que no hablara por celular mientras conducía y los hizo bajar. Parece que los malos hábitos se aprenden rápido. Hace varios años una mujer puso el cuerpo de su recién fallecida mascota dentro de una caja de un televisor. Salió a la puerta de su casa, en San Lorenzo al 1100, y le hizo señas a un taxi. La intención era llevar el perro a un cementerio de mascotas, pero ni bien subió la caja, el tachero puso primera y escapó. Gran sorpresa se habrá llevado.

Es justo señalar que también hay buenas acciones. Y es justo decir también que hay que ponerse en la piel del tachero para ingresar a algunos barrios donde la inseguridad es muy grande. Y ni hablar a la noche.

Allí debe estar el Estado y garantizar la seguridad del taxista. Pero el tachero también tiene que estar. Porque le guste o no está prestando un servicio público, y es función del municipio arbitrar los medios para lograr que eso nunca se le olvide. Sino, las viejas mañas se aprenden rápido.

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